En la tarde del 12 de octubre de 1939, seis semanas después del inicio de la guerra, un submarino alemán, el Unterseeboot-47 (U-47), emergió cerca de las islas Orcadas, en el extremo norte de Escocia. Cuando los oficiales subieron a la torre para observar las luces que centelleaban al Oeste, sólo el comandante, Günter Prien, conocía el objeto de su misión. Prien esperaba ansioso el momento de poder comunicárselo a su dotación. Tras una noche de observación, el U-47 se retiró hacia el Este y se sumergió. Una vez el submarino se hubo posado en el fondo y se cortaron los motores, Prien ordenó que la tripulación se reuniese en el comedor de proa. Los hombres, cuya edad media era 20 años, esperaban expectantes. Sin preámbulo Prien les puso al corriente de la misión: «Mañana» dijo, «entraremos en Scapa Flow».
Scapa Flow era la principal base de la Royal Navy británica desde la 1ª Guerra Mundial. Excelente puerto natural de 10 km de Norte a Sur y 17 km de Este a Oeste, daba abrigo a gran parte de los buques de guerra que constituían la Flota Metropolitana y su estratégica situación la hacía ideal para prevenir los intentos alemanes de acceder al Mar del Norte e interceptar los buques que quisiesen salir al Atlántico Norte. (Hasta la derrota de Francia en 1940, el Canal de la Mancha fue una vía marítima vedada a la navegación alemana).
También para Alemania la base de Scapa Flow tenía una significación especial, pues allí hubo de dirigirse la altiva Kaiserliche Marine alemana tras la derrota en la 1ª Guerra Mundial. Y fue allí, en 15 brazas de agua, donde esa Kaiserliche Marine se autoinmolo para impedir que sus unidades pasasen a ser controladas por los Aliados vencedores.
Al estallar la II Guerra Mundial, la armada era la «Cenicienta» de las fuerzas armadas alemanas, y mientras el Heer y 1a Luftwaffe ganaban victoria tras victoria en la guerra contra Polonia, los éxitos de la armada eran mucho más modestos. Además de ello, Hitler, que estaba obsesionado con la campaña terrestre, demostraba poco interés por las cosas del mar (aunque se dejaba impresionar por la mole de las unidades pesadas, en especial el Bismarck y el Tirpitz). En realidad, era incapaz de apreciar el enorme potencial bélico de los submarinos.
El comandante del arma submarina, Großadmiral Karl Dónitz, necesitaba una victoria espectacular para impresionar tanto a la propia Armada como a Hitler y convencerles de la importancia del programa de construcción de submarinos. Dónitz había sido comandante de submarino durante la 1ª Guerra Mundial y, enviado al Mediterráneo, consiguió introducirse con su buque en un puerto defendido en Sicilia y salir del mismo sin ser detectado.
Distintivo del U-47
Dónitz estaba, pues, convencido de que ello era también posible en Scapa Flow. Si un U-boot era capaz de atravesar las defensas británicas sin ser descubierto, podría lanzar un inesperado ataque contra los buques fondeados y con ello infligir un duro revés a la Royal Navy y dar fe de la existencia de los submarinos alemanes.
Para que el plan tuviese ciertas probabilidades de éxito, Dónitz ordenó un amplio programa de recogida de información, El U-16 fue enviado a patrullar las aguas próximas a Scapa Flow, sondear las defensas y controlar las corrientes y las mareas, mientras que se confeccionaban detallados mapas y cartas hidrográficas y se tomaban fotografías aéreas. El 11 de septiembre, con toda la información en mano, comenzó a planificarse la operación. El estudio detenido de las fotografías aéreas sugirió a los técnicos que Scapa Flow no estaba tan bien defendida como podría parecer. Las redes antisubmarinas y los buques hundidos como medio de bloqueo habían servido durante la 1ª Guerra Mundial (en la que se perdieron dos submarinos alemanes que intentaron entrar en el fondeadero), pero ahora presentaban serias lagunas.
El hombre que realizase una misión como ésa debía ser un marino experto y con nervios de acero.
Mantenimiento de sala de torpedos
La ruta más favorable discurría a través del estrecho de Holm, en el acceso oriental a Scapa Flow. El estrecho de Holm estaba dividido en canales menores, y uno de éstos, el estrecho de Kirk, estaba mal defendido mediante unos pocos buques hundidos. Para los especialistas alemanes, dos de las vías entre esos obstáculos parecían muy prometedoras. Si el cálculo horario era correcto, en mitad de una noche cerrada y con la mar en calma, un decidido comandante de submarino podría navegar en superficie entre los buques de bloqueo y acceder a Scapa Flow. El plan era arriesgado y dependía de que los patrulleros británicos no viesen el submarino. Pero era posible.
