In Memoriam

Lunes, 07 de mayo de 2007

Por xicu41 @ 1:02





El Alamein


Oto?o de 1942. D?a 23 de octubre, 8:40 de la noche, hora de Londres;
9:40 en Egipto. Un breve telegrama, con una ?nica s?laba ? ?ZIP? ?, alivia la creciente impaciencia del primer ministro brit?nico Winston Churchill. El mensaje, clave favorita de Churchill y apodo del mono de cremallera que usa en sus viajes de campa?a, est? firmado por el general Harold G. Alexander, comandante en jefe de las fuerzas brit?nicas en Oriente Pr?ximo. Su escueto contenido anuncia que al fin, tras un agitado verano de preparativos, batallas, relevos y reorganizaciones, comienza la primera fase de la contraofensiva aliada en el norte de Africa. La guerra, se espera en Londres y Washington, est? a punto de variar su curso.
La inversi?n de la marca se insin?a desde meses antes y en frentes muy lejanos. El 4 de junio, los norteamericanos obtienen su primera victoria importante ante los japoneses en Midway, en el Pac?fico; y en el verano inauguran sus incursiones a?reas en Europa. La Armada y la Fuerza A?rea brit?nicas, reforzadas desde la entrada de EE.UU. en la guerra (diciembre de 1941), impiden en agosto la tentaci?n alemana de ocupar ese ?portaviones? clave del Mediterr?neo central que es la isla de Malta.
Durante dos a?os, el flujo de la guerra ha actuado en favor de las divisiones de la Wehrmacht. Su avance incontenible ha dejado a toda Europa central bajo el imperio del Tercer Reich y ha permitido a Hitler llegar hasta las puertas de Mosc?. S?lo Gran Breta?a ha resistido el impacto, manteniendo desde la batalla de Inglaterra el dominio de su espacio a?reo. Churchill compara al continente con un cocodrilo blindado que s?lo ofrece un punto d?bil: el sur de Italia y el norte de Africa. Hitler y su Estado Mayor s?lo lo comprenden parcialmente, enfrascados en ese momento en la campa?a de Rusia, sin prever que est?n a punto de sufrir en Stalingrado su primera gran derrota, en una batalla que se prolonga casa por casa desde el 4 de septiembre de 1942 al 2 de febrero de 1943.



Ca?on automotor de 20 mm. Al fondo, columnas de humo de los vehiculos britanicos
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En 1941, Berl?n env?a al flamante Afrika Korps, bajo el mando del general Erwin Rommel, a reforzar las d?biles defensas del peque?o imperio africano de Mussolini en Libia, donde el Ej?rcito brit?nico del general Wavell ha logrado apoderarse de Tobruk y Bengasi en enero de ese a?o. Durante 18 meses, desde la primavera de 1941 al oto?o de 1942, Rommel pasea sus Panzer en un carrusel de idas y venidas que culmina, el 21 de junio de 1942, en la ca?da de Tobruk y, poco despu?s, en la instalaci?n de un Ej?rcito italogerm?nico en el desierto egipcio, a la altura de El Alamein y a 95 kil?metros escasos de Alejandr?a.
Londres ha seguido con pavor la trayectoria de Rommel ?mariscal tras la captura de Tobruk? y ve en grave peligro esa llave del Oriente Medio que es Egipto. El estado moral del VIII Ej?rcito brit?nico, desconcertado por los ardides del enemigo y las vacilaciones de sus propios mandos, es tal que su comandante m?ximo, el general Auchinleck, ordena a sus oficiales ?no mencionar jam?s el nombre de Rommel. El ?zorro del desierto? ha proyectado hasta tal punto su prestigio casi legendario en las filas enemigas, que es m?s popular entre los soldados brit?nicos que sus propios jefes.
Con todo, el heterog?neo VIII Ej?rcito, formado por australianos, neozelandeses, sudafricanos, indios y brit?nicos, mantiene desde julio de 1942 una s?lida posici?n al sur de la peque?a estaci?n ferroviaria de El Alamein, resistiendo dos fuertes ofensivas del Afrika Korps. Pero Londres ve inseguras las puertas de El Cairo y s?lo espera la oportunidad de un contraataque.
En agosto de 1942, un nuevo equipo asume la tarea de reorganizar las fuerzas del desierto. El general Alexander toma el mando de las fuerzas de Oriente Pr?ximo (Egipto y Siria) y, por una casualidad tr?gica, recae en el general de artiller?a Bernard Law Montgomery la jefatura del 8? Ej?rcito. D?as antes del relevo, el candidato de Churchill para este puesto, el general Gott, muere en un accidente de aviaci?n, el 7 de agosto.



