In Memoriam

Lunes, 02 de abril de 2007

Por xicu41 @ 1:15


U-99 Atlántico Norte


Kapitänleutnant Otto Kretschmer


A las 08:06 horas del 8 de julio de 1940, el Kapitänleutenant Otto Kretschmer en aquella su primera patrulla merodeando por el Atlántico Norte, escribió en su diario:
«Ruidos de motor acercándose por estribor. Ordené ajustar la profundidad a 30 metros. Creo que mi tripulación va a recibir esta vez su bautismo con cargas de profundidad. Los escoltas se aproximan a la posición de ataque».
Minutos después, el submarino se vio sacudido con violencia por la explosión de las primeras cargas de profundidad. Fue el comienzo de una terrible prueba que duraría 20 horas. Completamente merced de sus atacantes, Kretschmer y su tripulación, pálidos y sin afeitar, débilmente iluminados por la luz eléctrica, sólo podían sentarse y esperar sudorosos y apretujados dentro de la estrecha nave. El radioperador jefe Jupp Kassel escuchaba con atención en el equipo de hidrófonos del submarino a las excitadas tripulaciones de los barcos de arriba. Cada vez que se daba su grito de «atacantes arriba, señor», sus hombres se abrazaban esperando lo peor. Y cada una de las veces, las cargas caían lejos del objetivo,
Tras lanzarse durante dos horas las cargas de profundidad, empezó a fallar la reserva de oxígeno del submarino. La tripulación se puso sus mascarillas —sujetas a purificadores de aire— y se quedó sentada en las literas para conservar el aire restante. Gradualmente se agotaban las baterías, que sólo podían recargarse en superficie. A medida que perdía corriente el submarino se hundía a más profundidad, incapaz de avanzar con la suficiente cantidad de movimiento para mantener el nivel. Si se hundiera el barco por debajo de una profundidad crítica, la presión del océano partiría las chapas del casco, condenando a la tripulación a una muerte segura.



Tripulacion del U-99 en Kiel



Como sabía que salir a la superficie a la vista de los escoltas británicos equivalía a rendirse, Kertschmer se atenía a su juego de espera descorazonadora, hasta el límite de resistencia de su tripulación. Hasta las 03:30 horas del 9 de julio, no se sintió seguro por fin en la superficie. La tripulación trepó por la torreta para salir del maloliente interior del submarino y respirar bocanadas de fresca brisa marina. Kretschmer escribió: «nos sentíamos como un pollo el día antes de Navidad». Esta experiencia de ser objeto pasivo de un ataque, el cazador cazado, no sería fácil de olvidar para el capitán.
Dos días después, el U-99 recibió la orden de poner fin a su primera patrulla que, aparte del incidente antes relatado, había sido un gran éxito: un total de siete barcos mercantes hundidos en una semana. Sin embargo, el U-99 no iba a volver a su base original en Kiel, en la costa Báltica. El almirante Karl Dónitz, cerebro alemán de la guerra submarina, había elegido un nuevo cuartel general para atacar
los convoyes en el Atlántico: Lorient, en la Francia ocupada por los alemanes.
Dónitz estaba convencido de que operando desde Lorient, sus submarinos U podrían hundir suficientes barcos como para poner de rodillas a los británicos. Su flota andaba escasa de submarinos, pero contaba con las extraordinarias cualidades de combate de sus oficiales y sus hombres para superar las deficiencias materiales. Los más sobresalientes de entre los ases de submarino: el bravucón Joachim Schepke, comandante del U-lOO; Günter Prien, un nazi convencido, ya famoso por el hundimiento del Royal Oack en Scapa Flow a principios de la guerra, y Kretschmer el más brillante e innovador capitán de submarinos.
El 24 de julio, el U-99 salió de Lorient en su segundo viaje atlántico. Curiosamente la tripulación llevaba uniformes ingleses, capturados durante la invasión de Francia por los alemanes en 1940. No había disponibles uniformes alemanes convenientes para reemplazar sus uniformes, irrecuperables tras la primera patrulla.






