In Memoriam

Viernes, 27 de abril de 2007

Por xicu41 @ 11:04


Panzer rollen 21. Panzerdivision




Contraataque aleman en Normandia (Bayeux)




Villers-bocage


Martes, 24 de abril de 2007

Por xicu41 @ 0:47


Midway


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A los seis meses de guerra en el Pac?fico, Jap?n dominaba la cadena de islas y archipi?lagos que media entre Okinawa y Australia, hab?a desembarcado en Nueva Guinea y ocupado Hong-Kong, Malasia y Singapur; su dominio de las rutas mar?timas era total salvo en un extremo. La flota de portaviones norteamericana no se encontraba en Pearl Harbor el d?a del ataque con que se inici? la contienda. Las tres portaeronaves del Pac?fico, Enterprise, Hornet y Yorktown, eran todo lo que ten?a EE. UU. entre Hawaii y la costa californiana.
La estrategia japonesa se reduc?a, pese a sus victorias iniciales, a una guerra de aguante y destrucci?n de las fuerzas adversarias, no tanto para atacar directamente EE. UU. como para resistir indefinidamente en sus aguas hasta que Washington accediera a una paz entre iguales. En estas condiciones ten?a ante s?, en mayo de 1942, dos opciones contrapuestas. La primera, la consolidaci?n de lo ya conquistado a la espera de la ofensiva norteamericana. La segunda era forzar a EE. UU. a una batalla naval en la que se vieran obligados a exponer el grueso de sus fuerzas.
Para esto, el comandante en jefe de la Flota Imperial, Yamamoto, concibi? el ataque contra el atol?n de Midway, situado en la l?nea del meridiano que parte en dos el Pac?fico y puerta de las aguas californianas. Acertadamente, el gran estratega japon?s supon?a que Washington echar?a sus portaviones a la gran hoguera en que se convertir?a aquella parte del Pac?fico.
Dos hechos fundamentales decidir?an el curso de la acci?n. El 18 de abril de 1942, los bombarderos del teniente coronel Doolittle hab?an atacado Tokio. Los da?os hab?an sido insignificantes para unos aparatos que agotaban su radio de acci?n en una cabalgada m?s pol?tica que militar, pero el orgullo japon?s se ve?a humillado.
A comienzos de mayo, en el Mar del Coral, se produc?a la primera batalla aeronaval de la historia. En ella, japoneses y norteamericanos perd?an un portaviones por bando, y algunos buques menores, en un encuentro que, aparentando tablas, daba un tiempo precioso a Washington para el rearme de su contingente naval.



La tripulacion abandona el portaviones USS Lexington durante la batalla del Mar del Coral (7-8 de mayo de 1.942)
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Era necesario, urg?a Yamamoto, asestar el golpe definitivo a los aer?dromos flotantes del enemigo antes de que fuera tarde.
El plan de Tsoroku Yamamoto era ocupar y destruir las instalaciones norteamericanas en Midway provocando la concentraci?n de la flota enemiga en la defensa del atol?n y consiguiendo as? la destrucci?n final de ?sta. Para ello se establecer?a una cortina de quince submarinos en tres grupos entre la isla y la costa de EE. UU., al tiempo que el almirante Chuichi Nagumo llevaba la parte central de la batalla con cuatro portaviones, dos acorazados, tres cruceros y doce destructores. A esta fuerza le corresponder?a destruir con sus aviones las defensas a?reas del atol?n y hundir los portaviones americanos.
En su retaguardia formar?a la escuadra de Yamamoto, comandante en jefe de la operaci?n, con tres grandes acorazados, otro portaviones, un crucero ligero, 9 destructores, un portahidroaviones y un portasubmarinos enanos.
Paralelamente, por el sur avanzar?a sobre Midway el grupo de Kondo, con dos acorazados, un sexto portaviones, diez cruceros, veinte destructores, doce transportes de tropas, cuatro patrulleros, un petrolero, varios buques auxiliares.., y la misi?n de ocupar f?sicamente el islote. Por ?ltimo, Takasu mandaba la cuarta escuadra japonesa, dotada de cuatro acorazados, dos cruceros y doce destructores, con la misi?n de apoyar a la Fuerza del Norte encargada de ocupar las islas Aleutianas, lo que completar?a el despliegue de lo m?s granado de la Flota Imperial.
Los norteamericanos, que hab?an logrado descifrar el c?digo de comunicaciones enemigo y ten?an suficiente aviso de lo que se avecinaba, hab?an dispuesto diecinueve submarinos, tambi?n en tres grupos, formando un arco protector entre Midway y la avanzada de Nagumo, en una t?pica pirueta que har?a del supuesto cazador una presa acechada. Por el norte, a unas 200 millas de Midway, llegaban la Fuerza Operativa de Spruance, con dos portaviones, seis cruceros y nueve destructores, y la de Fletcher, con otro portaviones, dos cruceros y seis destructores, apostados en una trayectoria que les permitir?a interceptar con sus aviones a los barcos de Nagumo cuando ?stos buscaran al enemigo en las proximidades del atol?n.



Douglas TBD-1 "Devastator" sobre la cubierta del USS Enterprise
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La dispersi?n de sus buques ordenada por Yamamoto hac?a que la desproporci?n de fuerzas resultara m?s aparente que real. A la hora de la verdad, ser?an los barcos de Nagumo y, en particular, los portaviones Akagi, Hiryu, Soryu y Kaga los que llevar?an el peso del encuentro con los tres grandes buques norteamericanos, sin que los acorazados de Yamamoto, demasiado lejos para actuar e incluso para llevar un control directo de la acci?n, pudieran intervenir decisivamente.
El almirante norteamericano Chester W. Nimitz, en cambio, sin moverse de Hawaii y gracias a las buenas comunicaciones del bando estadounidense, controlar?a mejor la batalla, al tiempo que daba un gran margen de libertad a Fletcher y Spruance.
La fuerza se hallaba, a las 4.30 de la madrugada del 4 de junio, a 240 millas al noroeste de Midway en posici?n de lanzar su primera oleada de aviones, formada por 72 bombarderos y 36 cazas Zero. Al mismo tiempo, comenzaba a prepararse el contingente de la segunda oleada, formada por 54 bombarderos, 18 de los cuales iban armados con torpedos, y otros 36 cazas. Para patrullar el cielo en torno a la flota quedaba tan s?lo una docena de Zeros; puede parecer una protecci?n insuficiente, pero hay que tener en cuenta que la flota japonesa no conoc?a a?n que hubiera ninguna escuadra norteamericana en los alrededores.
En realidad, la flota de Fletcher s?lo se hallaba a unas 215 millas en ruta relativamente convergente; y mientras un avi?n explorador japon?s oteaba sin suerte las aguas, un Catalina de la patrulla de vigilancia de Midway descubr?a los portaviones enemigos a las 5.34 de la madrugada, y minutos despu?s a la gran flota a?rea que volaba hacia el atol?n. La alarma estaba dada para que el gran cazador fuera quien cayese en la trampa.
El primer combate de la batalla de Midway se libr? hacia las 6, a pocos minutos de vuelo de la isla, entre los 27 cazas de la defensa norteamericana y la primera oleada japonesa. Los Buffalo y Wildcat, modelos anticuados, poco pod?an hacer contra los escurridizos Zero; y, en una sucesi?n de duelos individuales, 17 defensores ca?an envueltos en llamas contra s?lo dos cazas japoneses, que en realidad derribar?a posteriormente la defensa antia?rea.



Cubierta del Enterprise
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La primera oleada llegar?a, por tanto, sin mayores da?os sobre el islote a las 6.28, donde otra vez ve?a c?mo se les hab?a escapado el objetivo m?s precioso: las formaciones de bombarderos que, sin que ellos lo supieran, volaban ya en busca de la flota japonesa.
Los resultados del bombardeo, aunque graves en lo que afectaba a las instalaciones de servicio, hangares y almacenes, no hab?an da?ado el aer?dromo ni el radar, por lo que al regresar a sus bases los aviones japoneses, con una p?rdida total de cuatro bombarderos y dos cazas, los defensores pod?an pensar que hab?an salido bien librados, excepto en lo referente a su cobertura de caza. S?lo seis aparatos quedaban ?tiles para afrontar una segunda oleada, que los mismos japoneses consideraban inevitable. Mientras tanto, la primera escuadrilla de Midway llegaba a la vista de su objetivo.
De los 53 aviones norteamericanos que volaban hacia su presa, los primeros en encontrarla fueron 6 Avengers y 4 Marauders, todos ellos bombarderos ligeros armados con torpedos; pero los atacantes, sin protecci?n de caza, eran un tiro al blanco para los Zero. Minutos despu?s de las 7, hora en que empez? el ataque, s?lo tres aparatos regresaban a Midway y a?n uno de ellos se estrellar?a al aterrizar, sin que los grandes buques japoneses sufrieran el menor da?o.
Nagumo se dispon?a entonces a lanzar su segunda oleada contra la isla cuando el avi?n explorador japon?s hizo un portentoso anuncio: flota enemiga a unas 200 millas, avanzando a 20 nudos hacia los barcos japoneses. El almirante ten?a que decidir entre enviar sus aparatos cargados de bombas contra Midway o reequipar al menos a una parte con torpedos para hacer frente a la nueva amenaza. Nagumo no tuvo tiempo de decidir el arma, porque la segunda pasada norteamericana estaba ya a la vista. Diecis?is bombarderos Dauntless, tan mal protegidos como los anteriores, atacaban en dos grupos concentrando su fuego en el portaviones Hiryu; pero, una vez m?s, los Zero har?an pedazos a la tropilla destruyendo diez bombarderos, mientras el gran buque registraba tantos impactos a su alrededor que por un momento las columnas de agua lo ocultaron del resto de la flota.



Torpedero Kate bajo fuego
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Cuando se disip? la cortina fluida, el Hiryu segu?a intacto y los supervivientes americanos se replegaban hacia Midway cosidos a agujeros. Uno de los seis que llegaron al atol?n presentaba 259 impactos. Eran las 8 de la ma?ana y las sorpresas distaban mucho de haber tocado a su fin. Tras los Dauntless llegaban 16 fortalezas B-17, que, desde m?s de 6.000 metros, nada ten?an que temer de la artiller?a de a bordo ni de los Zero, incapaces de alcanzar esa altitud en el corto tiempo disponible. Pero tampoco sufrieron ning?n da?o los portaviones, pese a que a su regreso a Midway los pilotos dieran cuenta de fant?sticas proezas y afirmaran haber hundido a media flota japonesa.
A las 8.09, el avi?n explorador japon?s informaba de que en la flota enemiga no hab?a m?s que cruceros y destructores, lo que parec?a resolver los problemas de Nagumo. Primero se destruir?a Midway y luego habr?a tiempo para atacar con torpedos a los buques norteamericanos. Al mismo tiempo, se produc?a el ?ltimo sacrificio de los aviones del islote. Once bombarderos Vindicator trataban in?tilmente de alcanzar al acorazado Haruna y tres de ellos no regresar?an a sus bases.
A las 8.20, el avi?n explorador detectaba por fin la presencia de, al menos, un portaviones norteamericano, lo que cambiaba de nuevo el panorama. Nagumo ten?a, adem?s, un problema adicional: la llegada de la primera oleada que hab?a atacado Midway, que deb?a aterrizar o, por falta de combustible, enterrarse en el mar. Tras unos minutos de ag?nica indecisi?n, el almirante optaba por limpiar cubiertas de su segunda oleada para acoger a los peregrinos y s?lo entonces disponer sus fuerzas para atacar a la flota enemiga.
A las 9.18, los aviones que volv?an de Midway hab?an sido recobrados y se empezaba a formar el grupo que atacar?a a la flota norteamericana, compuesto por 36 bombarderos Val, 54 Kates armados con torpedos y una escolta de 12 Zeros, que era todo de lo que Nagumo pod?a prescindir para no dejar la flota sin protecci?n a?rea. Poco antes se hab?a informado por radio a Yamamoto de que los buques enemigos en lontananza eran la m?xima prioridad atacante. A las 10.30 deb?a despegar el contingente.



USS Yorktown atacado por los bombarderos del Hiryu
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Al tener conocimiento de la presencia de portaviones japoneses, el contralmirante Fletcher, al mando del Yorktown, enviaba a Spruance con el Hornet y el Enterprise hacia el sudoeste con una cobertura de seis cruceros y nueve destructores en busca de la flota enemiga. Mientras tanto, el Yorktown recuperar?a sus aparatos de patrulla y preparar?a la segunda oleada. Spruance calculaba que tendr?a sus barcos a distancia ideal para el ataque hacia las 9 de la ma?ana, de forma que los cazas de corto alcance pudieran hacer el viaje de ida y vuelta, pero la evidencia de que los japoneses le hab?an descubierto obligaba a jugarse el todo por el todo. Por esta raz?n, a las 7 comenzaban a despegar de sus naves las formaciones a?reas aun sabiendo que muchos pilotos dif?cilmente tendr?an combustible para hallar la pista de regreso. El Hornet pon?a en el aire 35 Dauntless, 10 cazas Wildcat y 15 Devastator, mientras que el Enterprise sumaba sus 35 aparatos de la primera clase, 14 torpederos Devastator y otros 10 Wildcat. En total, 119 aviones de combate. Spruance hab?a dejado tan s?lo 34 cazas para la protecci?n de la flota, apostando a que la rapidez del que pega primero ser?a decisiva para que no hubiera contraataque japon?s. Aquellos minutos encerraban la clave de lo que pasar?a m?s tarde. Ambas flotas se sab?an al alcance la una de la otra y, como dos pistoleros del viejo Oeste, deb?an fiarlo todo a la rapidez con que sacaran sus herramientas de combate. Pero, mientras Spruance desenfundaba con arrojo, Nagumo quer?a tomarse todo el tiempo necesario para completar su panoplia de a bordo. El viejo ?pistolero? hab?a perdido los reflejos.
A las 8.38, el Yorktown, que ya hab?a recobrado todos sus aparatos de vigilancia, lanzaba una fuerza de 17 Dauntless, 12 Devastator y 6 Wildcat, guardando una fuerte reserva para la segunda oleada, cuando los japoneses creyeran que ya lo hab?an visto todo.
Paralelamente, la flota japonesa hab?a variado ligeramente de rumbo derrotando al norte, con las m?s imprevisibles consecuencias. La mayor parte de los aparatos del Hornet, lanzados en formaciones sucesivas, hallar?a ?nicamente el azul del mar donde se supon?a que aguardaban los buques japoneses, como inocentes patos en un estanque.




