In Memoriam

Martes, 24 de abril de 2007

Por xicu41 @ 0:47


Midway


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A los seis meses de guerra en el Pac?fico, Jap?n dominaba la cadena de islas y archipi?lagos que media entre Okinawa y Australia, hab?a desembarcado en Nueva Guinea y ocupado Hong-Kong, Malasia y Singapur; su dominio de las rutas mar?timas era total salvo en un extremo. La flota de portaviones norteamericana no se encontraba en Pearl Harbor el d?a del ataque con que se inici? la contienda. Las tres portaeronaves del Pac?fico, Enterprise, Hornet y Yorktown, eran todo lo que ten?a EE. UU. entre Hawaii y la costa californiana.
La estrategia japonesa se reduc?a, pese a sus victorias iniciales, a una guerra de aguante y destrucci?n de las fuerzas adversarias, no tanto para atacar directamente EE. UU. como para resistir indefinidamente en sus aguas hasta que Washington accediera a una paz entre iguales. En estas condiciones ten?a ante s?, en mayo de 1942, dos opciones contrapuestas. La primera, la consolidaci?n de lo ya conquistado a la espera de la ofensiva norteamericana. La segunda era forzar a EE. UU. a una batalla naval en la que se vieran obligados a exponer el grueso de sus fuerzas.
Para esto, el comandante en jefe de la Flota Imperial, Yamamoto, concibi? el ataque contra el atol?n de Midway, situado en la l?nea del meridiano que parte en dos el Pac?fico y puerta de las aguas californianas. Acertadamente, el gran estratega japon?s supon?a que Washington echar?a sus portaviones a la gran hoguera en que se convertir?a aquella parte del Pac?fico.
Dos hechos fundamentales decidir?an el curso de la acci?n. El 18 de abril de 1942, los bombarderos del teniente coronel Doolittle hab?an atacado Tokio. Los da?os hab?an sido insignificantes para unos aparatos que agotaban su radio de acci?n en una cabalgada m?s pol?tica que militar, pero el orgullo japon?s se ve?a humillado.
A comienzos de mayo, en el Mar del Coral, se produc?a la primera batalla aeronaval de la historia. En ella, japoneses y norteamericanos perd?an un portaviones por bando, y algunos buques menores, en un encuentro que, aparentando tablas, daba un tiempo precioso a Washington para el rearme de su contingente naval.



La tripulacion abandona el portaviones USS Lexington durante la batalla del Mar del Coral (7-8 de mayo de 1.942)
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Era necesario, urg?a Yamamoto, asestar el golpe definitivo a los aer?dromos flotantes del enemigo antes de que fuera tarde.
El plan de Tsoroku Yamamoto era ocupar y destruir las instalaciones norteamericanas en Midway provocando la concentraci?n de la flota enemiga en la defensa del atol?n y consiguiendo as? la destrucci?n final de ?sta. Para ello se establecer?a una cortina de quince submarinos en tres grupos entre la isla y la costa de EE. UU., al tiempo que el almirante Chuichi Nagumo llevaba la parte central de la batalla con cuatro portaviones, dos acorazados, tres cruceros y doce destructores. A esta fuerza le corresponder?a destruir con sus aviones las defensas a?reas del atol?n y hundir los portaviones americanos.
En su retaguardia formar?a la escuadra de Yamamoto, comandante en jefe de la operaci?n, con tres grandes acorazados, otro portaviones, un crucero ligero, 9 destructores, un portahidroaviones y un portasubmarinos enanos.
Paralelamente, por el sur avanzar?a sobre Midway el grupo de Kondo, con dos acorazados, un sexto portaviones, diez cruceros, veinte destructores, doce transportes de tropas, cuatro patrulleros, un petrolero, varios buques auxiliares.., y la misi?n de ocupar f?sicamente el islote. Por ?ltimo, Takasu mandaba la cuarta escuadra japonesa, dotada de cuatro acorazados, dos cruceros y doce destructores, con la misi?n de apoyar a la Fuerza del Norte encargada de ocupar las islas Aleutianas, lo que completar?a el despliegue de lo m?s granado de la Flota Imperial.
Los norteamericanos, que hab?an logrado descifrar el c?digo de comunicaciones enemigo y ten?an suficiente aviso de lo que se avecinaba, hab?an dispuesto diecinueve submarinos, tambi?n en tres grupos, formando un arco protector entre Midway y la avanzada de Nagumo, en una t?pica pirueta que har?a del supuesto cazador una presa acechada. Por el norte, a unas 200 millas de Midway, llegaban la Fuerza Operativa de Spruance, con dos portaviones, seis cruceros y nueve destructores, y la de Fletcher, con otro portaviones, dos cruceros y seis destructores, apostados en una trayectoria que les permitir?a interceptar con sus aviones a los barcos de Nagumo cuando ?stos buscaran al enemigo en las proximidades del atol?n.