A las 11:00 horas del 31 de julio, Kassel detectó el sonido de motores de un convoy por los hidrófonos. Comenzó entonces un mortal juego al escondite entre el cazador solitario y el grupo de mercantes con sus escoltas vigilantes. A las 14:00 horas el U-99 se encontró en medio de la ruta del convoy, viéndose obligado a sumergirse a unos 100 metros de profundidad mientras sobre ellos pasaban los mercantes. Cuando Kretschmer hizo volver al submarino a la profundidad de periscopio, no pudo evitar escoger un lento carguero, el Jersey City, y el U-99 se vio a su vez sometido a un ataque con cargas de profundidad de una hora y media. Tras sobrevivir a este asalto, el U-99 volvió a la superficie a toda velocidad para capturar a su presa, y de nuevo se vio obligado a sumergirse apresurándose para evitar el bombardeo de un hidroavión Sunderland. Hacia las 21,00 horas cuando al fin pudo salir a superficie Kretschmer, se había perdido todo contacto con el convoy.
Pero la tripulación del U-99 tenía una capacidad magistral para rastrear a los mercantes en el Atlántico. Durante toda la noche hizo avanzar Kretschmer el submarino, en superficie y a toda velocidad, en la dirección estimada del convoy. Justo al amanecer, se sumergió momentáneamente para permitirle a Kassel que examinara con los hidrófonos las señales enemigas; y luego, de nuevo en superficie, continuó su persecución. Pronto sus vigías, con fama de ser los mejores de la flota de submarinos U, atisbaron los penachos de humo.
Les llevó el resto del día maniobrar para ponerse por delante del convoy. Cuando cayó la noche, la nave estaba en perfecta posición de ataque, pero Kretschmer esperó aún. A medianoche, se retiró la escolta para proteger otro convoy, quizás más vulnerable.
Había llegado para Kretschmer el momento ideal de experimentar nuevas tácticas de ataque. Para asombro de su tripulación ordenó navegar directamente al centro del convoy y en superficie. El U-99 avanzó casi rozando las proas de 20 mercantes en la oscuridad, con altas probabilidades de colisionar. Kretschmer estaba decidido a acercarse a los blancos para obtener el máximo de impactos.






Cuando el primer torpedo hundió la popa de un buque tanque, los otros mercantes maniobraron furiosamente para evitar el ataque. Fue en vano, en 30 minutos, se hundieron en llamas otros dos tanques, otros dos habían colisionado en la confusión general. El avance de un destructor británico a toda velocidad forzó la retirada del U-99 pero Kretschemer consideró un éxito su experimento.
Cuando el U-99 volvió a Lorient el 8 de agosto, los hombres fueron recibidos como héroes. Habían hundido, en una sola misión, más tonelaje de barcos que ningún otro submarino. Todavía con uniformes británicos, formaron ante el nuevo comandante en jefe de la Marina alemana, almirante Raeder, que felicitó a la tripulación y condecoró a Kretschmer con la Cruz de Caballero.
La senda victoriosa del U-99 continuó en Septiembre y la tripulación salió a su cuarta patrulla plenamente confiada el 14 de octubre. Hacia el 18, nueve submarinos atacaban con sigilo el convoy SC7, intercambiando señales y manteniéndose en estrecho contacto, aunque perdiéndolo a veces. Entre los submarinos estaba el U-lOO con Schepke al mando. El convoy estaba bien defendido, con una escolta notable de destructores, así que a la “manada de lobos” le llevó su tiempo. Finalmente, al atardecer del 19 de octubre, comenzó el asalto. Fue una de las clásicas incursiones de superficie de Kretschmer.
Mientras otros submarinos lanzaban sus torpedos desde fuera del convoy, el U-99 se deslizó hacia la escolta británica. Se veía con claridad contra la luna la silueta de dos destructores británicos, uno a la cabeza del convoy y otro a estribor. Kretschmer se dirigió con rapidez hacia el espacio que los separaba, rezando para que ningún vigía avistase su baja cubierta, En cuestión de minutos, el U-99 se metió en el grueso del convoy. Kretschmer dirigió las operaciones desde la torre de mando, mientras veían barcos saliendo de la oscuridad, a su alrededor. Primero, el teniente Bargsten introdujo los datos de objetivo en el dispositivo automático de puntería. Entonces, mientras el U-99 se lanzaba al ataque a toda velocidad, comenzaron a hundirse los barcos. El carguero Sedgepool, alcanzado en proa por un torpedo, se hundió en vertical como una gigantesca ballena. Otro barco, partido en dos, se hundió casi inmediatamente.