PzKfw III desembarcados en Tripoli
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Montgomery toma el mando el d?a 13, dos antes de la fecha oficial, con la misi?n espec?fica de ?destruir a Rommel?.
En siete semanas, Montgomery lograr? galvanizar a sus hombres y devolverles su moral. Londres env?a refuerzos con generosidad y, en octubre, ?Monty? cuenta con una formidable fuerza de 220.000 hombres, organizados en diez divisiones. Durante toda esta etapa, el nuevo jefe, sacado de la oscuridad de un puesto secundario, ha articulado las distintas armas entre ellas y con las escuadrillas de la RAF. A los XXX y XIII Cuerpos iniciales suma el reci?n creado X Cuerpo, con dos divisiones blindadas, y brigadas de franceses libres y griegos, con los que compone una fuerza equivalente a otra divisi?n. Desde agosto comienzan a llegar los modernos carros de combate Sherman (M4) y ca?ones de largo alcance enviados desde Estados Unidos. En octubre, el nuevo VIII Ej?rcito ya ha hecho su primer bautismo de fuego conteniendo a Rommel en Alam el HaIfa (31 de agosto), en una batalla defensiva conocida tambi?n como la primera de El Alamein. Por fin, el d?a 23 de octubre, Montgomery considera que sus fuerzas est?n a punto. As? anuncia el comienzo del ataque:
?Cuando asum? el mando del VIII Ej?rcito, me dijeron que la orden era destruir a Rommel y su Ej?rcito en cuanto estuvi?semos preparados. Ya estamos preparados AHORA.? Con esta alocuci?n se pone en marcha la operaci?n Pie Ligero (Lightfoot).
El infierno estalla en El Alamein a las 9:40 (hora egipcia), en el mismo momento en que Churchill recibe en Londres el telegr?fico ?ZIP?. Es noche de luna llena, cuidadosamente escogida para que los zapadores detecten en el plenilunio las minas sembradas por el Afrika Korps. M?s de mil ca?ones brit?nicos abren fuego contra las bater?as alemanas, mientras las diez divisiones esperan al acecho la hora de vengarse de las afrentas de Tobruk.
El frente se extiende a lo largo de m?s de 50 kil?metros, en una l?nea recta que baja desde El-Alamein, en la costa, hacia el sur, donde la cierran las arenas movedizas y pr?cticamente infranqueables de la depresi?n de Qattara.



Erwin Rommel
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Cada saliente y cada promontorio de ese desierto llano se han convertido en una posici?n fortificada, con bater?as fijas y ca?ones autopropulsados, o en los vitales dep?sitos de combustible, camuflados entre las piedras o bajo las ruinas de alguna cisterna romana. En el momento del ataque, el jefe del Afrika Korps, mariscal Rommel, se repone en Austria de una enfermedad; pero, antes de su viaje, a fines de septiembre, ha establecido una s?lida defensa para las fuerzas que dirige en sustituci?n el general Stumme. A lo largo de todo el frente y en una franja de 7 a 8 kil?metros de ancho, los zapadores del Afrika Korps han sembrado medio mill?n de minas en un campo que constituye el primer muro que han de romper las fuerzas de Montgomery. Tras estos ?jardines del diablo?, el Afrika Korps despliega sus dos divisiones Panzer ?la 15. al norte y la 21. al sur?,protegidas por una fila de bater?as y una cadena defensiva formada por las divisiones Brescia, Trento, Pavia y Bologna, del X y del XXI Cuerpos de infanter?a italianos.
Al extremo norte, los cuatro regimientos de la 164. Divisi?n alemana protegen la l?nea de la costa, con otra divisi?n, la 90. Ligera, de reserva en la retaguardia. A los Panzer se suman dos divisiones blindadas italianas, Ariete a la 2l.y Littorio a la 15. y la reserva de la divisi?n Trieste de artiller?a. En el extremo sur, los paracaidistas de la Folgore, destacamento italiano de ?lite, cierra la l?nea. En total, 103.000 hombres ?49.000 alemanes y 54.000 italianos?, frente a un Ej?rcito que los duplica en hombres y m?s a?n, en las modernas armas que ha proporcionado Estados Unidos, convertido por el presidente Roosevelt en el ?arsenal de las democracias?.
En efecto, tal como se?ala Churchill en un mensaje a Roosevelt, la ventaja de ?dos a uno?, por parte de los brit?nicos es mas mort?fera y significativa en armas que en hombres. Hasta entonces, el Afrika Korps ha aprovechado la temible eficacia de sus carros de combate Pzkw III E y G y Pzkw IV E2. Estos ?ltimos, provistos de ca?ones de 75 mm, neutralizan los blindados brit?nicos y los pesados Grant norteamericanos (M 3), cuyos ca?ones de 37 mm en sus torretas y obuses de 75 mm resultan insuficientes para atravesar la coraza blindada de los Panzer IV F2.