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De entre todos los comandantes de escuadrilla tan s?lo uno, para su desgracia, John C. Waldron, hab?a intuido correctamente el rumbo de los japoneses. Al mando de sus 15 Devastator, torpones y sin caza protectora, el resuelto piloto volaba hacia su destino.
M?s de 50 Zeros destrozaban a los 15 aviones atacantes, en segundos m?s que minutos, cuando a las 9.25 hicieron su aparici?n en el horizonte, sin que ninguno de los torpedos, que con determinaci?n suicida lograron descolgar, causara el menor da?o a los barcos de Nagumo. Eran ya las 9.35 cuando los primeros bombarderos del Enterprise llegaban a la vista del objetivo, sin que los 14 Devastator tuvieran mejor suerte que los anteriores, pues s?lo 8 volver?an a la base y ninguno de los siete torpedos lanzados contra el Hiryu har?a m?s que cortar la respiraci?n de los marinos japoneses, hasta que comprobaron que su r?pida maniobra dejaba perderse a los proyectiles enemigos en un rastro de inofensiva espuma. Pero, cuando el j?bilo de los hombres de Nagumo cre?a haberse ganado el derecho al reposo, una nueva oleada de aviones norteamericanos aparec?a en el cielo.
Hasta el m?s optimista de los comandantes japoneses comprend?a que, por muchas que fueran sus proezas defensivas, aquella guardia cerrada no podr?a mantenerse indefinidamente si las reservas del enemigo eran tan inagotables como parec?a. Pero la fortuna no hab?a abandonado a?n a Nagumo. La formaci?n de aviones del Yorktown era la primera en llegar integrada por bombarderos y cazas, con 13 Devastator y 6 Wildcat. Eran las 10 de la ma?ana. Pero los Zero, aunque exhaustos, segu?an siendo los due?os de la situaci?n y los cazas norteamericanos no pudieron dar ninguna protecci?n a su flota bajo el ataque de un enjambre de aparatos enemigos, que apenas hab?an sufrido bajas en los raids anteriores.
Hasta aquel momento, de m?s de 40 aviones torpederos, s?lo 6 hab?an sobrevivido; y de un total de 92 aparatos de todas clases, 55 hab?an sido derribados, sin que ni un solo blanco se hubiera producido en la flota japonesa. A las 10.25, Nagumo cre?a pasado lo peor, y ordenaba que el grueso de su fuerza a?rea se preparase a la destrucci?n de los portaviones enemigos, para, m?s tarde, ocuparse tranquilamente de Midway.



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Pero el almirante japon?s, al cabo de m?s de cinco horas de combate agotador y con toda su flota en confusi?n por la necesidad de esquivar el diluvio de hierro que les hab?a venido del cielo, hab?a olvidado una regla b?sica del combate aeronaval. Donde hab?a portaviones deb?a de haber tambi?n bombarderos en picado. Nagumo, acostumbrado a batir a los Devastator y Wildcat al nivel de las olas, hab?a dejado de mirar hacia las nubes.
McClusky con 37 Dauntless del Enterprise hab?a seguido el mismo rumbo que otras escuadrillas del Hornet, pero al virar en busca de la flota enemiga hab?a tenido la fortuna de hallar la estela de un destructor japon?s que se hab?a quedado atr?s y que ahora esprintaba para reunirse con sus hermanos mayores.
A m?s de 30 nudos, era la liebre que llevaba al galgo hasta la camada. Paralelamente, el comandante Leslie con 17 Dauntless del Yorktown llegaba a tiempo a su cita con los barcos de Nagumo. Ambas formaciones, ocultas en las nubes a m?s de tres mil metros, atacaron en rutas opuestas y convergentes cuando los portaviones ten?an a todos sus aparatos en cubierta o prepar?ndose para ser izados. Los Dauntless de Leslie eligieron al Kaga como v?ctima y en apenas unos segundos, hacia las 10.30 de la ma?ana, el portaviones encajaba cuatro impactos directos, convirti?ndose en una carcasa flotante. Al mismo tiempo, los bombarderos de McClusky se ensa?aban con el Akagi, el barco insignia de Nagumo, y el Soryu. El primero recib?a dos impactos directos, convirtiendo al buque en una antorcha. Con todo, el Kaga s?lo se hundir?a tras horas de esfuerzos por apagar los incendios, a las 19.25, y el Akagi era hundido por los torpedos de los propios destructores japoneses al salir el sol del d?a siguiente. El almirante Nagumo hab?a tenido que ser trasladado pr?cticamente a rastras al crucero Nagara, cuando ya se sent?a moralmente derrotado.
Tras atacar al Akagi, los bombarderos de McClusky hac?an tres blancos en el Soryu, cuya ?nica indicaci?n de que el cielo volv?a a ser enemigo hab?a procedido de las explosiones en el primer buque atacado.



USS Yorktown a punto de hundirse
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El capit?n Yaginamoto optar?a por hundirse con su barco a las 19.13 empu?ando la bandera y la espada de ceremonial. Con los tres grandes buques, casi 2.000 marinos se enterraban en las aguas y cerca de 200 aparatos les acompa?aban al costo de s?lo 9 de los aviones norteamericanos. Poco despu?s de las 10.30, de los cuatro portaviones japoneses s?lo quedaba a flote el Hiryu, mandado por el vicealmirante Yamaguchi. De su cubierta despegaban a las 11 h. 18 bombarderos Val con 6 Zero de escolta. El radar, con una detecci?n de 20 minutos de vuelo, negaba el efecto sorpresa y la caza americana hac?a trizas al grueso de esta fuerza; sin embargo, seis de los bombarderos hicieron tres impactos en el Yorktown, que, alcanzado en las calderas, quedaba inm?vil veinte minutos despu?s del ataque.
Incre?blemente, a las 13.40 el Yorktown hab?a reparado cuatro de las calderas y, aunque sin armamento ?til, marchaba a 18 nudos; ten?a reparada la cubierta, con algunos aparatos en ella, y pon?a rumbo a Pearl Harbor. En ese momento aparec?a la segunda mini oleada japonesa, con 10 torpederos Kate y 6 cazas Zero. Pr?cticamente lo ?nico que a?n volaba en la flota imperial. Cinco de los primeros lograron atravesar la cortina de cazas americana y dar con dos torpedos en el casco del portaviones, con lo que su ruina parec?a segura. A las 14.56 se daba orden de abandonar el buque, que no por ello se resignaba a hundirse. Mientras, a las 16.30, cinco Kate y tres Zero supervivientes volv?an al Hiryu. Los aviadores japoneses hab?an confundido al Yorktown reparado con otro portaviones nuevo, por lo que calculaban que, si a favor de la noche con los restos de su flota a?rea lograban hundir a un ?tercer? portaviones, la lucha quedar?a igualada y s?lo restar?a esperar la llegada de los
grandes buques de Yamamoto para decidir la batalla. Pero la ?ltima tentativa del Hiryu nunca ver?a la luz.
Aun antes de que los japoneses lanzaran su contraataque sobre el
Yorktown, Spruance andaba a la caza del ?nico portaviones enemigo a flote. El primer lanzamiento decisivo se hizo desde el Enterprise a las 15.30 con un total de 24 bombarderos, a los que
poco despu?s segu?an 16 del Hornet, unos y otros sin cazas, porque tambi?n los norteamericanos estaban llegando al l?mite de sus recursos.



Almirante Isoroku Yamamoto
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A las 17.03, cuando el Hiryu se preparaba para lanzar un avi?n explorador que diera las coordenadas para el ataque nocturno, los Dauntless del Enterprise hac?an el primero de sus cuatro impactos directos y, con el barco envuelto en llamas, iniciaban el ataque contra la cortina protectora de acorazados y cruceros, misi?n a la que se unieron los aviones del contumaz McClusky. Incre?blemente, ning?n buque result? alcanzado y la armada japonesa se retir? con el Hiryu a?n a flote, hasta el punto de que ?nicamente a las 5.30 del d?a 5 dos submarinos japoneses se decid?an a hundirlo con torpedos pese a que estaba a bordo el almirante Yamaguchi, que se hab?a negado a abandonar la nave. Unas horas antes, a las 2.55 de la madrugada, Yamamoto lo daba todo por perdido, despu?s de considerar durante unas horas la vana proposici?n de atraer a los buques americanos para batirles con la fuerza que a?n conservaba a su mando. Pero, si algo hab?a quedado claro en Midway, era que el fuego de los buques de superficie no pod?a hacer frente a los aparatos de los portaviones, y que s?lo la defensa a?rea, avi?n contra avi?n, pod?a tener la oportunidad del contraataque, destruyendo los aparatos enemigos. Sin aviones, Yamamoto y Nagumo optaban por el repliegue.
El ep?logo de la batalla no podr?a ya variar el curso de la misma, por sangriento que fuese. El crucero Mikuma ser?a hundido por las oleadas de Dauntless en la tarde del d?a 5, y un submarino japon?s, el I-168 del comandante Tanabe, colocar?a tres nuevos torpedos en el Yorktown el d?a 6, cuando fuerzas de socorro de Midway intentaban de nuevo salvar al buque. El portaviones no se hundir?a hasta las 6 de la madrugada del d?a 8, cuando ya la flota imperial se hallaba lejos del alcance de los aviones de Fletcher y Spruance.

Midway puede ser considerada leg?timamente el Trafalgar del siglo XX, la batalla en la que se decidi? la supremac?a naval en el Pac?fico y el curso de la guerra. Ello no significa que, de ganar la gran batalla los japoneses, el resultado de la contienda en Asia hubiera sido otro radicalmente diferente, pero s? que Tokio habr?a ganado el tiempo que necesitaba para una larga guerra de desgaste en la que Washington hubiera podido llegar a conformarse con menos que la victoria incondicional.



Almirante Chester W. Nimitz
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Martin B-26A ?Marauder?
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Bombardero torpedero
Envergadura: 19,81 m
Longitud: 17,75 m
Velocidad maxima: 510 km/h
Armamento: 4 ametralladoras de 12,7 mm, 1 torpedo de 900 kg



Gruman F4F-3 ?Wildcat?
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Caza embarcado
Envergadura: 11,58 m
Longitud: 8,76 m
Velocidad maxima: 512 km/h
Armamento: 6 ametralladoras de 12,7 en las alas



Douglas SBD ?Dauntless?
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Bombardero en picado embarcado
Envergadura: 12,65 m
Longitud: 10,06 m
Velocidad maxima: 395 km/h
Armamento: 2 ametralladoras fijas de 12,7 mm y 2 moviles de 7,7 mm en la cabina posterior. 1025 kg de bombas.



Douglas TBD-1 ?Devastador?
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Torpedero embarcado
Envergadura: 15,24 m
Longitud: 10,65 m
Velocidad maxima: 330 km/h
Armamento: 1 ametralladora fija de 7 mm y una movil de 12,7 mm en la cabina posterior. 1 torpedo de 454 kg.



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Aichi D3A1 ?Val?
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Bombardero en picado embarcado
Envergadura: 14,36 m
Longitud: 10,19 m
Velocidad maxima: 385 km/h
Armamento: 2 ametralladoras fijas de 7,7 mm sobre el motor y una fija de 7,7 mm en la cabina posterior



Nakajima B5N1 ?Kate?
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Torpedero embarcado
Envergadura: 15,51 m
Longitud: 10,30
Velocidad maxima: 380 km/h
Armamento: 1 ametralladora movil de 7,7 mm en la cabina posterior y un torpedo de 800 kg



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Articulo de
Miguel Angel Bastenier

Lunes, 16 de abril de 2007

Por xicu41 @ 1:21


20 julio 1.944 Atentado contra Hitler


El 20 de julio de 1944 estalla una bomba en la “guarida del lobo”, el cuartel general de Alemania en Prusia Oriental. La bomba ha sido colocada debajo mismo de la mesa junto a la cual se reúnen el Führer y una veintena de altos militares alemanes. En aquel momento pudo cambiar la marcha de la historia. Sin embargo, aunque murieron cuatro personas, Hitler salió ileso… y reforzado ante los ojos de sus admiradores: era una prueba más de la protección que le dispensaba la Providencia, como él mismo afirmó en aquella ocasión.

Ni el hecho de ser manco diestro, ni la banda negra ocultando la cuenca vacía de un ojo —recuerdos ambos de su campaña de Africa—, deterioraban en exceso la imagen de uno de los militares con mejor planta y más admirados del Berlín de los años treinta. A las cinco y media de la madrugada del 20 de julio de 1944, el coronel Klaus Schenk von Stauffenberg abrochaba los botones del cuello de su guerrera. Una mirada hacia el Wannsee (lago de Wann), desde donde llegaba una niebla tenue, algo más clara que la incipiente madrugada. Recogió de la mesita de noche el informe dactilografiado para Hitler y una camisa de repuesto en el armario. Los llevó al salón y los introdujo en una cartera de piel clara, sobre la bomba de fabricación inglesa.
Klaus von Stauffenberg era descendiente lejano de Gneisenau, uno de los héroes contra las tropas napoleónicas. Hijo del chambelán del último rey de Württemberg, tanto su estirpe, en parte, como su inclinación espiritual, le encaminaban hacia la arquitectura y la música. Paradójicamente, a los 19 años era ya cadete del célebre 17. regimiento de caballería Bamberg. En 1933, admiraba en Adolf Hitler su capacidad para entusiasmar a los alemanes en la recuperación de la dignidad nacional y sus prédicas continuas contra el desorden. Ante su casa, el automóvil oficial enviado por el mando supremo lo esperaba a las 6 en punto de la mañana. Las calles de la colonia residencial estaban desiertas.