HMS Walker



Un tercer barco explotó de forma espectacular, convirtiéndose en una bola de fuego y humo. Muchas veces parecía fallar el mecanismo automático, fallando blancos muy próximos. Entonces Kretschmer ordenaba un disparo con apunte manual y casi adivinando el objetivo. Sin embargo, la tasa de aciertos era de casi el 100%. En un momento dado, Kretschmer ordenó a gritos al timonel un giro brusco y, a la vez, el disparo de uno de los torpedos de popa. A unos 200 metros por detrás del submarino, explotó en el centro de un carguero que comenzó a hundirse.
Los barcos escolta británicos concentraron su atención en los submarinos que atacaban desde el exterior, La tripulación del U-99 podía ver las bengalas luminosas y escuchar las explosiones de las cargas de profundidad a medida que los destructores salían a defender el convoy. Nada hacía esperar a la Royal Navy un atacante desde el interior de su pantalla protectora. Kretschmer sabía que, sin embargo, el enemigo acabaría dándose cuenta de los que pasaba y hacia la 01:30 horas del 20 de octubre redujo la velocidad, dejando que el convoy pasara por encima de él y desapareciera: una forma sencilla y elegante de abandonar la acción. Un pequeño carguero rezagado fue víctima del último torpedo del U-99 y el submarino fijó rumbo al puerto. De los 17 barcos británicos hundidos esa noche, el U-99 podía adjudicarse al menos nueve.
Por aquel entonces Kretschmer ya era famoso. En noviembre, después de otra patrulla en que el U-99 hundió dos cruceros mercantes armados, voló a Berlín para recibir la condecoración del propio Hitler. De vuelta en Lorient, Prien, Schepke y Kretschmer celebraron su victoria en un restaurante haciendo frívolas apuestas sobre quién llegaría primero a hundir 260.000 toneladas de barcos.
Pero al caer el invierno en el Atlántico Norte, se ensombreció su optimismo. Patrullando de nuevo el 27 de noviembre, el U-99 tuvo que luchar con un tiempo infernal. Durante muchos días, los oficiales y vigías en la torre de mando tenían que encadenarse al barco para evitar que los arrastrasen las olas. Casi era más importante sobrevivir al océano que buscar al enemigo. Sin embargo, a pesar de las condiciones climatológicas el U-99 consiguió hundir casi 35.000 toneladas de barcos durante esta patrulla, no sin bordear la catástrofe.



Placa de los Unterseeboot, concedida tras dos patrullas o un ataque con exito


El 8 de diciembre se vio sorprendido por los barcos escoltas ingleses, obligándole a sumergirse apresuradamente. El mal tiempo había inutilizado el periscopio principal de Kretschmer, así que, bajo el agua estaba ciego. Al no oír nada por los hidrófonos, corrió el riesgo y salió a la superficie, para encontrarse con dos barcos británicos esperándole a menos de 1,5 km con los motores parados. El U-99 se sumergió de nuevo, pero ya le habían detectado y le atacaron con cargas de profundidad, saliendo vivo gracias a su buena suerte.
Dónitz era muy consciente de las increíbles tensiones impuestas a las tripulaciones y comandantes de submarino en sus constantes patrullas atlánticas. Cuando regresó a Lorient el U-99, el almirante intentó persuadir a Kretschmer para que aceptase un nombramiento en la costa. Kretschmer rehusó aceptando sin embargo para él y sus hombres descanso de sus fatigas bélicas. Fue un descanso bien recibido y cuando la tripulación se volvió a reunir a finales de enero de 1941, eran visibles los positivos efectos de las vacaciones. Schepke y Prien estaban allí para recibir a Kretschmer y para pagarle: había ganado la apuesta de las 250.000 tm. Como había muchos puros y brandy, al volver de nuevo a la acción era muy alta la moral de la tripulación del U-99 y de su comandante. El 22 de febrero salió de Lorient el U-99 saludado por los sones de una banda militar, que tocaba la «Marcha Kretschmer>, compuesta especialmente para el caso.
Iba a ser su último viaje. Desde el momento de la partida, períodos de niebla y galernas dificultaron la tarea de los marinos del U-99. Además, las fuerzas antisubmarinas británicas crecían cada vez más, y estaban alerta. El 7 de marzo, el U-99 sobrevivió de nuevo por muy poco a un ataque con cargas de profundidad; el U-47 de Prien no tuvo tan buena suerte, lo hundieron los escoltas del mismo convoy. Al pasar los días sin contacto por radio con Prien, Kretschmer comprendió el trágico destino de su compañero.
Hacia el 15 de marzo, el U-99 se acercaba al final de un patrullaje relativamente infructuoso, cuando recibió un mensaje informándole de un convoy avistado al sur de Islandia. A la mañana siguiente estaban Kretschmer y Schepke en la flotilla de submarinos que merodeaba en torno al convoy, estorbados por los ataques de los Sunderland y los destructores de la escolta.