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La ?batalla de los refuerzos y el combustible? ?como la define Rommel? se libra lejos del frente en el verano de 1942. A trav?s de Sud?frica, Sud?n y otros puntos de Africa, Estados Unidos ha llevado al desierto 270 carros de combate Sherman (M 4), con ca?ones de alta velocidad, de 75 mm y largo alcance; piezas de artiller?a y bombarderos Baltimore y B-25 para la RAF. La ventaja brit?nica en carros de combate, al iniciarse la batalla, es de 1 .230 contra 548 de las fuerzas del Eje (entre los italianos abundaban los ligeros CV, conocidos como ?latas de sardina? y ?ata?des autopropulsados?.
Montgomery dispone adem?s de 2.651 piezas, entre ca?ones de campa?a y antitanques; supera en m?s de 1.000 al enemigo, favorecido en cambio por su artiller?a liviana de gran movilidad y por el alcance de sus contracarros de 88 mm. En el aire, la superioridad aliada es determinante: 1 .585 aviones contra 350 aparatos alemanes e italianos.
En la tarde del 23 de octubre, el general Montgomery se refugia durante dos horas en la lectura de un libro. Antes de la hora H ha decidido retirarse a dormir, en espera de los momentos cruciales de una batalla que prev? dif?cil. Durante semanas, sus hombres han construido en el desierto una impresionante escenograf?a, con falsos dep?sitos y tanques, un oleoducto simulado, casamatas a medio hacer, con el ?nico fin de enga?ar al enemigo y de hacerle creer que prepara un ataque en el sur del frente y ademas para varios dias mas adelante.
El plan de Montgomery es irrumpir en el norte con las divisiones del XXX Cuerpo, mientras el XIII Cuerpo distrae al enemigo en el frente sur. Los australianos del XXX Cuerpo tienen la misi?n de abrir dos pasillos y dar paso as?, a trav?s de los ?jardines? de Rommel, a los blindados del X Cuerpo. Un oficial brit?nico de Inteligencia, BilI Williams, sugiere la maniobra adicional de separar a alemanes e italianos, objetivo que se alcanzara solo al final de la batalla.



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A las 10 de la noche, la artiller?a de Montgomery desv?a su direcci?n y descarga sus obuses en las filas de la infanter?a italiana. En ese momento se ponen en marcha los australianos de la 9? Divisi?n, los neozelandeses de la 2?, la 1? Sudafricana y los escoceses e ingleses de la 51? Divisi?n (la Highland). Bajo la direcci?n del general Leese, jefe del XXX Cuerpo, estas divisiones entran en un orden poco
ortodoxo: artiller?a, infanter?a, blindados. Los carros de combate, pensados para abrir camino a la infanter?a, cumplen la misi?n opuesta y ser?n precisamente los soldados quienes perforar?n la defensa enemiga y ?limpiar?n? el paso a los carros de combate de la 1? y la 10.? Divisiones Blindadas del X Cuerpo, comandadas por el general Lumsden. En el centro y sur del frente, el general Horrocks, jefe del XIII Cuerpo, ha estacionado a lo largo del l?mite del campo minado sus tres divisiones y media y mantiene en reserva a la 7? Divisi?n Blindada.
Durante toda la noche del 23 al 24, la 9? Australiana y la 51? Highland avanzan metro a metro, con cobertura de artiller?a y de bombarderos de la RAF que atacan sistem?ticamente las l?neas enemigas. Paso a paso, australianos y escoceses abren una brecha al norte de la loma del Ri??n ?un peque?o promontorio? mientras neozelandeses y sudafricanos penetran en un pasillo paralelo, al sur de la colina defendida por los infantes de la Divisi?n italiana Trento. La batalla nocturna en el campo minado recuerda a los veteranos los combates de Verd?n. La tenue defensa italiana, delante de los ?jardines?, es pulverizada con la embestida australiana en un frente que se extiende m?s de mil metros. Las escuadrillas de la RAF peinan el desierto sistem?ticamente con sucesivas oleadas, sin gran resistencia de los pocos aviones alemanes. Los carros de combate del X Cuerpo entran lentamente a trav?s de las brechas abiertas por la infanter?a. Poco antes del alba, el general Montgomery estudia un primer balance de la ruptura inicial y advierte con irritaci?n que la penetraci?n es m?s lenta que lo previsto.



PzKfw IV Ausf F
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El impulsivo ?Monty? llama a su puesto al general Lumsden para quejarse de la escasa actividad de sus blindados y le amenaza con sustituirlo ?por personalidades m?s en?rgicas? si no acelera su ataque. La provocaci?n parece surtir efecto. Durante el d?a 24, los carros de combate realizan un tit?nico esfuerzo bajo el fuego de las bater?as alemanas y logran, a las 6 de la tarde, tomar el primer contacto con los blindados de la 21. Panzerdivision y de la Divisi?n italiana Littorio. A esa hora, el Afrika Korps lanza su primer y casi desesperado contraataque. ?Es exactamente lo que yo quer?a?, comentar? luego el mariscal Montgomery en sus Memorias.
Un tr?gico accidente ha dejado entre tanto descabezado al Ej?rcito italogerm?nico. El general Stumme, jefe suplente en ausencia de Rommel, ha salido a primera hora de la ma?ana a comprobar las inquietantes noticias que recibe del frente. Hasta la noche del 23, el Alto Mando italo-alem?n, enga?ado por el astuto camuflaje de Montgomery, no espera ning?n ataque y menos en el norte, donde el VIII Ej?rcito ha podido disimular con ?xito el traslado silencioso de las divisiones del XXX Cuerpo antes de comenzar la batalla. Stumme recorre las primeras l?neas en un coche abierto, estupefacto a?n por la sorpresa del ataque. Quiz?s entonces recordase la advertencia que 24 horas antes hab?a llevado a su puesto de mando un capit?n italiano, Jack Guiglia. experto en interceptaci?n de mensajes, advirtiendo sobre la inminencia de la hora H. Guiglia hab?a recorrido en la madrugada del dia 23 un largo trecho de desierto para dar la alarma, despu?s de haber escuchado en su radio mensajes contradictorios que finalmente identific? como una h?bil maniobra de despiste por parte de los brit?nicos. ?El ataque no es cosa de semanas ni de d?as, sino de horas.? Nadie hizo caso de la alarma y tampoco pod?a confiar Stumme en el espionaje alem?n, m?s de una vez objeto de las maldiciones de Rommel por su ineficacia. Esa ma?ana del 24, el veh?culo del general Stumme regresa vac?o a las posiciones alemanas. Un ataque a?reo ha obligado al conductor a una carrera ciega hacia la retaguardia, sin advertir que el jefe en funciones del Afrika Korps ha ca?do del veh?culo. Una patrulla lo descubre poco despu?s, muerto de un infarto.