Klaus Philip Shenk, conde von Stauffenberg, en 1.943 antes de sufrir las heridas en el ojo y la mano derecha.
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Durante el trayecto, una parada para recoger a su ayudante, el teniente Werner von Haeften, también con una cartera en la mano izquierda. Von Haeften apareció acompañado por su hermano. La presencia de éste y la del conductor forzaron un silencio discreto entre el coronel y su ayudante.
En 1938 habían sido iniciados los primeros “progrom” contra los judíos. Con ellos, también había comenzado el desencanto del hijo del chambelán. Aquel decisivo 20 de julio de 1944, el coronel Von Stauffenberg ya contaba con un duro e intenso historial bélico a sus espaldas. Había combatido primero en Polonia; después, en Francia; por fin, en el aún más difícil frente ruso, donde el desastre de Stalingrado acumulara desencanto militar sobre el desencanto político. Von Stauffenberg se comprometía cada día más con la oposición. Solicitó el traslado a Túnez, donde su automóvil de campaña saltó sobre un campo de minas el 7 de abril de 1943 (dieciséis meses antes de aquella romántica y triste y tensa y esperanzada mañana ante el Wannsee). Cuando salió del hospital con un brazo y un ojo ausentes, tras reflexiva convalecencia, ya había tomado decisiones.
Von Stauffenberg había decidido lo mismo que muchos de sus compatriotas tiempo antes. Muchos más alemanes de los que se supuso durante no poco tiempo habían llegado a la conclusión de que, sin Hitler, la paz era posible. Desde antes de la guerra. Adolf Hitler ya había sufrido, antes de aquel verano de 1944, once atentados. ¡Once atentados’ Durante la guerra, el propio Tercer Reich los había ocultado, por razones obvias. Antes y después de la guerra, las potencias vencedoras, conociendo las vicisitudes de la resistencia antinazi, habían quitado importancia a los hechos, por razones menos obvias y no más justificables.
La resistencia había comenzado bastante antes de que Hitler hubiese iniciado sus campañas de expansión en Europa. Ya en 1937, nació un primer núcleo resistente, organizado por Carl Goerdeler, ex-alcalde de Leipzig y antiguo comisario para los Precios, personaje complejo que trató de obtener el apoyo de la vieja aristocracia y de la clase militar.



Hitler y Mussolini examinan el barracon despues del atentado



Mientras se mantuvo vigente la «jefatura Goerdeler», los objetivos básicos de su doctrina tendían a la destitución de Hitler y a poner fin a las diferentes invasiones, mediante paz negociada, aunque manteniendo viva la idea de una «gran Alemania».
A medida que la resistencia crecía y se organizaba seriamente, aumentaban las relaciones de sus principales jefes con las otras potencias. Los ingleses, por ejemplo, habían recibido buena información por medio del católico Josef Müller, quien se había puesto en contacto con ellos con la aprobación del papa Pío XII. Excelente información proporcionaba también Ulrich von Hassel, embajador alemán en Roma, que se había unido a los conspiradores. De hecho, las Iglesias habían jugado un importante papel mediador desde el primer intento de resistencia seria. Su desilusión fue tremenda. El pastor Dietrich Bonhoeffer había acudido a los ingleses a través del obispo BelI de Chichester, con quien se encontró en Suecia. La respuesta de Eden. el ministro británico de Asuntos Exteriores, fue contundente: «Los alemanes deben arreglárselas solos». En aquel tiempo, Londres aún no tenía que preocuparse del peligro soviético y se jugaba alegremente con la teoría de que “cada ciudadano alemán debe pagar”.
Ya quedó escrito que la vieja clase militar se iba incorporando a la resistencia, de manera más nutrida de lo que generalmente se ha reconocido fuera de Alemania. Era un mundo perfectamente conocido y controlado por el general Ludwig Beck, antiguo jefe de Estado Mayor del ejército, dimitido en 1938, y jefe de Estado previsto en el caso de que se produjese el golpe. Aumentaban, sí, los conspiradores militares. Pero tampoco eran escasos los que condescendientemente fingían ignorar cuanto se tramaba, aun sin comprometerse. Entre los diferentes grupos de conspiradores que habían ido surgiendo tras la iniciativa del carismático Goerdeler, el llamado «círculo de Kreisau», de orientación socialcatólica, eligió como jefe al conde Helmuth von Moltke, consejero legal del servicio de información del ejército: la Abwehr. Los «tecnócratas» aparecían dirigidos por dos figuras importantes: Canaris y Oster, jefe y jefe de Estado Mayor, respectivamente, del contraespionaje (la Abwehr).






De Oster se puede decir, incluso, que fue el principal organizador de la resistencia militar. Aquel mundo de conspiradores en ebullición había prodigado las tentativas de todo tipo. Al principio, pausadamente. Entre 1942 y 1944, sin cesar. Los atentados se habían multiplicado. El primero, ya el 29 de septiembre de 1938, organizado por los generales Halder y Witzleben y por el coronel Oster. Un año más tarde, el 3 de septiembre de 1939, segunda intentona, organizada por Von Hammerstein. Dos meses después, en noviembre del mismo año, nueva tentativa de Oster. La cuarta, dirigida por Von Bock, el 4 de agosto de 1942. La quinta, el 13 de marzo de 1943, preparada por el grupo de Olbricht, Tresckow y Schlabrendorff. Ocho días más tarde, el 21 del mismo mes, fue el turno de Von Gersdorff. En diciembre también del 43, otra vez el grupo de Von Tresckow. En la octava tentativa había fallado el propio Von Stauffenberg, pocos días más tarde. En enero de 1944, lo intentaron Von dem Bussche, Von Kleist y Von Tresckow. El décimo intento, 11 de julio de 1944, otra vez lo protagonizó Stauffenberg; pero no llegó a poner la bomba, pues sólo habría matado a Hitler y no a Himmler (el jefe de las SS), de quien también se querían librar. Y también lo intentó el mismo coronel cuatro días más tarde, el 15, cinco antes de aquel día de julio, que amanecía con una niebla tenue sobre el lago de Wann. Las tentativas fallidas habían puesto nerviosos a los conspiradores. Parecía como si el Führer contase con una protección providencial. Cuando no era la suerte reiterada, eran los hechos de guerra. Pero todo fallaba en el último momento. En una ocasión, una bomba colocada en su avión personal no funcionó; y en otra, cuando ya se había conectado el dispositivo detonador... Hitler cambió su programa de actividades en los últimos minutos. Los nervios, sin embargo, se habían trocado en alarma general. Ya no era sólo la Providencia. Himmler sospechaba, muchos militares estaban vigilados y ya se habían producido detenciones.





Uno de los cabecillas de la operación. Von Tresckow, combatía el desaliento con una frase de ánimo: «La ejecución de Hitler debe ser intentada a cualquier precio. Aunque lleguemos a fracasar, tenemos que tratar de hacernos con el poder. Mostraremos al mundo y a las generaciones venideras que los hombres de la resistencia alemana han osado dar el paso decisivo, arriesgando sus vidas.»
Klaus von Stauffenberg formaba parte del grupo de Von Moltke. Pero mientras la luz del día comenzaba a hacerse sobre la niebla, en el silencio del automóvil no pensaba en los atentados fallidos. Pensaba, simplemente, que el duodécimo debía ser el último. Las oportunidades se diluían, tanto porque la red de conspiradores podía ser descubierta en cualquier momento, como porque los acontecimientos bélicos ya no daban paso a otras alternativas.
Quince minutos antes de las 7 de la mañana, el automóvil del alto mando que los transportaba, llegaba al aeropuerto berlinés de Rangsdorf, en una de cuyas pistas se dibujaba, ya claramente y con los motores en marcha, el avión personal del general Wagner, otro de los jefes de la conspiración. A las 7 en punto, el avión despegaba. Tres horas más tarde aterrizaba en Rastenburg, Prusia Oriental.
Desde la derrota de Stalingrado, Adolf Hitler había instalado su cuartel general cerca de Rastenburg, en la Wolfsschanze, la «guarida del lobo», al norte de los lagos Mazurianos. Estaba formada por tres grupos de edificaciones, dispuestas en círculos concéntricos, cada uno de ellos protegido por campos de minas, casamatas y caballos de Frisia. Todos los visitantes sin excepción, incluso los más altos jefes militares, debían mostrar salvoconductos al oficial de guardia de las SS encargado de la inspección. Una vez pasados todos los controles y ya dentro de la «guarida del lobo», Von Stauffenberg disponía todavía de dos horas largas, antes de la presentación al Führer de su informe, concertada para la una de la tarde. Así lo había planeado. Se dirigió al despacho del general Fellgiebel, jefe de comunicaciones del cuartel general, uno de los dos conjurados, junto con su camarada Stieff, en la Wolfsschanze. Después de la muerte del Führer, Fellgiebel sería el encargado de dejar aislado el cuartel general, cortando las comunicaciones con el resto de Alemania.



Hitler y Alfred Jodl



La normal tensión de aquellos momentos aumentó cuando el mariscal Keitel anunció a Von Stauffenberg que el Führer esperaba la visita de Mussolini a primera hora de la tarde y que, por lo tanto, la reunión a la que el coronel había sido convocado sería adelantada media hora. Pero había algo peor: se reunirían en el «barracón de conferencias», no en el «bunker» como estaba previsto. Los efectos de una explosión serían menores. Mirándose entre ellos, los conjurados calibran nuevos riesgos personales y la eventualidad de otra intentona fallida. ¿Convenía desistir?
Pocos minutos antes de las 12.30 horas, todos salieron de sus despachos y se dirigieron al barracón de conferencias. Durante el trayecto, Von Stauffenberg se disculpó un momento: «había olvidado» la gorra y la pistola en el despacho del general Feilgiebel. Fuera de la vista de todos los convocados a la reunión, puso en marcha el mecanismo químico de detonación. A partir de aquel momento, disponía de diez minutos, antes de la explosión. La sala de conferencias medía 10 metros de largo por 5 de ancho. Adolf Hitler se hallaba ante el centro de una mesa rebosante de mapas militares. A su derecha, los generales Heusinger, jefe del Servicio Operativo, y Korten, jefe de Estado Mayor de la Luftwaffe; a su izquierda, el mariscal Keitel y el general Jodl. Una veintena de otros altos oficiales, de pie, se agrupaban alrededor. Keitel propuso al Führer oír el informe del coronel Von Stauffenberg; Hitler lo pospuso. Von Stauffenberg dejó entonces su cartera de piel clara en el suelo, apoyada en la parte interior de una de las espesas patas de la gran mesa de roble, pidió permiso a Keitel para ir a telefonear y salió. Comenzó la más corta y tensa espera de su vida al lado de Feilgiebel. Mientras tanto, en la sala de conferencias, Heusinger hablaba; su ayudante Brandt seguía la información, completándola sobre el mapa. Para poder acercarse, empujó la cartera depositada por Von Stauffenberg hacia el exterior de la gran pata de la mesa. Una vez más, la Providencia se hacía hitieriana. Cuando Heusinger acababa de decir: «Si no retiramos inmediatamente a nuestro grupo de ejércitos situados en las inmediaciones del lago Peipus, una catástrofe...», eran las 12 horasy42 minutos exactamente.



El general Schmundt moriria dias despues a causa de las heridas causadas por la explosion



Von Stauffenberg y Fellgiebel dirían más tarde que «el barracón explosionó como si hubiera sido alcanzado por una granada de 155 mm». Algunos cuerpos volaron por las ventanas. Se oían gritos entre los escombros. Aquí y allá brotaban llamas y humo. Sin perder un instante, Von Stauffenberg y su ayudante partieron. Consiguieron pasar los dos primeros controles con la disculpa de necesitar hablar con el jefe del cuerpo de guardia. Desde el tercer control, donde no les dejaban pasar, telefonearon a la «guarida», alegando haber recibido la orden urgente y precisa de ir al aeropuerto. Ante la confusión reinante, el oficial de las SS que se hallaba al otro lado del teléfono, permitió su partida. Por el camino, el teniente Von Haeften desmontó la bomba de reserva, «su» bomba, y la lanzó fuera del automóvil. Pasaban unos minuos de la una de la tarde, cuando despegaban en dirección a Berlín en el mismo avión que los había llevado a la Wolfsschanze.
Atrás, dejaba el cuartel general, donde Fellgiebel no salía de su asombro. Había víctimas, sí; pero incluso el cuerpo tapado que parecía ser el de Hitler, lo era en realidad de su secretario y «doble». El Führer aparecía con la chaqueta rota, el pantalón hecho jirones y la cabellera revuelta, pero en perfecto estado de salud. Parecía el más sereno de todos. A lo largo de la jornada, se balancearía entre el sosiego más o menos aparente y los raptos de cólera clamando por una venganza terrible, como en los tiempos de las SA. Telefoneó a Himmler, que tenía su cuartel general a 25 km de allí, para que hiciese ir desde Berlín a sus investigadores. Dio la orden de detener a Von Stauffenberg, pero Fellgiebel ya había cortado las comunicaciones. Cuando Hitler acudió a recibir a quien ya sólo era Gauleiter de la Alta Italia, estaba eufórico. En vez de asistir a la organización de la victoria como tenía previsto, Mussolini presintió por un momento la derrota final, ante aquel espectáculo de destrucción; pero su protector lo reconfortó rápidamente: si después de aquello continuaba con vida, era porque también era indestructible su misión.