El hombre que realizase una misión como ésa debía ser un marino experto y con nervios de acero. Al buscar entre sus submarinistas más experimentados, Dónitz dio con el historial de Günter Prien. Este, de 31 años, era uno de los nuevos valores de la Armada alemana: sin vínculos con la Armada imperial, era en cambio un nazi ferviente. Considerado por Dónitz como un gran submarinista, Prien combinaba el conocimiento del mar con una medida determinación y un «sexto sentido» que hacían de él un avezado comandante de U-boot. Dotado del necesario sentido común, era respetado y admirado por sus subordinados. Los hombres a su mando, voluntarios como todos los submarinistas, habían demostrado su capacidad de afrontar las pesadas cargas impuestas por la guerra submarina.
Acababa de regresar de una feliz singladura contra la navegación aliada en el Atlántico cuando, el 1 de octubre, fue convocado por Dónitz. Este le reveló el plan y pidió a Prien que considerase sus posibilidades y le diese una respuesta. Tras un examen detallado, Prien aceptó la propuesta.
El 8 de octubre, Prien y la dotación del U-47 se prepararon para zarpar del puerto de Kiel. Tras poner rumbo al canal de Kiel, el submarino entró en el Mar del Norte y durante la noche del 8 se dirigió a la isla de Heligoland, donde iban a tener lugar las últimas pruebas. El U-47 era un submarino Tipo VIIB y, pese a que se trataba del sumergible más avanzado de la Kriegsmarine, distaba bastante de la concepción moderna de submarino, ya que sólo podía cubrir sumergido distancias cortas y a poca velocidad. Normalmente los U-boot navegaban en superficie y sólo se sumergían si eran atacados por aviones o buques de superficie enemigos; mientras que los asaltos contra los bien defendidos convoyes se realizaban en inmersión, los ataques contra buques aislados tenían lugar en superficie, por lo general empleando el cañón de 88 mm que estos buques montaban a proa.
Era esencial un secreto absoluto, de manera que, para evitar que pudiese ser avistado por aviones o buques enemigos o incluso neutrales, el U-47 permanecía sumergido de día y sólo emergía de noche, a fin de desplazarse en superficie al amparo de la oscuridad. Para los 44 hombres del buque, el sentido del día y la noche estaba cambiado, pues debían dormir durante el primero y desayunar al anochecer. Toda la dotación, mecánicos, electricistas, cocineros, operadores de radio, torpedistas, fogoneros, se habían acostumbrado a esta rutina antinatural y a las condiciones claustrofóbicas.
Durante las noches del 10 y el 11, el U-47 surcó las aguas del Mar del Norte sin incidentes. El avistamiento de las Orcadas en la tarde del día 12 marcó el fin del viaje. Una vez que Prien comunicó a la dotación su objetivo, envió a ésta a descansar, aun- que muy pocos pudieron dormir pensando que al cabo de pocas horas el U-47 debía burlar las defensas de Scapa Flow.
Prien relata cómo realizó los últimos preparativos: «Una vez más recorrí el buque e impartí instrucciones. Durante el tiempo que durase la acción, nadie debía fumar y, todavía más importante, nadie debía hablar más de lo necesario. Cada cual inspeccionaba su chaleco salvavidas. Eché una última ojeada a la escotilla de escape: el oficial de derrota consultaba sus cartas».
Los torpedos fueron cebados y preparados para el lanzamiento, al tiempo que se distribuyeron cargas explosivas en distintos puntos del submarino por si era necesario hundirlo para evitar su captura.
A las 19:00 horas se encendieron los motores eléctricos y el U-47 emergió. Una vez aflorado, se encendieron los diesel y Prien subió al puente de la vela junto a dos oficiales para comprobar la situación. Para su sorpresa, la noche no era muy oscura; las luces septentrionales emitían cierto resplandor sobre Scapa Flow y sus accesos, el suficiente para que el U-boot fuese más visible de lo esperado. Prien consideró posponer la misión hasta la noche siguiente, pero la moral era alta y una demora podría resultar perniciosa. Decidió seguir. Al largo de la punta de Rose se avistó un mercante y el U-47se sumergió y permaneció así 30 minutos. Después, a las 23:31, volvió a emerger y entró en el estrecho de Holm.
A medida que se acercaba a la costa, las luces del norte perfilaban cada vez mejor las siluetas de las elevaciones próximas a Scapa Flow. Por dos veces la situación se tomó crítica. Primero, cuando Prien identificó erradamente un buque de bloqueo y el U-47 puso proa al inviolable estrecho de Skerny; por suerte, el oficial de derrota se dio cuenta y el submarino retomó el rumbo correcto hacia el estrecho de Kirk. Después, el U 47 rozó cuidadosamente el cable de uno de los obstáculos y hubo de detenerse. Prien ordenó la apertura de las ventilaciones y la purga de los tanques de rápida. El U-47 se estremeció en el agua y quedó libre. Estaba en Scapa Flow.
Sala de maquinas
Tras rebasar el pueblo de St. Mary’s el submarino alemán fue repentinamente sorprendido por los faros de un automóvil. Aterrados, quienes estaban en la vela temieron lo peor, pero para su sorpresa no sucedió nada y el buque siguió su curso normalmente. Prien empezó a buscar sus presas, pero a medida que avanzaba comenzó a crecer su ansiedad debido a que allí no había nada de la prevista concentración de acorazados, cruceros y destructores de la Flota Metropolitana.
