En el último día de 1942, las 1.610 toneladas del destructor HMS Onslow surcaban un mar de aguas tranquilas, dirigiendo la escolta del convoy JW 51 B, compuesto por 21 mercantes cargados con material de guerra para el Ejército soviético en Murmansk. Bajo el mando del contralmirante Robert Burnett, otros dos cruceros, el Sheffield y el Jamaica, estaban a menos de 50 millas al norte del convoy, dirigiéndose hacia el, la mañana del 31 de diciembre.
La visibilidad era bastante buena para las condiciones de un invierno ártico (entre 5 y 6 millas) pero las frecuentes nevadas lo tapaban todo, reduciéndola a cero. La situación de la tripulación de los buques era muy mala: las temperaturas bajo cero convertían las operaciones más sencillas en extremadamente difíciles, el metal congelado de las herramientas podía lacerar la piel de una mano desnuda, los vigías sufrían regularmente de severos congelamientos y cualquier hombre caído al agua se daba por perdido, muerto en minutos por las heladas aguas del océano Ártico. Los mismos destructores estaban afectados por el frío pues éste congelaba la espuma marina salpicada sobre cubierta, haciendo penoso el manejo de los cañones de proa.
Después de más de tres años de constantes operaciones militares, la Royal Navy había desarrollado una fuerza de combate altamente efectiva, con los principales logros a bordo de sus destructores escolta. Aparte del constante peligro de ataque por parte de los U-boot, los comandantes de destructor del convoy tenían que hacer frente a embarcaciones de superficie alemanas. Los británicos se dieron cuenta de que tendrían que lanzar sus navíos de escolta contra cualquier barco enemigo, sin reparar en las pérdidas, a fin de mantener el convoy a salvo. La actuación del Onslow en la batalla del mar de Barents iba a ser un soberbio ejemplo del espíritu de la Royal Navy.
HMS Onslow
Las tripulaciones de los buques de escolta estaban alerta para la acción, pues todo el mundo sabía en el convoy que las poderosas fuerzas de superficie de la marina alemana, amarradas en el norte de Noruega, harían todo lo posible por destruirlo. El almirantazgo había interceptado y descifrado mensajes alemanes, mientras el oficial al mando de la l7. Flotilla de destructores, el capitán Robert Sherbrooke, DSO, RN, recibió el aviso de que esperase un ataque por unidades principales de superficie.
La tensión aumentó cuando a las 08:00 horas del 31 de diciembre, la corbeta Hyderabad, a la derecha del convoy, divisó dos destructores, creyendo que eran rusos procedentes de Murmansk, no informó de ellos y 10 minutos después, el destructor HMS Obdurate los avistó de nuevo, esta vez cruzando la línea de popa del convoy. El oficial al mando transmitió inmediatamente el informe a Sherbrooke y, al confirmarse que eran alemanes, el Onslow se preparó para la acción.
Mientras tres destructores de defensa asumían la formación ensayada, a la popa del Onslow, el quinto destructor, el HMS Achates, desplegó una cortina de humo de protección mediante una mezcla alterada «oil-air» en el hogar de sus calderas, fabricando humo químico sobre su alcázar.
Los vigías en las alas del puente del Onslow no divisaron al enemigo hasta las 09:39, siendo su informe muy alarmante pues la inconfundible torre de control de una gran nave alemana podía verse al este de los dos “misteriosos” destructores. Dos minutos después, el Onslow transmitió el mensaje a Burnett de que una pesada unidad enemiga se estaba enganchando al convoy. Era el Admiral Hipper, junto a 3 grandes destructores de apoyo, y bajo el mando del vicealmirante Kummetz; desconocido por los británicos. Kummetz tenía también a su disposición el acorazado Lützow y otros tres grandes destructores. Su plan consistía en unirse a la escolta del convoy desde el norte y hacerla retroceder hacia los brazos del Lützow, que estaba tomando posición al sur.
Capitan Robert Sherbrooke
Los dos destructores, Onslow y Orwell, no dudaron en abrir fuego contra las 14.000 toneladas del Admiral Hipper, a pesar de que el armamento de aquéllos (cañones de 4,7 y 4 pulg.) se vio superado por los cañones de 8 pulg. del pesado crucero. Sí tenían, sin embargo, torpedos que podían hundir al Admiral Hipper si se acercaba demasiado.