En la madrugada del dia 21, Hitler habla en la radio pra confirmar que el atantado contra el ha fallado



A las cuatro de la tarde, el avión de Wagner aterrizaba en Berlín, con Von Haeften y Von Stauffenberg, encargado ahora de desencadenar la «operación Walkyria» —planeada hacía mucho tiempo— desde el puesto de mando del ejército territorial. Las tropas territoriales debían ocupar los cuarteles de las SS. Mientras el resto de los cabecillas de la conspiración abrían sus respectivas órdenes selladas, el coronel informó al general Fromm, comandante de la plaza:
—«Hitler ha muerto. He sido yo quien ha hecho estallar la bomba. Ha comenzado la operación para el golpe de Estado.»
—«Quién le ha dado la orden?», preguntó Fromm, indignado.
—«El coronel Quirnheim, en nombre de usted.»
—«Será arrestado. Y usted, Von Stauffenberg, haría bien en quitarse la vida.»
—«General: no sólo no me suicido, sino que lo arresto.»

Poco después, llegaba el general Höppner, para ocupar el puesto de Fromm. Sería la única parte del plan cumplida a tiempo. Porque, mientras tanto, el desconcierto se apoderaba de los conspiradores, a medida que el tiempo corría en su contra. Los jefes políticos designados para aquel momento no aparecían. Sospechoso desde hacía tiempo para la Gestapo, Goerdeler había desaparecido pocos días antes del atentado, y nadie sabía su paradero. Tampoco aparecía Witzleben, jefe previsto de las fuerzas armadas. Instalado en el ministerio de la Bendlerstrasse, el viejo Beck, nuevo jefe del Estado, no sabía qué hacer sin ministros. Tampoco lo sabían Von Kleist, Von Hammerstein, Von Wartenburg y Hans Gisevius. Ni siquiera controlaban totalmente la situación militar dentro de la ciudad.
Cierto que en el ministerio de la Guerra estaban detenidos Fromm, el comandante de la región berlinesa Kortsfleisch —quien se había negado a declarar el «estado de sitio» — y el Gruppenführer de las SS, empeñado en protestar por la presencia de un auto blindado ante su cuartel; mas también era cierto que habían fallado no pocas de las acciones relámpago planeadas, que las tropas territoriales se habían limitado a cercar el cuartel de las SS y que nadie había previsto la ocupación de las emisoras de radio.



Von Tresckow



Precisamente fue la radio, en una información emitida a las 6.45 de la tarde, la que hizo cundir el pánico:
«había habido un atentado contra el Führer, pero éste se había salvado y había recibido, a la hora prevista, a Benito Mussolini». Von Stauffenberg rechazaba tal posibilidad: «He visto con mis propios ojos cómo saltaba el barracón. Es una maniobra de Goebbels.»
Goebbels estaba en su despacho del ministerio de Propaganda, cuando el edificio fue rodeado por un batallón de la Guardia, a las órdenes del comandante Remer. Goebbels anunció a Remer que se entregaría personalmente. Cuando el comandante entró en su despacho, Goebbels le pasó el auricular del teléfono: «hable usted personalmente con el Führer», dijo. Y Remer recibió el mando de las fuerzas de Berlín, para dirigirlas contra los conjurados.
Las comunicaciones desde la «guarida del lobo» habían sido restablecidas. Ráfagas de órdenes llegaban a Berlín. Las SS detenían sin remilgos a todos los generales que habían retenido la «operación Walkyria», en espera de la confirmación del atentado.
Aquella misma noche fueron detenidos el coronel Von Stauffenberg, el coronel Mertz, el teniente Von Haeften y el general Olbricht. En el patio de un cuartel de la Wehrmacht fueron fusilados antes del amanecer, a la luz de los faros de una camioneta, mientras la radio emitía la voz del Führer:
«Agradezco a la Providencia y al Creador, no el hecho de haberme salvado la vida, sino el de haberme dado la capacidad de resistir esta prueba y de proseguir mi misión, según mi conciencia.»



Von Stüpnagel



La venganza fue atroz. El 7 y 8 de agosto, se pronunciaron los veredictos sobre los más importantes implicados. Condenados a muerte por el tribunal militar de Berlín, el mariscal de campo Von Witzleben (casi en los huesos después de pasar por manos de la Gestapo), los generales Höppner, Stieff y Von Hase, los oficiales Hagen, Klausing, Bernardis y el conde Peter York von Wartenburg fueron llevados a una celda de la cárcel de Plotzensee desnudos hasta la cintura y colgados de garfios con lazos hechos con cuerdas de piano. Adolf Hitler había dicho que quería a los conspiradores «atados a los hierros, como fardos».
Hasta 7.000 sospechosos fueron detenidos. De ellos, 4.980 fueron ejecutados. La resistencia no era escasa.



Almirante Canaris



Articulo de
Jose Luis Balbin

Jueves, 12 de abril de 2007

Mi?rcoles, 11 de abril de 2007

Por xicu41 @ 14:53


Nº 3 Commando
Sword Beach 6-junio-1.944





El asalto del Nº 3 Commando a las playas de Normandia fue excepcional; en el transcurso del mismo, tres de sus cinco lanchas de desembarco fueron alcanzadas por el fuego de artillería, pero, desafiando el diluvio de las armas portátiles alemanas, los comandos atravesaron velozmente el sector batido hacia su primer objetivo. La I. Special Service Brigade, bajo el mando de lord Lovat y constituida por los Royal Marines Comandos nº 3, 4, 6 y 45, tenia asignada la captura y seguridad de la franja costera del flanco oriental de la zona de desembarco aliado. Desde aquí habían de internarse rápidamente, capturar los puentes sobre el río Orne y enlazar con la 6th Airborne División que había tomado tierra al noreste de Caen en las primeras horas del día D. Al asegurar la margen oriental del Orne hasta tan lejos como Caen, la Brigada podría establecer una barrera defensiva contra cualquier contraataque alemán en el vulnerable flanco oriental aliado.
Con unos efectivos de unos 280 soldados, el Nº 3 Commando acababa de volver a las operaciones desde el Mediterráneo en enero de ese año y con la incorporación de 165 hombres de refuerzo, iniciaron con intensidad los preparativos para el día D. La unidad se trasladó al Centro de Entrenamiento Combinado de Dorlin en la costa oeste de Escocia, donde los recién llegados se integraron en la unidad existente. Tiro, ejercicios de entrenamiento y manejo de lanchas de desembarco constituyeron el núcleo de las actividades de los comandos.
Además de preparar a los hombres, se dedicó especial atención a incrementar la potencia de fuego. Normalmente un escuadrón de comandos disponía de cinco fusiles ametralladores Bren, mientras que una compañía de infantería, aproximadamente el doble de efectivos, tenía nueve, El coronel Peter Young decidió que la forma de aumentar la potencia de fuego era elevar a ocho las Bren del escuadrón para que de esa forma fuera capaz de efectuar el trabajo de una compañía. En la plana mayor, cada cuatro hombres recibirían también una Bren, lo que equivaldría a añadir a los seis escuadrones del comando, un séptimo.



Simon Christopher Joseph Fraser (15º Lord Lovat), tras el fallido raid a Dieppe en agosto de 1.941
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A finales de mayo los escuadrones del Nº 3 se trasladaron a los alambrados «campos de concentración» cercanos a Southampton. Con los hombres aislados del mundo exterior, los primeros días de junio se ocuparon con los preparativos de última hora y las sesiones de información. Maquetas y fotografías aéreas y constantes repasos a los detalles se emplearon una y otra vez hasta que cada hombre supo, con los ojos cerrados, lo que tenía que hacer. Se esperaba cierta confusión inicial; cualquier tipo de detalles podía estar equivocado, pero si los comandos no perdían de vista su objetivo principal podrían tener éxito. Al completar sus preparativos, en la tarde del 5 de junio, los escuadrones del 3. Commando embarcaron desde sus campos en Southampton rumbo a las costas de Normandia.
Una vez atravesadas las playas, el día 6, el coronel Young reorganizó la unidad a las 13:00 horas y determinó con precisión la situación Inmediata: «Estamos en contacto con el 45. Commando que ocupa su lugar en la brigada pero el avance ha sido retrasado por los campos de minas, reduciendo la brigada a una columna. El 6. Commando se encuentra en cabeza pero su progresión es todavía lenta. Presiono hacia el puente Bénouville para encontrar una salida a la situación. »
Llevándose consigo un pequeño grupo de comandos, Young avanzó tierra adentro hasta encontrar a algunos hombres de la 6th Airborne Division que se mostraron muy contentos de disponer de alguna compañía. El puente sobre el Orne en Bénouville estaba intacto pero se encontraba bajo el fuego de fusil desde un cháteau de la orilla oeste del cercano canal de Caen. Young distinguió a media docena de comandos del 3th Squadrón que habían desmontado de sus bicicletas y se habían puesto a cubierto en una cuneta de la carretera que conducía al puente. A gritos les preguntó:
—Qué esperáis?
—Tirotean el puente, señor
—Bueno, coged vuestras bicis y cruzad a toda velocidad. Probablemente lo consigáis.
Se levantaron de un salto; uno de los hombres cayó con la cabeza atravesada por una bala, pero el resto alcanzó el otro lado.
Young y sus hombres les siguieron inmediatamente, atravesando el puente tan velozmente como sus piernas les permitieron.



Comandos antes de embarcarse para Normandia con sus bicicletas, que luego se revelaron bastante utiles.
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Operaciones como ésta eran características de los comandos. Como líderes de la fuerza de avanzadilla, sus jefes fueron animados a tomar la iniciativa y aprovechar cualquier ventaja táctica que se les presentara. Las decisiones eran rápidas y los movimientos decisivos. El entrenamiento de los comandos ponía su énfasis en la velocidad y el movimiento repentino y, como en toda unidad de élite, se corrían riesgos cuando la oportunidad del éxito los conllevaba. A media tarde, la mayoría del 3. Commando había cruzado el puente y tomado posiciones defensivas, dispuesta para repeler el esperado contraataque alemán.
Para reforzar las defensas aliadas a lo largo del Orne era evidente que la población de Amfréville habría de ser capturada. Estaba situada sobre una baja colina al este del Orne dominando una gran parte del área ocupada por los Aliados. Si no se aseguraba, la artillería alemana podría establecer allí puestos de observación y estaría en condiciones de machacar con proyectiles de grueso calibre las cabezas de playa en torno a Ouistreham. El 3. Squadrón, que se encontraba a la cabeza del avance, recibió la orden de tomar la población sin pérdida de tiempo.
Los dos oficiales supervivientes del 3. Squadrón, Roy Westley y Keith Ponsford, condujeron a los hombres hacia adelante para encontrarse con un diluvio de fuego desde las trincheras alemanas que les obligó a detenerse. Westley había sido alcanzado en un brazo y mientras era atendido, tomó el mando Ponsford. Inmediatamente ordenó a su sargento primero reorganizar el escuadrón mientras él efectuaba un somero reconocimiento del flanco derecho, encontrando una zona a cubierto desde la que lanzar un nuevo asalto. Tras limpiar las casas que dominaban la plaza de la villa, Ponsford colocó una de sus secciones en posición para proporcionar tiro de cobertura. El mortero de 2 pulgadas (50,8 mm) demostró ser un valioso medio y sus granadas explosivas —disparadas con el menor ángulo— contribuyeron ,en gran medida a desmoralizar a los alemanes. Cuando creyó que sus hombres poseían ventaja en el tiroteo con los alemanes, Ponsford y su escuadrón cargaron a través del terreno abierto para tomar el edificio de la escuela, centro principal de la resistencia enemiga.



Junto a paracaidistas de la 6th Airborne en Ranville
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Una vez capturada, desde allí barrieron la población, matando a seis u ocho enemigos y capturando más de 20. En este fulminante asalto los comandos no sufrieron bajas. Tomaron luego posiciones en los extremos de la población y allí se les unió Westley, con su brazo vendado. Mientras el 3. Commando consolidaba sus posiciones en la tarde del día D, comenzaron a llegar refuerzos. Cientos de planeadores de la 6th Airlanding Brigade tomaron tierra en los campos abiertos entre Ranville y Arnfréville y, aunque cayeron en medio de una intensa barrera de fuego antiaéreo, las bajas fueron escasas. La mañana del día D + 1 transcurrió plácidamente pero a las
13:00 horas dos escuadrones del 3. Commando recibieron la orden de apoyar al 45. Commando en su ataque a Franceville-Plage.
Castigados, lejos de las líneas principales aliadas, sólo era cuestión de tiempo que los alemanes lanzaran un contraataque que los eliminase o los pusiese en una delicada situación con escasas esperanzas de recibir refuerzos o municiones. Sin embargo, cuando las planas mayores de la brigada decidieron el repliegue, los alemanes se habían reforzado y los 4. y 5. Squadron hubieron de batirse en retirada.
Los alemanes disponían ahora de dos piezas de artillería autopropulsada en las que apoyar su contraataque. Abrieron fuego a muy corta distancia y causaron numerosas bajas entre los ahora vulnerables comandos. Antes de que pasara mucho tiempo, las cunetas de la carretera por donde discurrían los comandos estaban llenas de heridos. Los hombres de la sección sanitaria hicieron un magnifico trabajo pero muchos de los heridos cayeron en manos del enemigo. Por si fueran pocos los problemas de los comandos, algunos de los escuadrones cayeron en un profundo campo minado donde se produjeron numerosos heridos, mientras que durante todo el tiempo, el grueso de la fuerza resultaba martilleado por la artillería y los morteros mientras se retiraban. Al alcanzar las líneas aliadas, ambos escuadrones habían quedado reducidos a la mitad de sus efectivos; una sección del 4. había entrado en combate con 23 hombres y salió con sólo ocho. Desde la incursión de Dieppe de 1942 no había sufrido el 3. Commando tales desgracias.