Los aviones alemanes habían observado varios acorazados fondeados la semana anterior, pero éstos habían zarpado hacia el Mar del Norte al tiempo que el U-47 salía de puerto, en respuesta a una previsible maniobra naval alemana. En lugar de volver a Scapa Flow, los acorazados recalaron en Loch Ewe. Allí sólo había el Royal Oak, pues este viejo buque era incapaz de seguir a los demás desafiando las tormentas de fuerza 9 que habían encontrado. El Royal Oak había sido comisionado en 1916 como uno de los acorazados de la clase «Royal Sovereign» y en 1939 era, estrictamente, un acorazado de «segunda línea», si bien sus ocho piezas de 381 mm y su desplazamiento de 31.250 toneladas hacían de él una mole impresionante.
Oficiales del U-47
El U 47, que había entrado en la base poco después de medianoche, cubrió tres millas hacia el oeste y no vio nada. Temiendo seguir hacia el Oeste por miedo a ser divisado por los patrulleros británicos del estrecho de Hoxa, Prien ordenó virar 180 grados y más tarde, contra la creciente desesperación de la dotación, hacerlo a babor y avanzar rumbo norte. La suerte de los alemanes cambio poco antes de las 01:00, pues directamente a proa comenzó a emerger la masa sombría de un acorazado. El U-47 se aproximo y el acorazado fue correctamente identificado como una unidad de la clase «Royal Sovereign».
Detrás de él, Prien dijo haber divisado otro buque de guerra, el crucero de batalla Repulse, pero esta vez se había equivocado, el segundo buque era el Pegasus, un auxiliar de hidroaviones de 6.900 toneladas.
Se introdujeron los torpedos en los tubos y, a la voz de Prien, se lanzó una salva de tres, dos contra el Royal Oak y el tercero contra el Repulse. La carrera era larga (unos 3 000 m) y la dotación del U-47 aguardó ansiosa que los torpedos cubriesen la distancia. Tres minutos y medio después, a las 01:04 uno alcanzó la proa del Royal Oak. Aunque la detonación se sintió en todo el buque, causo poca sor presa, muchos marineros pensaron que se trataba de una explosión menor en el pañol de oxigeno y pintura, pero nadie esperaba que se tratase de un ataque submarino.
La explosión había sido detectada desde el U-47 pero el Royal Oak permanecía sorprendentemente silencioso. De hecho, Prien pensó que había alcanzado al Repulse pues la distancia era excesiva para valorar correctamente el resultado. Temiendo la detección, el U-47 viró para recargar los tubos de proa al tiempo que lanzaba otro torpedo desde el tubo popel, pero éste falló.
Recargando los tubos, el U-47 volvió al ataque. Unos 12 minutos después de la primera explosión, el submarino lanzó una segunda salva de tres torpedos. El primero alcanzó el costado de estribor del Royal Oak, bajo la torre «B», y levantó una gran columna de agua. Segundos más tarde, los otros dos torpedos chocaron con el costado del buque. El Royal Oak se elevó del agua, dio un pantocazo y comenzó a escorar de estribor.
A bordo del acorazado reinaba el caos. Perdida toda la energía y el sistema de megafonía destruido, la tripulación había quedado atrapada a oscuras en las cubiertas inferiores, bloqueada por los incendios y por las inservibles compuertas de apertura hidráulica. El buque comenzó a escorar peligrosamente a estribor y diez minutos después de las explosiones enseñó la quilla, hundiéndose completamente a las 01:33. De sus 1.200 hombres, 833 sucumbieron en su interior.
El Grossadmiral Karl Dönitz pasa revista a la tripulacion del U-47
El U-47 puso rumbo a casa y, tras padecer el ataque con cargas de unos dragaminas el día 15, arribó a Wilhelmshaven a las 11:00 horas del día 17. Las autoridades alemanas sabían ya de la hazaña, de modo que cuando el U-47 atracó en puerto la dotación vivió el recibimiento de los héroes. El Großadmiral Reader y el propio Dónitz les esperaban en el muelle para condecorar a toda la tripulación con la Cruz de Hierro de 2ª Clase, en tanto que Prien recibía la Cruz de Caballero del propio Führer.
El hundimiento del Royal Oak demostró que el submarino era un arma de gran potencial y que la expansión de las construcciones de este tipo era una prioridad urgente. Por suerte para los aliados, el programa de construcción de U-boot no bastó para cubrir las pérdidas y la amenaza submarina pudo ser vencida.
Prien tuvo poco tiempo para saborear su triunfo. Continuó al mando del U-47 y protagonizó 18 meses de intensa campaña contra la navegación aliada, pero el 8 de marzo de 1941 el destructor HMS Wolverine, que escoltaba el convoy OB 293, hundió al submarino con cargas de profundidad tras una larga persecución. No hubo supervivientes, ocho de las víctimas, incluido el propio Prien, habían formado parte de la tripulación que hizo posible el episodio de Scapa Flow.
Günter Prien y su tripulacion al su llegada a Wilhelmshaven