Douglas TBD-1 "Devastator" sobre la cubierta del USS Enterprise
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La dispersi?n de sus buques ordenada por Yamamoto hac?a que la desproporci?n de fuerzas resultara m?s aparente que real. A la hora de la verdad, ser?an los barcos de Nagumo y, en particular, los portaviones Akagi, Hiryu, Soryu y Kaga los que llevar?an el peso del encuentro con los tres grandes buques norteamericanos, sin que los acorazados de Yamamoto, demasiado lejos para actuar e incluso para llevar un control directo de la acci?n, pudieran intervenir decisivamente.
El almirante norteamericano Chester W. Nimitz, en cambio, sin moverse de Hawaii y gracias a las buenas comunicaciones del bando estadounidense, controlar?a mejor la batalla, al tiempo que daba un gran margen de libertad a Fletcher y Spruance.
La fuerza se hallaba, a las 4.30 de la madrugada del 4 de junio, a 240 millas al noroeste de Midway en posici?n de lanzar su primera oleada de aviones, formada por 72 bombarderos y 36 cazas Zero. Al mismo tiempo, comenzaba a prepararse el contingente de la segunda oleada, formada por 54 bombarderos, 18 de los cuales iban armados con torpedos, y otros 36 cazas. Para patrullar el cielo en torno a la flota quedaba tan s?lo una docena de Zeros; puede parecer una protecci?n insuficiente, pero hay que tener en cuenta que la flota japonesa no conoc?a a?n que hubiera ninguna escuadra norteamericana en los alrededores.
En realidad, la flota de Fletcher s?lo se hallaba a unas 215 millas en ruta relativamente convergente; y mientras un avi?n explorador japon?s oteaba sin suerte las aguas, un Catalina de la patrulla de vigilancia de Midway descubr?a los portaviones enemigos a las 5.34 de la madrugada, y minutos despu?s a la gran flota a?rea que volaba hacia el atol?n. La alarma estaba dada para que el gran cazador fuera quien cayese en la trampa.
El primer combate de la batalla de Midway se libr? hacia las 6, a pocos minutos de vuelo de la isla, entre los 27 cazas de la defensa norteamericana y la primera oleada japonesa. Los Buffalo y Wildcat, modelos anticuados, poco pod?an hacer contra los escurridizos Zero; y, en una sucesi?n de duelos individuales, 17 defensores ca?an envueltos en llamas contra s?lo dos cazas japoneses, que en realidad derribar?a posteriormente la defensa antia?rea.



Cubierta del Enterprise
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La primera oleada llegar?a, por tanto, sin mayores da?os sobre el islote a las 6.28, donde otra vez ve?a c?mo se les hab?a escapado el objetivo m?s precioso: las formaciones de bombarderos que, sin que ellos lo supieran, volaban ya en busca de la flota japonesa.
Los resultados del bombardeo, aunque graves en lo que afectaba a las instalaciones de servicio, hangares y almacenes, no hab?an da?ado el aer?dromo ni el radar, por lo que al regresar a sus bases los aviones japoneses, con una p?rdida total de cuatro bombarderos y dos cazas, los defensores pod?an pensar que hab?an salido bien librados, excepto en lo referente a su cobertura de caza. S?lo seis aparatos quedaban ?tiles para afrontar una segunda oleada, que los mismos japoneses consideraban inevitable. Mientras tanto, la primera escuadrilla de Midway llegaba a la vista de su objetivo.
De los 53 aviones norteamericanos que volaban hacia su presa, los primeros en encontrarla fueron 6 Avengers y 4 Marauders, todos ellos bombarderos ligeros armados con torpedos; pero los atacantes, sin protecci?n de caza, eran un tiro al blanco para los Zero. Minutos despu?s de las 7, hora en que empez? el ataque, s?lo tres aparatos regresaban a Midway y a?n uno de ellos se estrellar?a al aterrizar, sin que los grandes buques japoneses sufrieran el menor da?o.
Nagumo se dispon?a entonces a lanzar su segunda oleada contra la isla cuando el avi?n explorador japon?s hizo un portentoso anuncio: flota enemiga a unas 200 millas, avanzando a 20 nudos hacia los barcos japoneses. El almirante ten?a que decidir entre enviar sus aparatos cargados de bombas contra Midway o reequipar al menos a una parte con torpedos para hacer frente a la nueva amenaza. Nagumo no tuvo tiempo de decidir el arma, porque la segunda pasada norteamericana estaba ya a la vista. Diecis?is bombarderos Dauntless, tan mal protegidos como los anteriores, atacaban en dos grupos concentrando su fuego en el portaviones Hiryu; pero, una vez m?s, los Zero har?an pedazos a la tropilla destruyendo diez bombarderos, mientras el gran buque registraba tantos impactos a su alrededor que por un momento las columnas de agua lo ocultaron del resto de la flota.