Ametralladora Bren tras un seto normando
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Mientras los agotados 4. y 5. Squadron pasaron a la reserva, los restos del 3. Commando se situaron en torno a Amfréville, donde sus defensas fueron reforzadas. El esperado contraataque alemán se materializó el día D+2 cuando un batallón enemigo comenzó a aproximarse a las posiciones del 3. Commando.
La compañía enemiga de cabeza fue descubierta por el 6. Squadrón —de sólo 40 hombres— y en lugar de esperar pasivamente a que los alemanes se lanzaran al asalto, el jefe del escuadrón, capitán John Alderson, decidió pasar al ataque.
Saliendo de detrás de los setos, el 6. Squadrón sorprendió a los alemanes y muchos de los soldados de la vanguardia enemiga se rindieron nada más iniciarse el fuego. Alderson ordenó a una sección que se moviera hacia un huerto a la derecha de la carretera. Al llegar allí, cayeron inmediatamente bajo fuego procedente de un seto. Devuelto el mismo y silenciada la débil oposición—el enemigo fue visto corriendo desde el mismo hacia la carretera, donde cayeron en manos de Alderson— los comandos se encontraban en su elemento, efectuando el tipo de incursión para el que estaban preparados: avances rápidos, pausa corta, fuego sorpresivo y abrumador que incluía el de los morteros de 50 mm en tiro raso con su base apoyada en un árbol.
Otra sección, al mando del teniente George Herbert, encontró una dura resistencia pero, tras comprobar que el ataque no progresaba, cargó hacia adelante armado con un fusil ametrallador Bren, disparando ráfagas desde la cadera al enemigo atrincherado delante. Sus hombres inmediatamente le siguieron y los alemanes retrocedieron ante el ímpetu del asalto. Después, mientras descansaban para cambiar los cargadores, Herbert fue alcanzado por un alemán; la bala cortó el cordón de su medalla de Conducta Distinguida (DCM) y le alcanzó en el rostro, matándole instantáneamente. La pérdida de su jefe sólo sirvió para reforzar la determinación del escuadrón que se lanzó de inmediato al asalto con renovado vigor. El ataque enemigo había ya quedado completamente paralizado y los prisioneros alemanes, que sumaban al menos 45 hombres, fueron trasladados detrás de las líneas de los comandos.



Sword Beach
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Un respiro
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En esta breve refriega, entre los alemanes hubo 30 muertos y otros tantos heridos mientras el 6. Squadrón contó sus pérdidas en un oficial muerto y otro herido, así como dos sargentos y cinco soldados heridos. Durante los siguientes días los alemanes montaron diversos asaltos que fueron rechazados por los comandos; cuando no estaban siendo atacados, los hombres del 3. Commando soportaban el fuego de la artillería y de los morteros. El 13 de junio, no obstante, lo peor había pasado y los alemanes habían perdido la iniciativa, atrincherados a 1.000 m de las posiciones de los comandos. La lucha se convirtió en una guerra de paqueo y patrullas. Durante el resto de ese mes, el 3. Commando mantuvo sus posiciones, enviando patrullas a hostigar al enemigo, hasta que éste inició la gran retirada que les conduciría directamente a la gran bolsa de Falaise.


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Palmares


Entre 1940 y 1945, los comandos consiguieron una impresionante lista de 38 honores de batalla concedidos por acciones libradas en todos los principales teatros de la II Guerra Mundial. Algunos de esos honores se les confirieron por largas campañas, mientras que otros respondieron a incursiones relámpago contra puntos clave de las defensas enemigas. Algunas operaciones, como la audaz incursión contra el dique seco de St. Nazaire en Francia
el 28 de marzo de 1942, que lo dejó inutilizado durante el resto de la guerra, fueron un éxito completo, pero otras, como el desembarco en Dieppe el 19 de agosto de 1942, se saldaron con las vidas de muchos comandos. Pero los honores de batalla se conceden cuando el coraje y la determinación se imponen en situaciones límite, y no para re- compensar victorias fáciles.
El primer grupo de comandos se creó en junio de 1940 para operar como unidad de tropas de choque, o Leopardos como les llamaría Winston Churchill. El pensamiento militar convencional del Ejército británico al estallar la guerra en 1939 se oponía a la formación de semejantes unidades ofensivas de élite, pero al poco tiempo los comandos demostraron su inmensa valía.



Tte Col. Peter Young, comandante del 3. Commando, saludado por el rey Jorge VI
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Una de las claves del éxito de los comandos era que se trataba de unidades relativamente reducidas, dotadas de gran flexibilidad operacional, energía e imaginación. Cuando se crearon las primeras unidades, cada Commando constaba de 10 escuadrones de 50 hombres, pero esta formación no resaltó y a primeros de 1941 los escuadrones se redujeron a seis, cada uno con 65 hombres. Una gran camaradería y una intachable lealtad a los mandos, unidas a un entrenamiento riguroso y poco convencional, hicieron de ellos, como diría el general Dempsey “el mejor cuerpo de soldados que he visto nunca”.
Los comandos mantuvieron un elevado grado de disciplina y cohesión en combate, pero en muchas ocasiones algunos soldados actuaron individualmente con gran heroicidad, como demuestra la larga lista de condecoraciones concedidas a los oficiales y soldados de los comandos. Durante la II Guerra Mundial, las unidades Commando se ganaron ocho Cruces Victoria, seis de ellas póstumas.



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Dos de ellas fueron para el teniente coronel A. Newman y el sargento T. Durrant por la incursión de St. Nazaire, y otras dos para el cabo T. Hunter y el mayor danés Anders Lassen por la acción del lago Comacchio, en Italia en abril de 1945. El mayor Lassen era el primer extranjero condecorado con la Cruz Victoria. Durante la incursión para capturar a Rommel y su cuartel general en el norte de Africa en noviembre de 1941, el teniente coronel Geoffrey Keyes encabezó el asalto del 11. Commando y ganó una CV por su valor; otra fue concedida al mayor P. Porteous, del 4.° de Comandos, por su participación en el asalto de la batería costera y la guarnición de Varengeville durante la operación de Dieppe. En Kangaw (Birmania) en febrero de 1945, los hombres del 1. Commando rechazaron un masivo asalto japonés, durante el cual el teniente G. Knowland ganó la CV por su arrojo en combate. La octava Cruz Victoria fue para el cabo primero H. Harden por su participación en
los combates en el río Maas, en Holanda, en enero de 1945.
Además de las Cruces Victoria, las unidades de comandos atesoraron 37 Ordenes de Servicios Distinguidos (DSO), 162 Cruces Militares, 32 Medallas de Conducta Distinguida y 218 Militares.



Bill Millin, gaitero de Lord Lovat, desembarca en Sword Beach
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La gaita de Millin en el Musee Memorial Pegasus Bridge
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Por xicu41 @ 0:43


Villers-Bocage

PzKfw VI Tiger nº 205 de camino a Villers
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Wittmann estaba en Francia, desde abril, cuando los aliados desembarcaron en Normandia, lo que marcaría su vuelta a la acción. Al día siguiente al desembarco recibió la orden de trasladarse con la 2. Kompanie desde su base hasta Normandia vía Paris. La ruta que tuvieron que tomar era algo precaria e insegura, como quedo demostrado al recibir varios ataque aéreos que acabaron con 5 hombres, entre ellos al Unterscharführer Kurt "Quax" Kléber, primera baja de la compañía en la campaña francesa.
Uno de los Tiger resulto dañado (el que ahora mandaba Bobby Woll, ahora Unterscharführer con su propio vehículo). Wittmann no desaprovecho la ocasión de contar de nuevo con su viejo camarada como artillero y en la noche del 12-13 de junio llegaron con 6 Tiger (los otros 6 de la compañía estaban dañados o averiados) a la aldea de Villers-Bocage.



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En principio el papel de Wittmann era de reconocimiento de los movimientos de los británicos en la zona, poniéndose en marcha a las 6 de la mañana del día 13 de junio, intentando camuflarse de los aviones aliados avanzando entre la vegetación. A 150 m de la colina 213, un sargento le informa de una columna aliada que se acerca, entre ellos el 4th County of London Yeomanry (C.L.Y.) de la 22th Armoured Brigade (7th Armoured Division “Desert Rats&rdquoGui?o, equipados con tanques Cromwell y Sherman “Firefly”.
El Sqn (escuadrón) A del County of London Yeomanry se situó al este de la aldea, mientras el Sqn B lo hacia al oeste, controlando el cruce de la carretera que conducía a Caumont, mientras el mando del 4th C.L.Y. se establecía en la calle principal de Villers. Una brigada de fusileros con 12 vehículos semiorugas M3 y 3 tanques Stuart M5A1 se desplegó directamente detrás del Sqn A.
Wittmann medito la situación. No podía dejar pasar la oportunidad, pero cualquier contacto por radio con el cuartel general habría sido interceptado por los británicos.



Sherman Firefly del 4th County of London Yeomanry



Tampoco podía esperar apoyo, ya que no había tropas alemanas en las cercanías y solo disponía de 6 Tiger, nº211(SS- Ostuf. Jürgen Wessel), nº221(SS-Ustuf. Georg Hantusch), nº222(SS-Uscha. Kurt Sowa), nº223(SS-Oscha. Jürgen Brandt), nº233(SS-Oscha. Georg Lötzsch) y nº234(SS-Uscha. Herbert Stief). Hay cierta confusión sobre la numeración del Tiger que Wittmann utilizo ese día. Los informes hablan de que se subió al nº 234 de Herbert Stief, pero que tras avanzar 20 metros este se paro, y tuvo que cambiar al nº 222 de Sowa y otras fuentes hablan del Tiger nº 231, el caso es que se admite generalmente que era el nº222, llevando como tripulación al SS-Uscha. Walter Müller como conductor, el cargador Sturmmann Günter Boldt, el operador de radio Sturmmann Günther Jonas y como artillero a Bobby Woll (con su Tiger averiado volvía a ser el artillero temporalmente). Wittmann había ordenado a Stief avisar al puesto de mando y con Kurt Sowa, Georg Hantusch y Jürgen Brandt, se puso en marcha hacia el pueblo.


Wittmann en el Tiger nº 222



Wittmann dirigió su Tiger de frente hacia los vehículos inmóviles del Sqn. A, cogidos totalmente por sorpresa y fuera de sus vehiculos, con Bobby Woll disparando en marcha tan rápido como podía. Los británicos hicieron lo más inteligente que podían hacer, dispersarse y salir pitando, ya que poco podían hacer a pie contra un Tiger. En esta primera pasada 15 vehiculos fueron destruidos (en honor a la verdad muchos lo fueron sin ninguna oposición) entre ellos 2 Cromwell y un Firefly de la brigada de fusileros, además de dos cotracarros de 6. libras y tres Stuart. Al entrar en el pueblo se encontraron con los 4 Cromwell del HQ, destruyendo tres de ellos, y varios vehiculos M3 (estos con el fuego de la MG34). Del Sqn A muy pocos pudieron escapar de la sorpresa inicial, entre ellos el capitán Patrick Dyas, que inteligentemente había movido hacia atrás su Cronwell por una calle lateral. Mientras tanto el Sqn B ya estaba alertado de la presencia de los Tiger.
Wittmann entro cautelosamente en el pueblo, sin darse cuenta de que tenia detrás al Cromwell de Dyas, pudiendo esquivar un encuentro con un Sherman Firefly (con un cañón de 17. libras, tan potente como el 88 de un Tiger, no debe tomarse a la ligera) mandado por el sargento Stan Lockwood, del Sqn B.



Restos de la columna britanica
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Dyas, que se mantenía a distancia segura entre tanto, vio su oportunidad y disparo dos veces con el 75 mm de su Cromwell pero ambos se hicieron humo en el blindaje del Tiger. No tuvo segunda oportunidad, Woll giro la torreta y disparo de lleno al Cromwell, aunque pudo salir del tanque mientras este ardía. Su conductor y su artillero no tuvieron tanta suerte.
El Tiger de Wittmann se dirigía entonces al encuentro del Sqn B por la rue Clémenceau cuando un disparo de un cañón anticarro de 6. libras le alcanzo en las cadenas, quedándose parado delante del almacén Huet-Godefroy. Wittmann y su tripulación salieron del tanque a toda prisa sabiendo que no podían hacer nada más y con la esperanza de poder recuperar el Tiger mas tarde, dirigiéndose a pie al puesto de mando de la 130. Panzer Lehr donde presento el informe de la situación. Mas tarde unidades de Panzer Lehr volvieron a Villers-Bocage, pero el factor sorpresa ya se había perdido, por lo que la situación de la mañana no pudo repetirse. Las perdidas habían sido de 6 Tiger (tres pudieron recuperarse mas tarde) y cinco Pzkpfw IV



Cromwell del capitan Dyas
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Los británicos perdieron ese día (13 de junio 1.944) en Villers-Bocage 30 tanques de los que la propaganda alemana atribuyo directamente a Wittmann 27 (evidentemente es una exageración ya que Wittmann no actuó solo), mas tarde la cifra se estableció en 21 (también exagerado), y finalmente los historiadores se han puesto de acuerdo en que ese día destruyó 12 tanques (5 Cromwell, 3 Stuart y 4 Sherman) y 15 vehiculos de diverso tipo (semiorugas M3, autoametralladores Bren y tranportes diversos). Lo que esta claro es que la acción de Wittmann en Villers-Bocage fue una muestra de observación, improvisación, decisión, valor y por que no decirlo, también de suerte, factor muy decisivo en muchas ocasiones, al alcance solo de comandantes como el propio Wittmann, Otto Carius o Kurt Knispel.