M3 Grant
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Stumme alcanza, antes de morir, a pedir auxilio a Berl?n. La misma ma?ana de su muerte, un telefonazo levanta al mariscal Rommel de su lecho en la cl?nica austr?aca de Semmering. En el tel?fono escucha la voz grave del propio Hitler: ?Rommel, tengo muy malas noticias de Africa; la situaci?n me parece sombr?a. ?Se siente usted ya bien para regresar all?? ?Sobre todo, desea usted volver??.
Rommel no lo piensa dos veces. Su coraz?n est? con el Afrika Korps y olvida en ese momento su irritaci?n contra el Estado Mayor del Reich y la desconfianza incipiente frente a Hitler, que ha acallado en su ?ltimo viaje a Berl?n sus quejas por la falta de refuerzos con vagas promesas de futuras ?armas secretas? y con el env?o de los nuevos carros de combate ?Tigre?, que s?lo llegar?n a Africa meses despu?s, cuando ya todo est? perdido para el Afrika Korps.
Rommel sale de Austria a primeras horas del domingo 25 de octubre. Una breve escala en Roma le sirve para exigir, una vez m?s, combustible y refuerzos y quejarse de la generosidad con que se gasta en el sur de Italia gasolina vital para los Panzer del desierto. El lunes 26, tercer d?a de la batalla, llega al frente de El Alamein y escucha los informes de su Estado Mayor con el ce?o fruncido. Uno de sus oficiales, el general Kramer, confesar?a m?s tarde que ?a esa altura, la batalla ya estaba perdida por falta de combustible?. Rommel hab?a sido derrotado, antes de El Alamein, en los salones de Roma y Berl?n. Las peculiares relaciones pol?ticas del Tercer Reich con su aliado italiano pon?an a las fuerzas alemanas en Africa bajo el mando del Estado Mayor de Mussolini, donde generales como Ugo Cavallero eran m?s duchos en las intrigas pol?ticas ante el Duce que en las sutilezas de la guerra. En Berl?n, la obsesi?n de Hitler por derrotar a Stalin ha dejado siempre en segundo lugar el env?o de refuerzos y combustible al mariscal Rommel, pese a que estuvo, en el verano de 1942, en disposici?n de avanzar en Egipto
y conquistar El Cairo. Tras las posiciones de El Alamein, Rommel tiene ahora 1.250 km de desierto y una dilatada v?a de comunicaciones castigada permanentemente por los bombarderos de los aliados. La fuente de agua abundante m?s cercana est? a 750 kil?metros; la escasez de municiones y v?veres es m?s dram?tica que la inferioridad de fuerzas.



Carros britanicos Valentine, destruidosImagen


Rommel se enfrenta ahora a una derrota peculiar. Por una parte, la entrada en combate de la superioridad tecnol?gica norteamericana ?carros de combate, ca?ones y aviones?, que ha quebrado la ventaja de sus bater?as ligeras y los ca?ones de sus Panzer. Por otra, el trabajo eficaz de la RAF y la USAAF ha hundido en las semanas previas un 66% de los suministros de combustible enviados desde Italia a trav?s del Mediterr?neo. ?La batalla de los refuerzos? ya estaba perdida para el Eje.
Rommel duerme unas horas, con su habitual capacidad de concentrar el descanso, antes de asumir, en la madrugada del 27, el mando de la batalla.
Sus primeras ?rdenes revelan que el mariscal ha adivinado cu?l es el punto clave del combate: el saliente abierto al norte, en torno a la loma del Ri??n, por el XXX Cuerpo brit?nico. De inmediato ordena a la 21. Divisi?n Panzer, estacionada en el sur, subir a reforzar la 15., que resiste a costa de grandes p?rdidas los empujes de las divisiones blindadas del X Cuerpo. Durante todo el domingo 25 y el lunes siguiente, la lucha ha sido incesante en el flanco norte. Los dos boquetes abiertos por el XXX Cuerpo se han convertido en una gran bolsa que se expande al este de la loma del Ri??n, ?ltimo basti?n del Eje para evitar la ruptura de sus l?neas. La violenta lucha ha diezmado los carros de combate de la 15. Panzer y la Littorio. La columna australiana, en el extremo norte del gran saliente de 10 km de largo y 7 de profundidad, empuja, a costa de enormes bajas, a los cuatro regimientos alemanes de la 164. Divisi?n.
El d?a 26, el general Morshead, comandante de la 9.? Divisi?n Australiana, cambia el curso de la ofensiva y dirige el ataque hacia el norte, con objeto de alcanzar la costa y aislar a la divisi?n alemana apostada en el extremo septentrional. M?s abajo, la Divisi?n Highland, otra de las m?s castigadas en los primeros d?as de lucha, ha logrado rodear, en las lomas de Miteiriya, a una compa??a completa de la Divisi?n italiana Trento, cuyo comandante, el mayor Beja, fracasa una y otra vez en romper el cerco. El combate decisivo de ese flanco central se ha concentrado en torno a la loma del Ri??n, controlada a?n por otra compa??a de la Trento y resguardada por los Panzer y los carros blindados de la Littorio.