Capitan D. MacIntyre (HMS Walker)



Debido a un mal trabajo de un vigía, cosa inusual, el U-99 perdió el contacto con el convoy por la tarde, pero poco después de anochecer, volvió sobre la pista de su presa y atacó inmediatamente.
Kretschmer torpedeó un barco tanque, que inmediatamente explotó y ardió en una llamarada. Temeroso de que pudieran descubrirle a la luz de las llamas, Kretschmer se sumergió momentáneamente en la oscuridad tras el convoy, pero comenzó en ese momento un devastador recorrido en su avance a través de la formación, hundiendo otros dos buques tanque y dos cargueros. Al U-99 sólo le
quedaba un torpedo. Kretschmer eligió un buque en la cola del convoy y lo partió en dos, con un impacto de torpedo en el centro. Al U-99 sólo le quedaba darse media vuelta, abandonando el barco naufragando y en llamas, y volverse a Lorient.
Sin saberlo, al alejarse del convoy se estaba acercando al U-lOO de Shepke, que estaba en dificultades. Schepke subió a la superficie para inspeccionar los daños del ataque con cargas de profundidad que le había hecho el HMS Walker. A pesar de la luna llena, no esperaba que le descubriese. Pero por una vez, el primitivo radar de los escoltas británicos, por lo normal inútil a la hora de detectar un submarino, descubrió un blanco. Guiado por su operador de radar, el destructor HMS Vanoc se lanzó sobre el U-lOO a toda velocidad. El submarino no tenía tiempo para evitar el ataque, y recibió el golpe de la proa del destructor directamente sobre la torre de mando. El impacto alcanzó a Schepke, arrancándote las piernas. El U-lOO se hundió, mientras el HMS Walker se acercaba para unirse al HMS Vanoc.
En ese momento y desconociendo la dramática situación, el teniente segundo Petersen, vio los dos destructores apenas a 700 metros y ordenó de inmediato sumergirse apresuradamente.
El HMS Walker reveló la presencia del submarino, y el destructor se lanzó al ataque con cargas de profundidad.
Las primeras explosiones sacudieron violentamente al U-99. El segundo ataque fue todavía más preciso. Entró agua y aceite en el barco al romperse tanques y tuberías. Las arrolladoras ondas de agua rompieron instrumentos, informando el ingeniero de que se habían parado los motores.


Prisioneros del U-99 a su llegada a Liverpool



Sin energía, Kretschmer se enfrentaba a una dura elección, llenar de aire los tanques de flotación y salir a la superficie o hundirse hasta el fondo del océano. Eligió la superficie y la rendición inevitable.
Afortunadamente para la tripulación el U-99 emergió bastante lejos del HMS Walker, estando los hombres a cubierto del fuego el tiempo suficiente para emitir la señal de rendición. Kretschmer fue subido al destructor con toda su tripulación salvo 3 de sus hombres.
Tres días después el HMS Walker ancló en Liverpool. La tripulación del U-99 se vio obligada a marchar por las calles de la ciudad, increpada por una multitud que los consideraba asesinos. A Kretschmer le retiraron para interrogarle. Ninguno de ellos pudo participar de nuevo en la guerra, Kretschmer y sus hombres con su dedicación y sus técnicas de combate, habían hecho estragos en los convoyes que cubrían la ruta entre América y Gran Bretaña.