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Tiger nº 222 alcanzado
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El 22 de junio le fueron concedidas las Espadas para su Cruz de Caballero, entregadas por Hitler en Berchtesgaden, y ascendido a Hauptsturmführer. También se le ofreció el puesto de instructor en Paderborn, que rechazo, volviendo otra vez a Normandia. Pero la situación en Francia fue de mal en peor para las tropas alemanas, incluido el s.SS Pz. Abt. 101 de Wittmann.

8 de Agosto de 1.944
En agosto los aliados lanzaron la operación “Totalize” destinada a acabar con la resistencia alemana en torno a Falaise y el s.SS Pz. Abt 101 fue agregado a la 12. Ss Pz. Gren. División Hitlerjugend, mandada por Kurt “Panzer” Meyer. La tripulación del Tiger de Wittmann estaba ahora formada por el Unterscharführer Karl Wagner como artillero, el Sturmmann Günther Weber como cargador, el Unterscharführer Heinrich Reimers como conductor y el Sturmmann Rudolf ' Rudi ' Hirschel como operador de radio y la MG34. El pequeño Kampfgruppe tenía un total de alrededor de sesenta vehículos, y Wittmann tenía bajo su mando solamente ocho Tiger operativos para enfrentarse a los casi 600 tanques aliados de la operación Totalize. La tarea de Wittmann era atacar Cintheaux, entre Caen y Falaise, y ocupar las alturas al norte del pueblo. A las 12:30 se encontró con 4 Sherman de la 4th Armored Division canadiense disparando contra ellos, sin alcanzarlos.


Josef 'Sepp' Dietrich, Wittmann y Hermann Weiser
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A partir de aquí todos los datos son confusos. Según los informes alemanes, a las 12:47, el Tiger nº 007 habría recibido un disparo en las cadenas quedando inmovilizado. El Hauptschführer Hans Höflinger declaro haberlo visto inmovilizado pero intacto a las 12:55, pero no pudo acercarse. Poco después el Tiger de Wittmann fue localizado por elementos de la Hitlerjugend, destruido y con la torreta separada del chasis, como si se hubiera producido una explosión de la munición dentro del tanque. Según los expertos esto pudo causarlo un Sherman “Firefly” (en el año 2006, Joe Ekins, que había servido con los Northants Yeomanry, declaro que había sido su Firefly el que acabo con Wittmann) o un cohete de un Hawker Typhoon, que es la versión mas extendida.


El Pzkfw VI Tiger nº 007 de Michael Wittmann, destruido
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Michael Wittmann murió el 8 de agosto en St. Aignan de Cramesnil, siendo enterrado en el campo junto a su tripulación. En 1.983 al realizar unas obras en una carretera cerca de Cintheaux fueron encontrados sus cuerpos y trasladados al cementerio de La Cambe donde reposan desde entonces.




Unidades Britanicas



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7th Armoured Division
“Desert Rats”






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22nd Armoured Brigade



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4th County of London Yeomanry
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5th Royal Tank Regiment




131st (Queens) Brigade



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1/7 th Queen's Royal Regiment





Divisional Troops


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8th King's Royal Irish Hussars


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11th (Prince Albert's Own) Hussars






Royal Artillery


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5th Royal Horse Artillery


Perdidas britanicas:
22 Cromwell, 5 Sherman, 3 Stuart,11 Scout car,10 Half-track, 4 Lloyd-carrier, 2 Bren-carrier






Unidades Alemanas


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s.SS.Pz.Abt. 101


2. Kompanie s.SS.Pz. Abt. 101
1. Kompanie s.SS.Pz. Abt 101 mas elementos de la 130. Panzer Lehr



Perdidas:
6 Pzkfw VI Tiger ( se recuperaron 3 ) y 5 Pzkfw IV.




Biografia completa de Michael Wittmann

Martes, 10 de abril de 2007

Por xicu41 @ 11:12


Michael Wittmann


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Michael Wittmann naci? el 22 de abril de 1914 en la aldea de Vogelthal en la regi?n de Oberpfalz (Baviera). Hijo de Johann Wittmann y de su esposa Ursula, ten?a un hermano (Johann) y tres hermanas (Franziska, Anni y Theresa). Estudio hasta los 16 a?os y al terminar sus estudios ayudo en el trabajo de la granja de la familia.
Un a?o despu?s de la ascensi?n de Hitler al poder, la vida de Wittmann cambiaria radicalmente. El 1 de febrero de 1.934 con 19 a?os ingresa en el F.A.D./Freiwillige Arbeitsdien), (servicio de trabajo voluntario), que mas tarde se convertir?a en el R.A.D./ Reichs Arbeitsdienst, (servicio de trabajo del reich), organizaciones que por aquella ?poca estaban en pleno ascenso.
El 30 de octubre 1934 de Michael Wittmann comenz? un per?odo de dos a?os en el ej?rcito, y fue asignado a 10. Kompanie del 19. Infanterieregiment, en Arnulf, en la ciudad b?vara de Freising cerca de Munich. Aqu? empez? a tomar contacto con los blindados, aunque fuera con un Pzkpfw I, y su fascinaci?n por ellos.

Con uniforme del R.A.D.
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Tras dos a?os en Freising, a los veintid?s a?os, Wittmann no tuvo ning?n problema en pasar los requisitos f?sicos necesarios para entrar en la Allgemeine-SS; un mes despu?s de presentarse como candidato, le asignaron al Sturm 1/92 de la Allgemeine-SS, en Ingolstadt, con el n?mero SS-311623.
El entrenamiento inicial era duro, y los nuevos candidatos ten?an que pasar unas exigentes pruebas f?sicas y m?dicas: los est?ndares eran extraordinariamente altos, y un buen n?mero de candidatos era rechazado. El 1 de abril 1937 menos de seis de meses despu?s de su ingreso, Michael Wittmann fue elegido para el SS-Verfugungstruppe (SS-VT), la rama militar de las SS (lo que se convertir?a en las Waffen-SS). Ingreso como recluta de la 17. Kompanie en la Leibstandarte-SS Adolf Hitler, y el 5 de abril empez? el entrenamiento en los cuarteles de Lichterfelde en Berl?n.



Wittmann con su padre Johann Wittmann
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19. Regiment
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La Leibstandarte-SS Adolf Hitler (LSSAH) fue la primera divisi?n que formo las SS-VT, a partir de la guardia personal de Hitler, el (Stosstrupp Adolf Hitler). Hab?a sido creado por Josef ' Sepp ' Dietrich a principios de los a?os 20, por consiguiente, los est?ndares del reclutamiento, que pusieron ?nfasis en las cualidades f?sicas y la disposici?n de la documentaci?n ancestral apropiada, eran mucho m?s altos que para cualesquiera de las otras unidades de SS-VT/Waffen-SS. Muchos, incluyendo ' Sepp ' Dietrich mismo, se quejaron amargamente por estas reglas, muchas de las cuales rozaron el rid?culo. Por ejemplo, si Michael Wittmann hubiera querido ingresar en cualquier fase posterior, habr?a sido rechazado por su altura.
Wittmann entro en la LSSHA como SS-Mann, el equivalente a Gefreiter en la Wehrmacht, Su entrenamiento inicial fue como tripulante de blindado, y como parte de este entrenamiento lo introdujeron a un n?mero de veh?culos ligeros de reconocimiento, incluyendo el Sd. Kfz. 222 y Sd. Kfz. 232. El 9 de noviembre hacia su juramento en el Feldherrnhalle, en Munich, al mismo tiempo que era promovido al rango de SS-Sturmmann. Al a?o siguiente marcho hacia Austria, que segu?a con su incorporaci?n al Reich, con el resto de la LSSHA y mas tarde, ocho meses despu?s, tambi?n intervendr?a en la anexi?n de los Sudetes. El 20 de abril de 1.939 seria ascendido al rango de SS-Unterscharf?hrer.



A Sd. Kfz. 222 Panzersp?hwagen
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Al comienzo de las hostilidades en septiembre 1939, Wittmann, con veinticinco a?os, serv?a en el pelot?n LSSAH (Panzersp?h-Zug), con el Sd. Kfz. 222 Sp?hwagen, primero como conductor y despu?s como comandante. Su servicio duro poco y al volver de Polonia le asignaron para el entrenamiento NCO, con la 5. Kompanie del batall?n de reemplazo de la LSSHA. Sus superiores hab?an visto en el un talento emergente y Wittmann no los defraudar?a. La division recibi? 6 de los nuevos ca?ones de asalto Sturmgesch?tz III Ausf. A (Stug III) autopropulsados y armados con un ca??n de 75 mm KwK (Kampfwagenkanone) montado sobre un chasis del Pz. Kpfw. III.


Unterscharf?hrer
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Mientras estaba en Metz en la campa?a francesa, al Unterscharf?hrer Wittmann le ofrecieron la oportunidad de entrenar con el nuevo vehiculo y tras probarlo a fondo elegido como comandante de uno de ellos. Wittmann acepto inmediatamente y empez? el proceso para seleccionar a su tripulaci?n, cosa nada f?cil ya que no hab?a ninguna experiencia con este tipo de vehiculo. Al final eligi? como artillero al Rottenf?hrer Klinck, experto en el uso de Panzer I e II, como conductor al Rottenf?hrer Koldenh?ff y como su cargador al Rottenf?hrer Petersen. El entrenamiento con el StuG III era intenso y altamente realista en todos los aspectos, incluyendo un entrenamiento cuidadoso con respecto al mantenimiento de campo, as? como el entrenamiento t?ctico. Wittmann y su equipo tuvieron que familiarizarse con cada cent?metro de su veh?culo. Tal entrenamiento era esencial, pues ser?a a menudo necesario realizar tales procedimientos, r?pidamente y con seguridad, mientras se estuviera en campa?a. El entrenamiento t?ctico, era esencial para la perfecta coordinaci?n entre los veh?culos y la infanter?a a la que deb?an apoyar; el realismo de los ejercicios del entrenamiento deb?a encaminarse a evitar el panorama de los soldados de infanter?a heridos o muertos accidentalmente.
Finalizado el entrenamiento con los Stug III, en abril de 1941 interviene en los Balcanes (Operaci?n Marita) donde la LSSHA proporciono apoyo a la 9. Panzer Division para el asalto a la ciudad de Skopje, en Yugoslavia. La campa?a yugoslava de la LSSHA termino en una semana y la division fue enviada a Grecia donde ya seria una autentica unidad de combate y de la que ya formaban parte oficiales como Kurt ?Panzer? Meyer, que se har?a famoso por el asalto al paso de Klissura. Michael Wittmann y su equipo de StuG III tambi?n jugaron su parte en este asalto y el posterior empuje hacia el lago Kastoria, asistiendo a la captura de 12.000 hombres de la 13? divisi?n griega. Atenas finalmente fue tomada a finales de abril.



Stug III
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La operaci?n "Barbarossa", la invasi?n alemana de Rusia empez? el 22 de de junio de de 1941 y Wittmann no tardar?a mucho en intervenir en ella. El 12 de julio, StuG III de Wittmann fue requerido para moverse a una posici?n ventajosa en una colina, se?alada como punto 65.5. Despu?s de alcanzar su objetivo el Rottenf?hrer Klinck, artillero de Wittmann, diviso tanques enemigos que se acercaba r?pidamente. Despu?s de buscar una posici?n que ofreciera ventaja visual adicional, dieciocho tanques T34/76 fueron avistados, un grupo de doce y otro grupo de seis. Despu?s de ordenar a su conductor Koldenh?ff llevar el veh?culo de nuevo en el lado izquierdo de la colina, Wittmann prepar? a su equipo para el combate coloc?ndose para encontrarse con los T-34/76 de frente. El primero fue alcanzado con un impacto directo del ca??n 75 mm KwK. Como el Stug III no tiene torreta m?vil toda la responsabilidad fue puesta en el conductor Koldenh?ff, que con habilidad consumada coloco r?pidamente el veh?culo en una posici?n ventajosa conveniente que permiti? al artillero Klinck lograra hacer de nuevo blanco en otro T-34/76 que salto en llamas.
En pocos segundos, el cargador Petersen hab?a metido otro proyectil en el ca??n.
Despu?s de un impacto cercano de otro T34/76 (y un artillero ruso con una punter?a muy pobre), Wittmann maniobro para alcanzar el borde de un peque?o bosque y planear su siguiente movimiento. Mientras que realizaba un reconocimiento r?pido a pie, Wittmann vio un tercer veh?culo enemigo y de repente son? una explosi?n. Despu?s de la polvareda se encontr? con el T34/76 destruido. La iniciativa de Klinck y sus habilidades en la observaci?n y de la artiller?a hab?an sido decisivas. Mientras que ambos veh?culos hab?an encontrado simult?neamente, el artillero de Wittmann hab?a estado bastante mas alerta en localizar, avistar y golpear el blanco. Al volver a su c?pula, Wittmann fue el primero en felicitar a su experto artillero.