Torpedero Kate bajo fuego
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Cuando se disip? la cortina fluida, el Hiryu segu?a intacto y los supervivientes americanos se replegaban hacia Midway cosidos a agujeros. Uno de los seis que llegaron al atol?n presentaba 259 impactos. Eran las 8 de la ma?ana y las sorpresas distaban mucho de haber tocado a su fin. Tras los Dauntless llegaban 16 fortalezas B-17, que, desde m?s de 6.000 metros, nada ten?an que temer de la artiller?a de a bordo ni de los Zero, incapaces de alcanzar esa altitud en el corto tiempo disponible. Pero tampoco sufrieron ning?n da?o los portaviones, pese a que a su regreso a Midway los pilotos dieran cuenta de fant?sticas proezas y afirmaran haber hundido a media flota japonesa.
A las 8.09, el avi?n explorador japon?s informaba de que en la flota enemiga no hab?a m?s que cruceros y destructores, lo que parec?a resolver los problemas de Nagumo. Primero se destruir?a Midway y luego habr?a tiempo para atacar con torpedos a los buques norteamericanos. Al mismo tiempo, se produc?a el ?ltimo sacrificio de los aviones del islote. Once bombarderos Vindicator trataban in?tilmente de alcanzar al acorazado Haruna y tres de ellos no regresar?an a sus bases.
A las 8.20, el avi?n explorador detectaba por fin la presencia de, al menos, un portaviones norteamericano, lo que cambiaba de nuevo el panorama. Nagumo ten?a, adem?s, un problema adicional: la llegada de la primera oleada que hab?a atacado Midway, que deb?a aterrizar o, por falta de combustible, enterrarse en el mar. Tras unos minutos de ag?nica indecisi?n, el almirante optaba por limpiar cubiertas de su segunda oleada para acoger a los peregrinos y s?lo entonces disponer sus fuerzas para atacar a la flota enemiga.
A las 9.18, los aviones que volv?an de Midway hab?an sido recobrados y se empezaba a formar el grupo que atacar?a a la flota norteamericana, compuesto por 36 bombarderos Val, 54 Kates armados con torpedos y una escolta de 12 Zeros, que era todo de lo que Nagumo pod?a prescindir para no dejar la flota sin protecci?n a?rea. Poco antes se hab?a informado por radio a Yamamoto de que los buques enemigos en lontananza eran la m?xima prioridad atacante. A las 10.30 deb?a despegar el contingente.