Durante hora y media, los dos destructores participaron en el mortal juego del gato y el ratón, metiéndose y saliendo entre los chubascos de nieve y el humo para esquivar los cañones del Hipper. Sherbrooke no quería dejar sin protección al convoy, por lo que rehusó enviar a los otros dos destructores, el Obdurate y el Orwell. De repente, la buena suerte del Onslow terminó, cuando a las 10:20, tres de los cuatro proyectiles de 8 pulg. lanzados por los alemanes alcanzaron la proa del buque.
Los proyectiles alemanes habían causado terribles daños. Dos derribaron los cañones de 4,7 pulg. A y B, dejando a muchos de los hombres muertos o agonizando, mientras que los trozos y las esquirlas mataron o hirieron a muchos más. También hubo los que destrozaron o inutilizaron equipos de radio y radar o el que mutiló terriblemente al capitán Sherbrooke en la cara. Este seguía consciente a pesar de su herida y, siguiendo la más digna tradición de la Royal Navy, se negó a abandonar el puente de mando, emulando así al almirante Nelson, gloria de la Armada. Los grupos de control de daños fueron enviados para informar sobre su extensión y la visión que se ofrecía bajo la cubierta era espantosa:
piernas arrancadas, seres agonizantes, humo y fuego.
El Onslow se hallaba, pues, en un estado lamentable, con 40 muertos y heridos, los dos cañones de proa destruidos, peligrosamente escorado a estribor y unos agujeros en las salas de máquinas y de calderas. Por suerte aún se podía gobernar y hacer avanzar el barco, que se pudo retirar de la acción, mientras los otros tres distraían al Hipper.
El capitán Sherbrooke continuó permaneciendo en el puente, negándose a que le vendaran la herida hasta que pudiera cerciorarse de que el mando de la flotilla había pasado al teniente David Kinloch del HMS Obedient.
Acorazado Lützow
Sólo entonces el teniente cirujano Holland convenció al capitán Sherbrooke de que bajase para ser asistido.
Entonces, el Hipper y sus tres destructores desaparecieron por el nordeste, con lo que el Onslow pudo respirar aliviado. El almirante Kummetz aun esperaba cerrar su trampa, pues el convoy había hecho exactamente lo que el había pensado, había dado la vuelta desde el lugar del ataque y seguramente caería en manos del Lützow y sus tres destructores acercándose por el sur. Parándose sólo para destruir al dragaminas Branble que erróneamente se había cruzado en el camino de Hipper mientras buscaba dos buques rezagados del convoy, Kummetz intentó seguir su ruta alrededor de los escoltas en dirección al convoy.
El maltrecho Onslow tomó posiciones a la cabeza del convoy, junto al Achates, mientras los otros destructores permanecían detrás, listos para rechazar al Hipper si reaparecía. Sobre las 10:45, la corbeta Rhododendrom, a la derecha, informó de más buques enemigos: el Lützow había hecho contacto en seguida pero, en un momento crucial, su capitán perdió de vista el convoy en un chaparrón de nieve y decidió no arriesgarse a ser torpedeado, prefiriendo, en su lugar, mantener su distancia hasta que el tiempo aclarase.
El respiro fue corto, sin embargo, pues el Hipper entró en acción una vez más, al cabo de unos pocos minutos, dirigiendo su fuego contra el Achates matando a su capitán y a otros miembros de la tripulación con una andanada de proyectiles. El Obedient aparte de algunas bajas por las esquirlas y de la radio inutilizada, pudo librarse de daños más graves. El Obdurant también quedó dañado por la metralla, sin sufrir víctimas. El Achates quedó relegado a un lento zigzag tras el convoy, demasiado lento para unirse al resto de los destructores.
Temiendo la amenaza de los torpedos de los destructores británicos, el Hipper se retiró de nuevo, sólo para caer bajo el rugiente fuego del Sheffield y el Jamaica, de rápida aproximación. Estos hablan localizado al Hipper a las 11,30 y habían abierto fuego con sus cañones de 6 pulg. de 13.500 m de alcance.