Infanteria alemana avanzando por el desierto
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Rommel organiza desde primeras horas del d?a 27 un contraataque blindado a la antigua usanza. En ?l concentra todos sus carros de combate disponibles, a fin de compensar en ventaja t?ctica ?punto fuerte de su capacidad militar? la aplastante inferioridad estrat?gica. En el mando brit?nico, Montgomery hab?a calculado dos d?as antes el peligro de este movimiento, en una reuni?n celebrada a las 3:30 de la madrugada del d?a 25, en su tienda de Estado Mayor. mientras Rommel prepara su regreso a Africa. En esa tensa entrevista, ?Monty? rega?a de nuevo al general Lumsden y le exige ponerse ?al frente y no detr?s? de sus blindados. Al mismo tiempo cursa ?rdenes a los destacamentos situados en los flancos sur y central, encargados de hostilizar al enemigo para inmovilizar sus divisiones, especialmente la 21. Panzer y la acorazada Ariete, a?n en la reserva. Desde el inicio de la batalla, en el centro del frente, la 4? Divisi?n India, apostada en las lomas de Ruweisat, al este del campo minado, lanza espor?dicos raids contra los soldados italianos de la Divisi?n Bologna, aturdidos por el ?gil uso que da Montgomery a sus ca?ones. M?s al sur, entre Ruweisat y la depresi?n de Qattara, la infanter?a y los blindados del XIII Cuerpo fijan a los blindados de la Ariete e intentan, sin ?xito, evitar el desplazamiento hacia el norte de la 21.? Divisi?n Panzer. Monty reserva en ese flanco semipasivo a la 7? Divisi?n Acorazada y a brigadas de la 44? Divisi?n de infanter?a. Un contingente de franceses libres lucha denodadamente contra los paracaidistas italianos de la Folgore, en una escaramuza de distracci?n que deja en el campo m?s de doscientos cad?veres franceses y brit?nicos en tres d?as de combate. En las jornadas posteriores, la Folgore perder?a, entre muertos, heridos y prisioneros, a m?s de 4.500 de sus 5.000 hombres.
Rommel lanza su contraataque en la madrugada del martes 27, con incursiones sucesivas de sus Panzer y una cortina de proyectiles. Con su peculiar habilidad para resolver situaciones desesperadas, dirige los tanques hacia los flancos de los blindados brit?nicos que han consolidado posiciones. Monty responde con una t?ctica defensiva y arrastra los blindados del Afrika Korps a un combate de desgaste que diezma a?n m?s las columnas de Rommel.

El mariscal alem?n recurre una vez m?s, como en Tobruk y otras batallas de su campa?a del desierto, al ardid de convertir r?pidas misiones de reconocimiento en ataques por sorpresa en los puntos d?biles. La t?ctica no tiene ?xito con el cauteloso Montgomery. Cinco veces el mariscal alem?n ?se rompe los dientes? contra la barrera de tanques brit?nicos y la modernizada artiller?a de largo alcance del VIII Ej?rcito.
Durante la tarde del mi?rcoles 28, Rommel revisa incansable el frente, en su Kubelwagen adaptado al terreno del desierto, buscando resquicios, concibiendo planes de ?ltimo momento. Silencioso, con la mand?bula apretada, reconoce ante su lugarteniente m?s cercano, el general Bayerlein, que ya todo est? perdido. Ese mismo d?a recibe el informe de que la Fuerza A?rea brit?nica ha hundido tres petroleros italianos en el Mediterr?neo.
Pese al desastre, re?ne una vez m?s sus efectivos para intentar un ?ltimo ataque a la hora del crep?sculo, con el sol poniente a la espalda y deslumbrando al enemigo. Los carros alemanes e italianos se concentran tras la loma del Ri??n, en un ?rea de apenas 3 por 4 km. en medio del ca?oneo ininterrumpido de las bater?as del VIII Ej?rcito brit?nico. El proceso dura cerca de tres horas y nuevamente, los aliados imponen, esta vez desde el aire, su ventaja t?cnica. Durante dos horas y media, los aviones aliados barren el ?rea y arrojan un total de 80 toneladas de bombas, antes de que Rommel culminase la preparaci?n de su ataque. ?Es la ?ltima vez, que el enemigo intent? tomar la iniciativa?, informa el general Alexander a Winston Churchill.
En el Mando brit?nico, los nervios contin?an de punta a pesar del ?xito. Montgomery ha vapuleado ya dos veces al general Lumsden y se irrita ante el retraso de sus planes. La l?nea enemiga, pese al gran saliente del norte, no est? rota a?n, y Londres se impacienta en espera de una victoria que haga nacer con buen pie el pr?ximo desembarco anglo norteamericano en Marruecos. Churchill ve con preocupaci?n el desgaste de las fuerzas de reserva en el combate y ordena a su ministro de Estado William Casey, entonces en El Cairo, que se informe en detalle de la situaci?n en el frente de batalla.