MacIntyre devuelve a Kretschmer sus prismaticos en una reunion en Londres en 1.955




OTTO KRETSCHMER
En 1936, a la edad de 24 años, Otto Kretschmer se presentó voluntario al entrenamiento de dotaciones de submarinos U. Frío, confiado y dedicado por entero a su carrera, Kretschmer ascendió rápidamente a comandante de submarino (el U-23), una nave de 250 toneladas dedicada a ataques costeros. Desde los inicios de la II Guerra Mundial, se vio envuelto en operaciones en el Mar del Norte, y en torno a las islas Shetlands y Orkneyss, consiguiendo algunos triunfos notables, en particular al hundir en febrero de 1940, el destructor britamco Daring. En abril de 1940 asumió el mando de un nuevo submarino destinado al Atlántico, el U-99. Sus éxitos
en el Atlántico, en los años siguientes, le hicieron famoso. A Krestchmer no le gustaba el estilo algo indisciplinado y comportamiento relajado que adoptaron algunos comandantes de
submarinos U, manteniendo a sus hombres vestidos estrictamente de uniforme, y con un comportamiento disciplinado, siempre que
fuera posible. Su única autoconcesión era su pasión por los puros:
fumaba como un poseso en la torre de mando durante las operaciones en superficie. En esa época su carrera llegó al fin, al ser
capturado en marzo de 1941, y se le reconoce el hundimiento de unas 350.000 toneladas en naves británicas, lo que posiblemente le convierte en el mayor as alemán de la guerra.

COMENTARIOS

Jueves, 23 de agosto de 2007

Por Rata @ 2:57


Extraordinario Comandante, un VENCEDOR en todas las etapas de su vida. Caballero por excelencia.
A mi criterio hombre dotado de una gran inteligencia y habilidad para resolver las situaciones tacticas mas dif?ciles, un genio para el ataque.
Amplio conocedor del Arma Submarina.
Todo un ejemplo.

Viernes, 25 de julio de 2008

Por Fernando @ 1:14


Exelente articulo. Muchas felicitaciones. Apasionante.

Mi?rcoles, 03 de septiembre de 2008

Por lautaro @ 1:58


un comandante por exelencia, que buen articulo

S?bado, 06 de septiembre de 2008

Por ADRIMAU 1616 @ 5:38


Excelente articulo,muestra las cualidades y la excelente capacitaci?n del As de la fuerza submarina alemana.-
Caballero con sus vencidos y ejemplo con sus subordinados.-
Reconocido y respetado por sus adversarios.Una pena su inesperada partida,
Desde Argentina envio el recuerdo a este marino ejemplar.-

S?bado, 09 de mayo de 2009

Por Sergio MIGUELEZ @ 2:32


Excelente rese?a de la participaci?n en la guerra de este EXTRAODINARIO HOMBRE Y COMMANDANT DE U-BOAT. Lejos por mucho, el m?s grande AS de los mares del norte. Sin ser un paridario del NAtionalsoZIalistische, luch? con bravura defendiendo a la MADRE PATRIA. Todo un ejemplo de abnegaci?n y subordinaci?n para defender su tierra. Desde ARGENTINA (asilo de muchos bravos camaradas alemanes) me quito el sombrero y saludo a MEIN COMMANDANT KRETSCHMER. HEIL!!!!
PD: La historia del Korvetten-Kapitan KRETSCHMER se encuentra impresa en la obra "LA HERADURA DORADA" (tal cual era su emblema en la torreta del U-BOAT) o "GOLDEN HORSESHOE" por Robertson, Terence.

Martes, 12 de enero de 2010

Por Invitado @ 17:21


Magnifico articulo, no nos equivoquemos, esta forma de pensar y actuar es propia de la Marina Alemana de siempre,forma parte de su idiosincrasia ejempl: Bernhard Rogge (Comandante del "ATLANTIS" HilfsKreuzer,Ex-Goldenfels). Yo como aficionado al Maquetismo Naval, tengo el Honor/placer,de haber construido un Tip-VII,en su inicio fu? el U-47, tras la remodelacion pertinente Torreta, armamento etc, se ha convertido en U-99. E/ 1/70, y por a?adidura, el "ATLANTIS" en 1.70 Mtr.con planos de "Deutches Sichffahrtmuseum de Bremerhaven" proyecto en fase de construccion 3/4 partes,ambos navegables.Cierto es que la guerra es algo que degrada a la HUMANIDAD, pero dentro de esta situacion se puede obrar de una manera o de la contraria, y si hay algo que merece el respeto, es la Caballerosidad y Honor conque se distinguieron estos dos Marinos . Mis dos maquetas estan realizadas "IN MEMORIAM" y a todos los Marinos que lucharon en La II Guerra Mundial.
Francisco Sancho Jolis