El Hipper, horquillado entre cuatro salvas y, por sorpresa, se vio alcanzado, debiendo reducir su velocidad a 27 nudos.
Artilleros navales
Dibujó un círculo y puso proa sudeste, buscando la seguridad, pero mientras huía el Sheffield hizo blanco dos veces más. Enfrentada a este repentino asalto, la fuerza alemana se retiró, perseguida por los cruceros. Otra desgracia cayó sobre los alemanes, pocos minutos después, cuando los destructores Fiedrich Eckholtd y Richard Beitzen tomaron a los cruceros británicos por alemanes ante la escasa visibilidad. Los cruceros británicos abrieron fuego inmediatamente y el Sheffieid acribilló al Fiedrich Eckholdt, reduciéndolo a ruinas incendiadas, aunque el otro destructor huyó ileso. Mientras el Admiral Hipper huía, el Lützow entra en acción contra el convoy y abrió fuego, disparando salvas de proyectiles de 11 pulg. sobre los mercantes. Los destructores británicos se lanzaron furiosamente, una vez más, contra el Lützow, amenazándolo con sus torpedos y después de infligir leves daños a un solitario mercante, el Lützow se retiró.
Una vez más, la amenaza de los torpedos era suficiente para que los alemanes mantuvieran su distancia.
Para el convoy JW 51 B y su escolta todavía no había llegado al descanso. Tras una lucha valiente por salvar el barco, el Achates tuvo que ser abandonado, pudiendo ser rescatados 81 hombres de los 138 iniciales. A bordo del Onslow, los equipos de control de daños revisaron las cubiertas y los compartimentos, verificando los mamparos apuntalados y reparando la luz y demás servicios esenciales, La herida de Sherbrooke era lo suficientemente seria como para que el doctor la considerase mortal, a primera vista. El dolor era tal que las inyecciones de morfina hacían poquísimo efecto. El patrón supervisó el grupo de enterramientos, siguiendo el tradicional ritual de coser los cadáveres en sus hamacas antes del sepelio: 14 cuerpos fueron echados al mar por la borda.
El tiempo, cada vez peor, aún infligió más daños al maltrecho destructor. Mediante un cuidadoso bombeo del agua, fue posible corregir la escora y se consiguió así que el mayor de los orificios a estribor quedase por encima del mar.
HMS Onslow a su llegada a Inglaterra
En esas circunstancias, el Onslow podía ya avanzar a 20 nudos, y después dejó que el convoy hiciera su ruta directamente a Kola Inlet. El destructor llegó a las 07:00 del día siguiente y amarró en un muelle de Murmansk, no sin que antes muriesen otros tres marineros malheridos. En total, fueron enviados 26 heridos a tierra para que se recuperasen en el rudimentario hospital que los soviéticos tenían disponible.
Sherbrooke volvió a Gran Bretaña a comienzos de enero, todavía con una astilla de proyectil en la cara, pues las condiciones médicas en Murmansk se consideraron demasiado primitivas para extirparla. El Onslow estaba listo de nuevo y zarpó el 29 de enero, llegando a Scapa Flow, en las Orcadas, el 4 de febrero. Las reparaciones duraron hasta mediados de mayo, en que volvió a unirse a su flotilla como guía de escolta.
Los resultados a largo plazo de la batalla en el mar de Barents fueron mucho más importantes de lo que Sherbrooke y sus valientes hombres podían haber imaginado, Cuando las noticias sobre la poco brillante actuación del Admiral Hipper y del Lützow llegaron a Hitler, éste, en uno de sus peores ataques de ira, ordenó la total recogida de la flota de superficie, el desmantelamiento de los cañones de los buques y su envío a tierra para ser usados en las baterías costeras.
Aunque la orden fue revocada después, esto precipitó la renuncia del almirante Erich Raeder como comandante en jefe, dando paso al almirante Karl Dónitz. Más tarde habría otra salida —la última— del Scharnhorst, pero la batalla del mar de Barents marcó el fin de los intentos de los alemanes por detener a los convoyes británicos en ruta al norte de la Unión Soviética.