USS Yorktown atacado por los bombarderos del Hiryu
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Al tener conocimiento de la presencia de portaviones japoneses, el contralmirante Fletcher, al mando del Yorktown, enviaba a Spruance con el Hornet y el Enterprise hacia el sudoeste con una cobertura de seis cruceros y nueve destructores en busca de la flota enemiga. Mientras tanto, el Yorktown recuperar?a sus aparatos de patrulla y preparar?a la segunda oleada. Spruance calculaba que tendr?a sus barcos a distancia ideal para el ataque hacia las 9 de la ma?ana, de forma que los cazas de corto alcance pudieran hacer el viaje de ida y vuelta, pero la evidencia de que los japoneses le hab?an descubierto obligaba a jugarse el todo por el todo. Por esta raz?n, a las 7 comenzaban a despegar de sus naves las formaciones a?reas aun sabiendo que muchos pilotos dif?cilmente tendr?an combustible para hallar la pista de regreso. El Hornet pon?a en el aire 35 Dauntless, 10 cazas Wildcat y 15 Devastator, mientras que el Enterprise sumaba sus 35 aparatos de la primera clase, 14 torpederos Devastator y otros 10 Wildcat. En total, 119 aviones de combate. Spruance hab?a dejado tan s?lo 34 cazas para la protecci?n de la flota, apostando a que la rapidez del que pega primero ser?a decisiva para que no hubiera contraataque japon?s. Aquellos minutos encerraban la clave de lo que pasar?a m?s tarde. Ambas flotas se sab?an al alcance la una de la otra y, como dos pistoleros del viejo Oeste, deb?an fiarlo todo a la rapidez con que sacaran sus herramientas de combate. Pero, mientras Spruance desenfundaba con arrojo, Nagumo quer?a tomarse todo el tiempo necesario para completar su panoplia de a bordo. El viejo ?pistolero? hab?a perdido los reflejos.
A las 8.38, el Yorktown, que ya hab?a recobrado todos sus aparatos de vigilancia, lanzaba una fuerza de 17 Dauntless, 12 Devastator y 6 Wildcat, guardando una fuerte reserva para la segunda oleada, cuando los japoneses creyeran que ya lo hab?an visto todo.
Paralelamente, la flota japonesa hab?a variado ligeramente de rumbo derrotando al norte, con las m?s imprevisibles consecuencias. La mayor parte de los aparatos del Hornet, lanzados en formaciones sucesivas, hallar?a ?nicamente el azul del mar donde se supon?a que aguardaban los buques japoneses, como inocentes patos en un estanque.




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De entre todos los comandantes de escuadrilla tan s?lo uno, para su desgracia, John C. Waldron, hab?a intuido correctamente el rumbo de los japoneses. Al mando de sus 15 Devastator, torpones y sin caza protectora, el resuelto piloto volaba hacia su destino.
M?s de 50 Zeros destrozaban a los 15 aviones atacantes, en segundos m?s que minutos, cuando a las 9.25 hicieron su aparici?n en el horizonte, sin que ninguno de los torpedos, que con determinaci?n suicida lograron descolgar, causara el menor da?o a los barcos de Nagumo. Eran ya las 9.35 cuando los primeros bombarderos del Enterprise llegaban a la vista del objetivo, sin que los 14 Devastator tuvieran mejor suerte que los anteriores, pues s?lo 8 volver?an a la base y ninguno de los siete torpedos lanzados contra el Hiryu har?a m?s que cortar la respiraci?n de los marinos japoneses, hasta que comprobaron que su r?pida maniobra dejaba perderse a los proyectiles enemigos en un rastro de inofensiva espuma. Pero, cuando el j?bilo de los hombres de Nagumo cre?a haberse ganado el derecho al reposo, una nueva oleada de aviones norteamericanos aparec?a en el cielo.
Hasta el m?s optimista de los comandantes japoneses comprend?a que, por muchas que fueran sus proezas defensivas, aquella guardia cerrada no podr?a mantenerse indefinidamente si las reservas del enemigo eran tan inagotables como parec?a. Pero la fortuna no hab?a abandonado a?n a Nagumo. La formaci?n de aviones del Yorktown era la primera en llegar integrada por bombarderos y cazas, con 13 Devastator y 6 Wildcat. Eran las 10 de la ma?ana. Pero los Zero, aunque exhaustos, segu?an siendo los due?os de la situaci?n y los cazas norteamericanos no pudieron dar ninguna protecci?n a su flota bajo el ataque de un enjambre de aparatos enemigos, que apenas hab?an sufrido bajas en los raids anteriores.
Hasta aquel momento, de m?s de 40 aviones torpederos, s?lo 6 hab?an sobrevivido; y de un total de 92 aparatos de todas clases, 55 hab?an sido derribados, sin que ni un solo blanco se hubiera producido en la flota japonesa. A las 10.25, Nagumo cre?a pasado lo peor, y ordenaba que el grueso de su fuerza a?rea se preparase a la destrucci?n de los portaviones enemigos, para, m?s tarde, ocuparse tranquilamente de Midway.