Wittmann, Bobby Woll, Werner Irrgang, Josef 'Sepp' R??ner y Eugen Schmidt ante su PzKfw VI Tiger con las 88 victorias conseguidas, pintadas en el ca?on.
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Wittmann acabo con 6 T-34/76 ese d?a (tambi?n demostr? su car?cter al salvar de las llamas a tres de los tripulantes del ultimo tanque ruso destruido), ganando la Cruz de Hierro de Segunda Clase.
Cuando Dietrich le pregunto si tenia alguna petici?n especial, le dijo que se le diera asistencia medica a los tres soldados rusos.
Wittmann sigui? su campa?a exitosa con la LSSHA hasta la ca?da de Rostov el 20 de noviembre de 1.941. Un d?a despu?s recibir?a la Panzer-Kampfabzeichen (Distintivo de Asalto Panzer) de plata por haber participado en 25 combates contra tanques enemigos.
Despu?s de un a?o en Rusia volvi? a Baviera a la Junkerschule, la academia militar de las SS en Bad T?lz y como muchos otros cadetes, Wittmann encontr? el entrenamiento el m?s duro que ?l hab?a tenido nunca. Todas las ?reas fueron cubiertas, y los ejercicios mentales y f?sicos eran severos, dise?ados llevar a cada cadete al l?mite de sus capacidades. Se hacia ?nfasis en la camarader?a y la cooperaci?n, e inculcaron a los oficiales la idea de que aunque eran en ?ltima instancia responsables de las acciones de su equipo, ellos deb?an siempre verse como miembros de ese equipo.
El entrenamiento concluy? el 5 de septiembre, y Wittmann fue destinado al batall?n de reemplazo de los SS Panzer en Weimar (Pz. Ers. Abt. 500) en Padeborn, como comandante de pelot?n. El 21 de diciembre 1942, ya como SS-Untersturmf?hrer fue enviado a Francia a entrenarse con el nuevo tanque Panzerkampfwagen VI Ausf. H/E (Pz. Kpfw. VI, Sd. Kfz. 181) Tiger, armado con el potente ca??n de 88 mm L/56 KwK 36. Como anteriormente debi? elegir su tripulaci?n y que acabo siendo formada por el Rottenf?hrer Balthasar ' Bobby ' Woll como artillero, el Rottenf?hrer Karl Berges como cargador, el Rottenf?hrer Gustav ' Gustl ' Kirschmer como conductor y el Rottenf?hrer Herbert Pollmann como operador de radio y de la MG-34. Las tripulaciones de los Tiger pod?a sufrir cambios con el tiempo, pero Wittmann siempre quiso que Bobby Woll fuera su artillero. La Leibstandarte volvi? al frente ruso en enero de 1.943 con el reci?n creado I. SS Panzerkorps en el que tambi?n se integro a la II. Panzerdivision ?Das Reich? y la III. Panzerdivision ?Totenkopf? y Wittmann empezar?a la campa?a como comandante de un pelot?n ligero formado por Panzer III Ausf. J.



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No seria hasta principios de abril cuando recibir?a el nuevo Pz. Kfw. VI Tiger y la compa??a seria rebautizada como 13. Kompanie.
El Tiger que Wittmann mando en la batalla de Kurks era el n? 1331, el 13 por la compa??a, el 3 por el pelot?n y el 1 como comandante de pelot?n.
El primer d?a de la batalla de Kurks (Operaci?n Zitadelle) 5 de julio de 1.943, la compa??a, mandada por el Hauptsturmf?hrer Kling, se dirige al norte desde su punto de partida cerca de la ciudad de Bykovka, con instrucciones de atravesar de las defensas sovi?ticas situadas al sur y al sureste de la ciudad. Fue un mal d?a para Wittmann, que aunque lograron destruir 8 T-34 y 7 ca?ones antitanque, en una de sus muchas salidas ese d?a su tanque piso una mina que da?o las cadenas e hiri? de gravedad a su cargador Walter Koch. La tripulaci?n estaba formada por Bobby Woll (artillero), Siegfried Fuss (conductor), Max Gaube, sustituto de Koch, (cargador) y Karl Lieber (radio-operador).
El 14 de julio la compa??a ten?a solamente cinco Tiger operativos, un n?mero que ascendi? a nueve el 17 de julio, y debi? retirarse a una posici?n al oeste de la ciudad de Byelgorod.
Hab?an perdido a muchos hombres, y a pesar de los ?xitos de la compa??a Tiger, Kursk todav?a estaba en las manos de los sovi?ticos. Simplemente, las tropas alemanas hab?an sido abrumadas por la fuerza num?rica de sus opositores. El plan de cerrar el saliente de Kursk hab?a fallado.
Despu?s de una temporada de descanso en Italia tras la derrota de Kurks, Wittman volver?a por tercera vez a Rusia donde la situaci?n hab?a ido de mal en peor y ahora el ej?rcito sovi?tico avanzaba imparable. Asignaron a la compa??a de Wittmann la tarea de capturar la ciudad de Brusilov al oeste de Kiev, en Ucrania.
El 13 de noviembre de 1.943, ?l y su equipo logran destruir m?s de dos docenas de veh?culos, entre tanques y ca?ones antitanque. A pesar de estas acciones era evidente que no se pod?a hacer frente a tal superioridad durante mucho tiempo.


Michael Wittmann y su mujer, Hildegard Burmester
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El 21 de noviembre fue un d?a intenso para Wittmann y su tripulaci?n, con problemas en su Tiger debido al recalentamiento del motor por una aver?a.
Acabaron con 13 T-34 y 7 ca?ones antitanque (con el SS-Sturmmann Bobby Warmbrunn como artillero) y los informes incluyen un encuentro, MP-40 en mano, con tres tripulantes de uno de los T-34 destruidos, donde Wittmann recibi? una herida en la barbilla sin mayores consecuencias.
A mediados de diciembre, acompa?ado de otros dos Pzkpfw VI Tiger, fueron sorprendidos por una veintena de T-34 en los alrededores de la ciudad de Meshiritschka, a pesar de lo cual pudo acabar con seis de ellos, con Bobby Woll de nuevo manejando el poderoso ca??n de 88 mm. Durante las batallas alrededor de Berdichev a finales de diciembre, Wittmann fue nombrado comandante de la compa??a. El 2 de enero de 1944, ten?a doce Tiger bajo su comando y el nuevo a?o trajo tambi?n la aparici?n del nuevo y temible T34/85, armado con un ca??n de 85mm.
Los primeros d?as de enero fueron fruct?feros para Wittmann, que acumulaba 56 victorias en el periodo comprendido desde julio de 1.943 al 7 enero de 1.944; los d?as 8 y 9 otras diez victorias, siendo propuesto el d?a 10 de enero para la Cruz de Caballero por el comandante divisional, SS Oberf?hrer Theodor "Teddi" Wisch, que recibir?a cuatro d?as mas tarde. Durante este breve periodo de tiempo, Wittmann elimino otros 22 tanques enemigos, lo que elevaba la cifra de victorias a 88 (en 80 de ellas con Bobby Woll de artillero), solo en los d?as 12 y 13 dejaron fuera de combate 16 T-34 y tres ca?ones antitanque. Antes de terminar el mes ya hab?a conseguido su victoria 100 y el 30 de enero le notificaron la concesi?n de las Hojas de Roble para la Cruz de Caballero, adem?s de ser ascendido al rango de Obersturmf?hrer.
El 15 de febrero de 1.944 sustituye a Heinz Kling como comandante de la 2. Kompanie del s SS Panzer Abteilung 101 y su ultima acci?n en el frente ruso la llevar?a a cabo en la intervenci?n de la ?Das Reich? y la LSSHA para liberar los 35.000 soldados atrapados en la bolsa de Tscherkassy, obteniendo otras 9 victorias.


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Lunes, 09 de abril de 2007

Por xicu41 @ 0:50


Leibstandarte en Kharkov


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En enero de 1943 la rendición del VI Ejército en Stalingrado fue la pieza clave que produjo una masiva derrota de los ejércitos alemanes en la Unión Soviética. Las dispersas unidades de la Wehrmacht resultaban terriblemente vulnerables al Ejército Rojo, que estaba llevando a cabo una serie de ofensivas, las cuales amenazaban con barrer los maltrechos restos de los grupos de ejércitos que hablan marchado tan confiadamente hacia el este el verano anterior. El Generafieldmarschall Erich von Manstein, a cargo de los ejércitos del sur, intentó desesperadamente persuadir a Hitler para que llevara a cabo una estratégica retirada, acortando así las líneas del frente. El Führer se negó pero, aunque no estaba preparado estratégicamente para razonar, envió a Manstein una formación con la que luchar en su desesperada batalla por la supervivencia.


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I. SS. PanzerKorps

Formado por la I Panzergrenadier division “Leibstandarte SS Adolf Hitler”, la II Panzergrenadier division “Das Reich” y la III Panzergrenadier division “Totenkopf”. Estas tres divisiones habían pasado los últimos cinco meses en Francia, descansando y recibiendo refuerzos de personal y armamento. En noviembre de 1942, la Leibstandarte había crecido hasta la categoría de una compañía y después, se convirtió en un batallón, el cual se componía de los nuevos carros de combate PzKpfw VI, «Tiger » bajo el mando del Sturmbaunführer Joachim Peiper. Este batallón panzer se convertiría en el núcleo de la Leibstandarte, junto con otro batallón de PzKpfw IV, dos regimientos de panzergrenadier y destacamentos móviles de cañones contracarro y de asalto, con unos efectivos totales de 18.000 hombres.

Hitler pasa revista a su guardia personal
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El comandante de la Leibstandarte era uno de los miembros iniciales del Partido Nazi, el Obergruppenführer Josep «Sepp» Dietrich. Bajo el mando de Dietrich la división había luchado en 1.941-42 con determinación y crudeza en el Frente Oriental y sufrió numerosas bajas, pero los oficiales y soldados supervivientes se convirtieron en unos experimentados y endurecidos combatientes e inculcaron a los nuevos reclutas los principios de combate de la Leibstandarte.
Con la Leibstandarte desplegada en el Donetz, al este de Kharkov, Hitler ordenó realizar al I SS PanzerKorps un vigoroso contraataque a finales de enero de 1943 por el suroeste. Sin embargo la confusa y peligrosa situación en torno a Kharkov supuso el enfrentamiento de la Leibstandarte en una serie de batallas locales mientras ríos de alemanes, italianos y húngaros en retirada fluían hacia el este. La division mantenía una cabeza de puente con un frente de mas de 100 km. Dietrich se vio obligado a mandar a sus tropas en pequeños destacamentos para abrir la línea, con sus soldados enfrascados en una lucha en las condiciones climáticas mas abrumadoras. Las temperaturas llegaban a los 20º bajo cero y las cegadoras tormentas de nieve reducían la visibilidad a 20 metros.
La Leibstandarte rechazó con éxito varios ataques soviéticos la primera semana de febrero, pero al ser las unidades de apoyo del ejército menos firmes apareció en el flanco derecho una brecha de 60km, como resultado del fallo de la 320. Infanterie division al mantener sus posiciones. La Leibstandarte, junto a la «Das Reich y la «Totenkopf» se vio envuelta en unas batallas de desgaste de las que era incapaz de desembarazarse. Existía verdadero peligro de que el I. SS Panzerkorps quedase aislado y rodeado.
Entre el 11 y el 16 de febrero, la Leibstandarte combatió en varias batallas aisladas y todas sus unidades panzer, de panzergrenadier y de apoyo fueron desplegadas en formaciones «ad hoc» que intentaron restablecer una línea frontal continua y relevar a otras unidades alemanas. Dietrich mandaba un Kampfgruppen (grupo de batalla) consistente en destacamentos de la Leibstandarte y la «Das Reich», que detuvieron un avance soviético tras lanzar un contraataque «tridente» mediante el cual se tomó la localidad estratégica de Merefa.



Pzkpfw IV en Karkov
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Hubo combates cuerpo a cuerpo y marchas sobre la nieve, con los oficiales de alto rango, como el Standartenführer Fritz Witt y el Hauptsturmführer Hans Becker dirigiendo personalmente a sus hombres en los asaltos de grupos de combate. Por su mando y su bravura durante esos días críticos, Witt fue condecorado con las Hojas de Roble en su Cruz de Caballero.
Los ataques soviéticos continuaron presionando a lo largo de todo el frente del Donetz, y la Leibstandarte se dividió en una serie de Kampfgruppen que intentaron actuar como baluartes contra la marea soviética. Elementos de la Leibstandarte se combinaron con otros de la «Das Reich» y la «Totenkopf» en un momento en que las tres divisiones se diezmaban en los feroces combates. Los soldados de la Leibstandarte se negaban a retirarse o a rendirse (sabían lo que les esperaba si lo hacían), incluso cuando quedaban aislados por el enemigo, sin prestar atención a sus heridas, escasez de alimentos o municiones y al duro frío.
Se confiaba también en que la Leibstandarte diese enérgico apoyo a otras formaciones agobiadas. El 13 de febrero, un batallón de panzergrenedier, bajo el mando de Peiper, lanzó un ataque de 40 km en la línea soviética para relevar a la cercada 320. Infanterie división. El batallón protegió con eficacia a los restos de la división y consiguió traerlos devuelta a las líneas alemanas; tal determinación de Peiper y sus soldados SS elevó inmensamente la reputación de la Leibstandarte ante los ojos del ejército. De nuevo, en la dura lucha alrededor de la ciudad de Bereka, elementos del batallón de reconocimiento de la Leibstandarte quedaron aislados por los soviéticos, pero fueron rescatados por el Sturmbannführer Max Wünsche, al mando del I Panzergrenadiere bataillon, que consiguió atravesar las líneas soviéticas; por esta acción, y por destruir personalmente unos 50 cañones soviéticos, Wünsche fue condecorado con la Cruz de Caballero.
El área sobre la que combatía la Leibstandarte, había comenzado a tomar la apariencia de un paisaje lunar helado, sembrado de villas destruidas, carros y vehículos carbonizados además de cadáveres insepultos que yacían congelados con formas grotescas.