Un vehiculo britanico salta sobre una mina en El Alamein
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Casey visita a Montgomery en compa??a del general Alexander y le interroga sobre el desarrollo de la lucha. El jefe del VIII Ej?rcito explica con contenida paciencia su plan general; su ayudante, el brigadier Francis de Guingand, responde m?s impulsivo y env?a a Churchill el poco diplom?tico mensaje de que no moleste con sus dolores de barriga.
Pero la batalla est? ya cerca de su desenlace. Mientras contiene a los Panzer a la altura de la loma del Ri??n, Monty ha movilizado una poderosa fuerza que se concentra en el gran saliente abierto d?as pasados. La operaci?n Pie Ligero ?en realidad, un combate pesado y cl?sico? pasa a una nueva fase de movimientos. Montgomery retira divisiones del frente, sube otras fuerzas desde el sur y reagrupa su Ej?rcito para el ataque decisivo: la operaci?n Supercarga. La noche del 28 de octubre, el general Morshead efect?a un empuje decisivo de sus brigadas australianas en el extremo norte del saliente y, dos d?as despu?s, avanza vertiginosamente hacia la costa, ahogando en una bolsa a la 164. Divisi?n alemana. El movimiento obliga a Rommel a subir destacamentos blindados de la 21. Panzer y a movilizar hacia el frente a la ?ltima reserva del Afrika Korps, la 90. Divisi?n Ligera. Para cubrir el flanco dejado abierto frente a la loma del Ri??n env?a a la Divisi?n Trieste, ?ltimo refuerzo de las tropas italianas. Montgomery aprovecha con cautela este comp?s de espera para resta?ar heridas y preparar, entre los d?as 29 y 31 de octubre, la carga final. Desde Londres, el impaciente Churchill insta al comandante supremo de Oriente Pr?ximo, general Alexander, a ?darle un vapuleo mortal a Rommel?. Alexander le hace ver en un telegrama el enorme da?o provocado por las minas enemigas y sus temibles ca?ones autopropulsados. En una semana, los brit?nicos han sufrido casi diez mil bajas y han perdido casi el doble de carros que el Afrika Korps. Pese a todo, a?n pueden oponer 800 carros de diversos tipos (contando unos 200 recobrados en el campo de batalla) a los 90 Panzer que mantiene Rommel, junto a los blindados italianos de la Trieste y los restos de la diezmada Littorio y de la Ariete, la famosa ?divisi?n fantasma? que el ?zorro del desierto emple? en Tobruk para convencer a los brit?nicos de una superioridad inexistente.

En el punto de arranque de la Supercarga, Montgomery establece la primera fuerza de choque con la 2? Divisi?n Neozelandesa, que ha retirado de la avanzadilla de la loma del Ri??n, y la complementa con dos brigadas de infanter?a (151 y 152) y con la 9? Brigada blindada del XXX Cuerpo. Tras esta vanguardia agrupa una nueva reserva, integrada por la 1? Divisi?n Blindada y la 51? Highland, dos de los destacamentos m?s castigados al inicio del combate y ahora reorganizados y reforzados con la 7? Divisi?n Blindada y una brigada (133) de la 44? Divisi?n, tra?das del sur y casi intactas.
La noche del 31 de octubre, Montgomery tiene dispuestas las l?neas de ataque. En esos momentos, los australianos del general Morshead han cruzado la carretera y la v?a f?rrea que corren paralelas a la costa y asfixian a la l64. Divisi?n alemana, ya separada totalmente del n?cleo del Ej?rcito del Eje. Montgomery prefiere esperar 24 horas para el ataque y consolidar v?as de comunicaci?n y suministros antes de lanzar la decisiva Supercarga.
El ataque comienza a la 1 de la madrugada del 2 de noviembre. Nuevamente, Monty altera las normas cl?sicas de la guerra motorizada y ordena a la infanter?a neozelandesa que perfore dos boquetes en las l?neas enemigas para abrir paso a la 9? Brigada blindada y, tras ella, a los tanques de la 1? Divisi?n. Pese al fuego de barrera de 300 ca?ones alemanes, la infanter?a neozelandesa y las brigadas brit?nicas agregadas irrumpen en las l?neas enemigas y abren paso a la 9? Brigada blindada. El ataque se produce al norte de la loma del Ri??n, que pronto es sobrepasada por la 9? Brigada al norte y poco despu?s por la 1? Divisi?n Blindada al sur.
Rommel opone a?n una tenaz resistencia. Al iniciarse la carga, logra retirar sus ?ltimas defensas de la loma del Ri??n y establecer otra posici?n ventajosa en Tel el Aqqaqir, un promontorio de 33 m junto a la carretera de El Rahman, donde articula una l?nea defensiva de artiller?a. Los Grant y Sherman brit?nicos irrumpen en oleadas por los pasillos abiertos en el saliente y se despliegan en un frente de cerca de cuatro kil?metros, donde se produce el gran choque de carros y uno de los mayores combates de la historia de la guerra acorazada.