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Pero el almirante japon?s, al cabo de m?s de cinco horas de combate agotador y con toda su flota en confusi?n por la necesidad de esquivar el diluvio de hierro que les hab?a venido del cielo, hab?a olvidado una regla b?sica del combate aeronaval. Donde hab?a portaviones deb?a de haber tambi?n bombarderos en picado. Nagumo, acostumbrado a batir a los Devastator y Wildcat al nivel de las olas, hab?a dejado de mirar hacia las nubes.
McClusky con 37 Dauntless del Enterprise hab?a seguido el mismo rumbo que otras escuadrillas del Hornet, pero al virar en busca de la flota enemiga hab?a tenido la fortuna de hallar la estela de un destructor japon?s que se hab?a quedado atr?s y que ahora esprintaba para reunirse con sus hermanos mayores.
A m?s de 30 nudos, era la liebre que llevaba al galgo hasta la camada. Paralelamente, el comandante Leslie con 17 Dauntless del Yorktown llegaba a tiempo a su cita con los barcos de Nagumo. Ambas formaciones, ocultas en las nubes a m?s de tres mil metros, atacaron en rutas opuestas y convergentes cuando los portaviones ten?an a todos sus aparatos en cubierta o prepar?ndose para ser izados. Los Dauntless de Leslie eligieron al Kaga como v?ctima y en apenas unos segundos, hacia las 10.30 de la ma?ana, el portaviones encajaba cuatro impactos directos, convirti?ndose en una carcasa flotante. Al mismo tiempo, los bombarderos de McClusky se ensa?aban con el Akagi, el barco insignia de Nagumo, y el Soryu. El primero recib?a dos impactos directos, convirtiendo al buque en una antorcha. Con todo, el Kaga s?lo se hundir?a tras horas de esfuerzos por apagar los incendios, a las 19.25, y el Akagi era hundido por los torpedos de los propios destructores japoneses al salir el sol del d?a siguiente. El almirante Nagumo hab?a tenido que ser trasladado pr?cticamente a rastras al crucero Nagara, cuando ya se sent?a moralmente derrotado.
Tras atacar al Akagi, los bombarderos de McClusky hac?an tres blancos en el Soryu, cuya ?nica indicaci?n de que el cielo volv?a a ser enemigo hab?a procedido de las explosiones en el primer buque atacado.



USS Yorktown a punto de hundirse
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El capit?n Yaginamoto optar?a por hundirse con su barco a las 19.13 empu?ando la bandera y la espada de ceremonial. Con los tres grandes buques, casi 2.000 marinos se enterraban en las aguas y cerca de 200 aparatos les acompa?aban al costo de s?lo 9 de los aviones norteamericanos. Poco despu?s de las 10.30, de los cuatro portaviones japoneses s?lo quedaba a flote el Hiryu, mandado por el vicealmirante Yamaguchi. De su cubierta despegaban a las 11 h. 18 bombarderos Val con 6 Zero de escolta. El radar, con una detecci?n de 20 minutos de vuelo, negaba el efecto sorpresa y la caza americana hac?a trizas al grueso de esta fuerza; sin embargo, seis de los bombarderos hicieron tres impactos en el Yorktown, que, alcanzado en las calderas, quedaba inm?vil veinte minutos despu?s del ataque.
Incre?blemente, a las 13.40 el Yorktown hab?a reparado cuatro de las calderas y, aunque sin armamento ?til, marchaba a 18 nudos; ten?a reparada la cubierta, con algunos aparatos en ella, y pon?a rumbo a Pearl Harbor. En ese momento aparec?a la segunda mini oleada japonesa, con 10 torpederos Kate y 6 cazas Zero. Pr?cticamente lo ?nico que a?n volaba en la flota imperial. Cinco de los primeros lograron atravesar la cortina de cazas americana y dar con dos torpedos en el casco del portaviones, con lo que su ruina parec?a segura. A las 14.56 se daba orden de abandonar el buque, que no por ello se resignaba a hundirse. Mientras, a las 16.30, cinco Kate y tres Zero supervivientes volv?an al Hiryu. Los aviadores japoneses hab?an confundido al Yorktown reparado con otro portaviones nuevo, por lo que calculaban que, si a favor de la noche con los restos de su flota a?rea lograban hundir a un ?tercer? portaviones, la lucha quedar?a igualada y s?lo restar?a esperar la llegada de los
grandes buques de Yamamoto para decidir la batalla. Pero la ?ltima tentativa del Hiryu nunca ver?a la luz.
Aun antes de que los japoneses lanzaran su contraataque sobre el
Yorktown, Spruance andaba a la caza del ?nico portaviones enemigo a flote. El primer lanzamiento decisivo se hizo desde el Enterprise a las 15.30 con un total de 24 bombarderos, a los que
poco despu?s segu?an 16 del Hornet, unos y otros sin cazas, porque tambi?n los norteamericanos estaban llegando al l?mite de sus recursos.



Almirante Isoroku Yamamoto
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A las 17.03, cuando el Hiryu se preparaba para lanzar un avi?n explorador que diera las coordenadas para el ataque nocturno, los Dauntless del Enterprise hac?an el primero de sus cuatro impactos directos y, con el barco envuelto en llamas, iniciaban el ataque contra la cortina protectora de acorazados y cruceros, misi?n a la que se unieron los aviones del contumaz McClusky. Incre?blemente, ning?n buque result? alcanzado y la armada japonesa se retir? con el Hiryu a?n a flote, hasta el punto de que ?nicamente a las 5.30 del d?a 5 dos submarinos japoneses se decid?an a hundirlo con torpedos pese a que estaba a bordo el almirante Yamaguchi, que se hab?a negado a abandonar la nave. Unas horas antes, a las 2.55 de la madrugada, Yamamoto lo daba todo por perdido, despu?s de considerar durante unas horas la vana proposici?n de atraer a los buques americanos para batirles con la fuerza que a?n conservaba a su mando. Pero, si algo hab?a quedado claro en Midway, era que el fuego de los buques de superficie no pod?a hacer frente a los aparatos de los portaviones, y que s?lo la defensa a?rea, avi?n contra avi?n, pod?a tener la oportunidad del contraataque, destruyendo los aparatos enemigos. Sin aviones, Yamamoto y Nagumo optaban por el repliegue.
El ep?logo de la batalla no podr?a ya variar el curso de la misma, por sangriento que fuese. El crucero Mikuma ser?a hundido por las oleadas de Dauntless en la tarde del d?a 5, y un submarino japon?s, el I-168 del comandante Tanabe, colocar?a tres nuevos torpedos en el Yorktown el d?a 6, cuando fuerzas de socorro de Midway intentaban de nuevo salvar al buque. El portaviones no se hundir?a hasta las 6 de la madrugada del d?a 8, cuando ya la flota imperial se hallaba lejos del alcance de los aviones de Fletcher y Spruance.

Midway puede ser considerada leg?timamente el Trafalgar del siglo XX, la batalla en la que se decidi? la supremac?a naval en el Pac?fico y el curso de la guerra. Ello no significa que, de ganar la gran batalla los japoneses, el resultado de la contienda en Asia hubiera sido otro radicalmente diferente, pero s? que Tokio habr?a ganado el tiempo que necesitaba para una larga guerra de desgaste en la que Washington hubiera podido llegar a conformarse con menos que la victoria incondicional.



Almirante Chester W. Nimitz
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Martin B-26A ?Marauder?
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Bombardero torpedero
Envergadura: 19,81 m
Longitud: 17,75 m
Velocidad maxima: 510 km/h
Armamento: 4 ametralladoras de 12,7 mm, 1 torpedo de 900 kg



Gruman F4F-3 ?Wildcat?
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Caza embarcado
Envergadura: 11,58 m
Longitud: 8,76 m
Velocidad maxima: 512 km/h
Armamento: 6 ametralladoras de 12,7 en las alas



Douglas SBD ?Dauntless?
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Bombardero en picado embarcado
Envergadura: 12,65 m
Longitud: 10,06 m
Velocidad maxima: 395 km/h
Armamento: 2 ametralladoras fijas de 12,7 mm y 2 moviles de 7,7 mm en la cabina posterior. 1025 kg de bombas.



Douglas TBD-1 ?Devastador?
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Torpedero embarcado
Envergadura: 15,24 m
Longitud: 10,65 m
Velocidad maxima: 330 km/h
Armamento: 1 ametralladora fija de 7 mm y una movil de 12,7 mm en la cabina posterior. 1 torpedo de 454 kg.



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Aichi D3A1 ?Val?
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Bombardero en picado embarcado
Envergadura: 14,36 m
Longitud: 10,19 m
Velocidad maxima: 385 km/h
Armamento: 2 ametralladoras fijas de 7,7 mm sobre el motor y una fija de 7,7 mm en la cabina posterior



Nakajima B5N1 ?Kate?
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Torpedero embarcado
Envergadura: 15,51 m
Longitud: 10,30
Velocidad maxima: 380 km/h
Armamento: 1 ametralladora movil de 7,7 mm en la cabina posterior y un torpedo de 800 kg



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Articulo de
Miguel Angel Bastenier

COMENTARIOS

Martes, 27 de enero de 2009

Por juan b dermit @ 20:07


hola me permito felicitarlos por la pagina excelente.
juan dermit [email protected]