Columna de carros M3 GrantImagen


El balance final es: 2.350 aliados y 3.000 alemanes e italianos muertos; 8.950 heridos en el VIII Ej?rcito y 7.000 en las filas del Eje. La proporci?n total de bajas ?muertos, heridos y desaparecidos? se cifra en un 5,1 % para los aliados y un 9,7 % para el Eje. En prisioneros, en cambio, Montgomery ha cumplido con la petici?n expresa de Churchill de capturar unos 20.000 para aprovechar la cifra como propaganda de apoyo a la pr?xima operaci?n Antorcha en el noroeste africano: el n?mero de prisioneros alcanza a 22.071 italianos y 7.802 alemanes. Pr?cticamente, cuatro divisiones alemanas y ocho italianas han desaparecido en la gran batalla del desierto. El general Alexander telegraf?a a Churchill el 6 de noviembre:
?Eche las campanas al vuelo... El VIII Ej?rcito avanza?.
El primer ministro prefiere, con prudencia supersticiosa, no anunciar la victoria en los campanarios. Dos d?as despu?s ha de iniciarse el desembarco en el otro flanco de Africa y queda por delante una dura campa?a que culminar? con la ca?da de T?nez, en mayo de 1943, y con la expulsi?n definitiva de Rommel del continente africano. Pero ya el futuro mariscal Montgomery y vizconde de El Alamein ha logrado variar el curso de la guerra y una etapa esperanzadora se abre para los aliados. El mismo Winston Churchill destaca en sus Memorias: ?Antes de El Alamein no conocimos la victoria; despu?s de El Alamein no conocimos la derrota?.



Carros italianos M 13/40 de la division LittorioImagen





Bernard Montgomery

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Nacido en Londres, de familia irlandesa e hijo de un obispo anglicano, Bernard Law Montgomery ingresa en 1908 en la Real Academia Militar de Sandhurst despu?s de vivir su infancia en Australia. En la Primera Guerra Mundial se destac? como oficial de artiller?a y combati? en Francia y B?lgica. General de brigada en 1937, fue encargado, en 1940, de dirigir la evacuaci?n de las fuerzas brit?nicas en Dunquerke. Al ser nombrado por Winston Churchill comandante del VIII Ej?rcito ?tras la muerte del primer designado, el general Gott? Montgomery abandon? el relativamente oscuro puesto de comandante de las fuerzas defensivas del sudeste de Inglaterra para encumbrarse a los mas altos cargos del Estado Mayor brit?nico Montgomery destell? como reorganizador del VIII Ejercito en el norte de Africa y gano el puesto de honor entre sus soldados y la opini?n brit?nica al detener a Rommel y derrotar en El Alamein al entonces legendario Afrika Korps.
Tras la conquista de T?nez en mayo de 1943 y la invasi?n de Italia en julio, fue llamado a formar parte del Alto Mando aliado y encargado de dirigir la invasi?n de Francia en 1944. De car?cter impetuoso ante sus superiores Montgomery tuvo varios choques personales con el general norteamericano Dwight D. Eisenhower al conducir el 6 de junio de 1944 la invasi?n de Normandia, operaci?n que le vali? su ascenso a mariscal de campo y comandante del XXI Ej?rcito brit?nico-canadiense en la victoriosa campa?a a trav?s de Francia, B?lgica, Holanda y Alemania, donde recibi? la rendici?n de las fuerzas alemanas del norte el 4 de mayo de 1945.
Al rev?s que Rommel, Montgomery culmin? su vida militar en los puestos mas altos. En 1946, la Corona le otorg? el titulo de vizconde de El Alamein al mismo tiempo que era designada jefe del Estado Mayor del Imperio, cargo que ocup? hasta 1948. Entre 1951 y 1958 despu?s de haber dirigido la Uni?n Europea Occidental, fue vicecomandante de las fuerzas de la OTAN en Europa y, antes de retirarse, escribi? sus Memorias.


Muerto en 1976 (el 25 de marzo) en Hampshire, el mariscal Montgomery pas? a la historia militar como un estratega de la guerra de materiales, factor que influy? decisivamente en la derrota de Rommel. Cuidadoso en los detalles y minucioso hasta exasperar a sus oficiales en los preparativos de un combate, el mariscal Montgomery destac? como un jefe cauteloso, de pasos seguros y de un especial cuidado por la vida y estado de sus hombres, lo que le vali? una singular popularidad en el VIII Ej?rcito pese a su escrupuloso cumplimiento de las formalidades de la jerarqu?a militar. En el terreno t?ctico, el vizconde de El Alamein desarroll? una h?bil inventiva en el arte del camuflaje y de enga?ar al enemigo, otro factor que tuvo oportunidad de aprovechar con gran ?xito en su primera embestida contra Rommel otro genio de los ardides antes del combate. Sus mayores aportaciones a la teor?a militar son, sin embargo, de car?cter m?s estrat?gico que pr?ctico. El papel de la log?stica, las comunicaciones y los refuerzos fue siempre su preocupaci?n principal al preparar, con sumo puntillismo y dilatada paciencia, cada una de sus operaciones. Tales cualidades ?curiosamente opuestas al arte improvisador y audaz de Rommel? fueron expuestas en El Alamein, su primera operaci?n de envergadura en su brillante carrera militar.






Erwin Rommel

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Genio de la t?ctica, Erwin Johannes Eugen Rommel fue uno de los pocos altos oficiales alemanes que lograron popularidad y respeto tanto en su pa?s como entre los enemigos del Tercer Reich. Nacido en 1891, en una familia de W?rttemberg sin tradici?n militar ?su padre y su abuelo eran maestros?, Rommel inici? en 1910 una carrera que le convirti? en mariscal de campo y en uno de los genios de la guerra acorazada. Tras su bautismo de fuego en la Primera Guerra Mundial, fue profesor de varias academias militares, En 1938 fue comandante de la academia de oficiales de Wiener Neustadt, siendo nombrado comandante de la guardia militar del F?hrer al iniciarse la Segunda Guerra.
Oficial de acentuado esp?ritu profesional y sin preocupaciones ideol?gicas ni pol?ticas, Rommel logr? en febrero de 1940 un puesto de primera l?nea como comandante de la 7. Panzerdivisi?n, con la que encabez? el avance alem?n en B?lgica y norte de Francia. Muy pronto, encarn? ante la opini?n alemana el s?mbolo de un general de primera l?nea, factor explotado por el aparato de propaganda del Reich, al punto de presentarlo como una figura del partido nazi, al cual en realidad no se adscribi? nunca.
En el frente europeo, Rommel desarroll? su esencial comprensi?n de la moderna guerra motorizada, al descubrir las posibilidades t?cticas de los carros de combate y la artiller?a m?vil como armas ofensivas en una guerra de movimientos. Esta habilidad le llev? en febrero de 1941 a ser nombrado por el F?hrer jefe del flamante Afrika Korps, destinado a apoyar a las tropas italianas en el desierto de Libia. El favorable terreno del desierto norafricano permiti? a Rommel desarrollar a fondo su capacidad de t?ctico genial en la guerra de carros. Durante tres a?os, el ?zorro del desierto? sorprendi? a los brit?nicos con una campa?a audaz y una ?guerra limpia? que le hizo popular hasta en las filas enemigas. En esta ?poca, aunque aumenta su prestigio en Alemania y es ascendido a mariscal de campo, comienzan sus primeros problemas con las autoridades del Reich y el mando italoalem?n.

Despu?s del verano de 1942, Rommel ha llevado a un Ej?rcito exhausto, desatendido por Berl?n, a las puertas de Egipto, haciendo tambalear el principal pilar del Imperio brit?nico en Oriente Pr?ximo. Sus roces con el Estado Mayor berlin?s comienzan a enfriar su confianza en el r?gimen y en el propio Hitler tras la derrota en El Alamein, en noviembre de 1942, con la que se inicia la retirada del Afrika Korps hacia T?nez y la p?rdida del norte de Africa en mayo de 1943. Poco despu?s dirigir? las fuerzas alemanas en Italia.
En 1944, Hitler encarga a este experto en la guerra de movimientos la direcci?n de las defensas de la costa de Francia y los Pa?ses Bajos, objetivo de la preparaci?n del desembarco aliado. Rommel logr? destacar tambi?n en este nuevo papel, tan distinto a la guerra de carros, y ayud? a consolidar una s?lida muralla que fren? durante meses la ofensiva aliada.
Pero ya el mariscal Rommel se hab?a convencido de que la guerra estaba perdida y era preciso que el F?hrer preparase negociaciones de paz para evitar un desastre. Durante meses, Rommel resisti? las invitaciones de los altos oficiales descontentos con Hitler; pero en julio de 1944, despu?s de haber sido herido seriamente en un ataque a?reo brit?nico en plena invasi?n, acept? unirse a los conspiradores partidarios de negociar la paz. Aunque el mariscal no sab?a que la clave de la conjura pasaba por el asesinato de Hitler, sus v?nculos con el complot salieron a la luz tras el atentado del 20 de julio contra el F?hrer. Hitler evit? que trascendiera su nombre, tan asociado al r?gimen en la publicidad nazi. Dos generales leales al F?hrer visitaron al mariscal con un mensaje tajante y un frasco de veneno. El 14 de octubre, Rommel se despidi? de su familia y puso fin a su vida. Berl?n lo enterr? con honores militares y escondi? su papel en la rebeli?n contra Hitler.



Autor:
Luis Ignacio Lopez

COMENTARIOS

Jueves, 12 de junio de 2008

Por Invitado @ 2:25


Esta muy bien tu articulo, felicidades

Viernes, 21 de noviembre de 2008

Por Invitado @ 21:21


maravilloso es maravilloso
porque no te pasas por nuestro foro amigos de erwin rommel y ya que vas te quedasAngelitoAngelito:

Jueves, 16 de abril de 2009

Por Invitado @ 23:01


Hola, soy una chica que me gustaria saber si podrian darme informacion sobre un capitan de aviacion italiana , muerto en alemania en el a?o 1958, el y otros mas, eran espias, y su nombre era Giovanny Russo Spena. muerio de 28 a?os. Gracias