Fritz Witt
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Pero por encima de esta guerra de desgaste y pesadilla, sobresalió uno de los mayores triunfos militares de las Waffen SS en el Frente Oriental. Aunque Hitler había ordenado categóricamente que Kharkov tenía que ser mantenida a toda costa, el Obergruppenführer Paul Hausser, comandante del I SS Panzerkorps, tomó la decisión de evacuar la ciudad con el fin de mantener la integridad de sus agotadas unidades. El 15 de febrero, los soviéticos habían reconquistado Kharkov y el I SS Panzerkorps se había retirado hacia el sudoeste a través del río Uda; la Leibstandarte se concentró al norte de Krasnograd.
Sin embargo, lo que no sabían la mayoría de los soldados de la Leibstandarte era que la victoriosa retirada de Kharkov no era más que el paso inicial de un contraataque de Manstein, el comandante del Grupo de Ejércitos Sur. El 17 de febrero, Hausser informó a sus superiores sobre el plan: se les permitiría a los soviéticos avanzar, sólo para ser atrapados por los alemanes y éste sería el movimiento preliminar de una contraofensiva. El I SS Panzerkorps, junto al XLVIII Panzerkorps, formaron el IV Ejército Panzer de Manstein, el cual desempeñaría un importante papel de rodeo. El 22 de febrero, la Leibstandarte atacó al nordeste, desde Pavlograd hasta Lozovaya, donde se unió con elementos del Grupo de Ejércitos Centro que se desplazaban al nordeste, cercando así a un cuerpo blindado soviético bajo el mando de Popov. Aunque algunas unidades soviéticas pudieron cruzar el anillo alemán, el grueso del cuerpo fue totalmente destruido por una espesa cortina de fuego artillero, de carros de combate, infantería y aviación. Los soldados de la Leibstandarte, se lo tomaron como si fuese un «tiro al blanco», mientras los soldados soviéticos huían desesperadamente.
El 6 de marzo, los alemanes habían conseguido una victoria considerable, al rodear y destruir un gran número de formaciones soviéticas al sur de Kharkov; para la Leibstandarte estas acciones la compensaron de las anteriores semanas de lucha defensiva y de desgaste. Deseosos de llevar a casa sus triunfos, los batallones de PzKpfw IV y VI Tiger, y los panzergrenadier en sus vehículos blindados avanzaban y disparaban en su marcha, destruyendo a los maltrechos carros soviéticos a la par que eliminaban a los tropeles de soldados soviéticos en su huida.



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El 9 de marzo, el I SS Panzerkorps se había desplegado al norte y al oeste de Kharkov. Un repentino deshielo hizo difíciles los movimientos, con un espeso barro agolpado en las ruedas de los vehículos de la Leibstandarte. Hausser decidió atacar Kharkov y para ello desplegó en el norte a la Leibstandarte con la intención de cortar la carretera Kharkov-Belgorod y después intentarlo por el sur. El I SS Panzergrenadiere de Witt pronto llegó a las afueras y el 11 de marzo comenzó a avanzar hacia el centro de la ciudad para tomar la Plaza Roja. La lucha de los meses anteriores se había cobrado un alto precio en las fuerzas panzer de la Leibstandarte, de tal manera que el 11 de marzo la división sólo tenía 23 carros de combate y ningún Tiger estaba en disposición para el servicio.
Aunque la fuerza soviética en Kharkov estaba rodeada, defendió la ciudad con carros de combate T-34 y un complejo de puntos fuertes basados en numerosísimos bloques de casas, Las unidades de la Leibstandarte tenían que despejar la ciudad en unos durísimos combates casa por casa con lo que el 12 de marzo los blindados de la división quedaban reducidos a 14 carros de combate; pero la determinación de los soldados y la rivalidad entre los oficiales como Witt, el Oberturmbannführer Kurt «Panzer» Meyer y el Sturmbannführer Jochen Peiper para reconquistar posiciones de prestigio como la Plaza Roja, contribuyó a destruir el 15 de marzo los últimos focos soviéticos de resistencia atrincherados en una fábrica de tractores.
El 18 de marzo, Peiper se desplazó al norte y aseguro Belgorod. Esta parte final de la contraofensiva alemana de cuatro semanas, concluyo con una operación militar muy fructífera.
De enero a marzo de 1943, el I SS Panzerkorps había sufrido la pérdida de 365 oficiales y 11.154 de otros rangos, de los cuales casi un tercio eran de la Leibstandarte. La victoria en Kharkov supuso, no obstante, un tremendo impulso para la moral alemana y la Leibstandarte recibió muchísimas felicitaciones y recompensas. Indudablemente, a esto ayudó el gran interés de Hitler en «su» división y el hecho de que «Sepp» Dietrich era un viejo camarada y un amigo personal.



La cara de Meyer refleja la dureza del combate en Kharkov
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La Leibstandarte fue recompensada con una gran parte de los honores obtenidos por las Waffen SS, al recibir 14 Cruces de Caballero y otras condecoraciones más altas, frente a las 10 condecoraciones conseguidas por la Das Reich y las 5 de la Totenkopf.
Sin embargo, las felicitaciones y las recompensas dadas a las Leibstandarte no obedecían a un simple favoritismo de Hitler o a los contactos de Dietrich sino que, por el contrario, reflejaban la admiración sincera por el ejército y confirmaban las excelencias de la Leibstandarte durante las duras batallas del invierno de 1943 y su éxito en estas batallas, que se debió tanto a la rudeza de los soldados SS, su concepto de superioridad militar, como a la inspiración y ejemplo de sus jefes al dirigir desde el frente.



Joachim "Jochen" Peiper




El precio de la victoria
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S?bado, 07 de abril de 2007

Por xicu41 @ 0:46



HMS ONSLOW
Mar de Barents 31-12-1.942



En el ?ltimo d?a de 1942, las 1.610 toneladas del destructor HMS Onslow surcaban un mar de aguas tranquilas, dirigiendo la escolta del convoy JW 51 B, compuesto por 21 mercantes cargados con material de guerra para el Ej?rcito sovi?tico en Murmansk. Bajo el mando del contralmirante Robert Burnett, otros dos cruceros, el Sheffield y el Jamaica, estaban a menos de 50 millas al norte del convoy, dirigi?ndose hacia el, la ma?ana del 31 de diciembre.
La visibilidad era bastante buena para las condiciones de un invierno ?rtico (entre 5 y 6 millas) pero las frecuentes nevadas lo tapaban todo, reduci?ndola a cero. La situaci?n de la tripulaci?n de los buques era muy mala: las temperaturas bajo cero convert?an las operaciones m?s sencillas en extremadamente dif?ciles, el metal congelado de las herramientas pod?a lacerar la piel de una mano desnuda, los vig?as sufr?an regularmente de severos congelamientos y cualquier hombre ca?do al agua se daba por perdido, muerto en minutos por las heladas aguas del oc?ano ?rtico. Los mismos destructores estaban afectados por el fr?o pues ?ste congelaba la espuma marina salpicada sobre cubierta, haciendo penoso el manejo de los ca?ones de proa.
Despu?s de m?s de tres a?os de constantes operaciones militares, la Royal Navy hab?a desarrollado una fuerza de combate altamente efectiva, con los principales logros a bordo de sus destructores escolta. Aparte del constante peligro de ataque por parte de los U-boot, los comandantes de destructor del convoy ten?an que hacer frente a embarcaciones de superficie alemanas. Los brit?nicos se dieron cuenta de que tendr?an que lanzar sus nav?os de escolta contra cualquier barco enemigo, sin reparar en las p?rdidas, a fin de mantener el convoy a salvo. La actuaci?n del Onslow en la batalla del mar de Barents iba a ser un soberbio ejemplo del esp?ritu de la Royal Navy.



HMS OnslowImagen


Las tripulaciones de los buques de escolta estaban alerta para la acci?n, pues todo el mundo sab?a en el convoy que las poderosas fuerzas de superficie de la marina alemana, amarradas en el norte de Noruega, har?an todo lo posible por destruirlo. El almirantazgo hab?a interceptado y descifrado mensajes alemanes, mientras el oficial al mando de la l7. Flotilla de destructores, el capit?n Robert Sherbrooke, DSO, RN, recibi? el aviso de que esperase un ataque por unidades principales de superficie.
La tensi?n aument? cuando a las 08:00 horas del 31 de diciembre, la corbeta Hyderabad, a la derecha del convoy, divis? dos destructores, creyendo que eran rusos procedentes de Murmansk, no inform? de ellos y 10 minutos despu?s, el destructor HMS Obdurate los avist? de nuevo, esta vez cruzando la l?nea de popa del convoy. El oficial al mando transmiti? inmediatamente el informe a Sherbrooke y, al confirmarse que eran alemanes, el Onslow se prepar? para la acci?n.
Mientras tres destructores de defensa asum?an la formaci?n ensayada, a la popa del Onslow, el quinto destructor, el HMS Achates, despleg? una cortina de humo de protecci?n mediante una mezcla alterada ?oil-air? en el hogar de sus calderas, fabricando humo qu?mico sobre su alc?zar.
Los vig?as en las alas del puente del Onslow no divisaron al enemigo hasta las 09:39, siendo su informe muy alarmante pues la inconfundible torre de control de una gran nave alemana pod?a verse al este de los dos ?misteriosos? destructores. Dos minutos despu?s, el Onslow transmiti? el mensaje a Burnett de que una pesada unidad enemiga se estaba enganchando al convoy. Era el Admiral Hipper, junto a 3 grandes destructores de apoyo, y bajo el mando del vicealmirante Kummetz; desconocido por los brit?nicos. Kummetz ten?a tambi?n a su disposici?n el acorazado L?tzow y otros tres grandes destructores. Su plan consist?a en unirse a la escolta del convoy desde el norte y hacerla retroceder hacia los brazos del L?tzow, que estaba tomando posici?n al sur.



Capitan Robert Sherbrooke
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Los dos destructores, Onslow y Orwell, no dudaron en abrir fuego contra las 14.000 toneladas del Admiral Hipper, a pesar de que el armamento de aqu?llos (ca?ones de 4,7 y 4 pulg.) se vio superado por los ca?ones de 8 pulg. del pesado crucero. S? ten?an, sin embargo, torpedos que pod?an hundir al Admiral Hipper si se acercaba demasiado.
Durante hora y media, los dos destructores participaron en el mortal juego del gato y el rat?n, meti?ndose y saliendo entre los chubascos de nieve y el humo para esquivar los ca?ones del Hipper. Sherbrooke no quer?a dejar sin protecci?n al convoy, por lo que rehus? enviar a los otros dos destructores, el Obdurate y el Orwell. De repente, la buena suerte del Onslow termin?, cuando a las 10:20, tres de los cuatro proyectiles de 8 pulg. lanzados por los alemanes alcanzaron la proa del buque.
Los proyectiles alemanes hab?an causado terribles da?os. Dos derribaron los ca?ones de 4,7 pulg. A y B, dejando a muchos de los hombres muertos o agonizando, mientras que los trozos y las esquirlas mataron o hirieron a muchos m?s. Tambi?n hubo los que destrozaron o inutilizaron equipos de radio y radar o el que mutil? terriblemente al capit?n Sherbrooke en la cara. Este segu?a consciente a pesar de su herida y, siguiendo la m?s digna tradici?n de la Royal Navy, se neg? a abandonar el puente de mando, emulando as? al almirante Nelson, gloria de la Armada. Los grupos de control de da?os fueron enviados para informar sobre su extensi?n y la visi?n que se ofrec?a bajo la cubierta era espantosa:
piernas arrancadas, seres agonizantes, humo y fuego.
El Onslow se hallaba, pues, en un estado lamentable, con 40 muertos y heridos, los dos ca?ones de proa destruidos, peligrosamente escorado a estribor y unos agujeros en las salas de m?quinas y de calderas. Por suerte a?n se pod?a gobernar y hacer avanzar el barco, que se pudo retirar de la acci?n, mientras los otros tres distra?an al Hipper.
El capit?n Sherbrooke continu? permaneciendo en el puente, neg?ndose a que le vendaran la herida hasta que pudiera cerciorarse de que el mando de la flotilla hab?a pasado al teniente David Kinloch del HMS Obedient.



Acorazado L?tzow
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S?lo entonces el teniente cirujano Holland convenci? al capit?n Sherbrooke de que bajase para ser asistido.
Entonces, el Hipper y sus tres destructores desaparecieron por el nordeste, con lo que el Onslow pudo respirar aliviado. El almirante Kummetz aun esperaba cerrar su trampa, pues el convoy hab?a hecho exactamente lo que el hab?a pensado, hab?a dado la vuelta desde el lugar del ataque y seguramente caer?a en manos del L?tzow y sus tres destructores acerc?ndose por el sur. Par?ndose s?lo para destruir al dragaminas Branble que err?neamente se hab?a cruzado en el camino de Hipper mientras buscaba dos buques rezagados del convoy, Kummetz intent? seguir su ruta alrededor de los escoltas en direcci?n al convoy.
El maltrecho Onslow tom? posiciones a la cabeza del convoy, junto al Achates, mientras los otros destructores permanec?an detr?s, listos para rechazar al Hipper si reaparec?a. Sobre las 10:45, la corbeta Rhododendrom, a la derecha, inform? de m?s buques enemigos: el L?tzow hab?a hecho contacto en seguida pero, en un momento crucial, su capit?n perdi? de vista el convoy en un chaparr?n de nieve y decidi? no arriesgarse a ser torpedeado, prefiriendo, en su lugar, mantener su distancia hasta que el tiempo aclarase.
El respiro fue corto, sin embargo, pues el Hipper entr? en acci?n una vez m?s, al cabo de unos pocos minutos, dirigiendo su fuego contra el Achates matando a su capit?n y a otros miembros de la tripulaci?n con una andanada de proyectiles. El Obedient aparte de algunas bajas por las esquirlas y de la radio inutilizada, pudo librarse de da?os m?s graves. El Obdurant tambi?n qued? da?ado por la metralla, sin sufrir v?ctimas. El Achates qued? relegado a un lento zigzag tras el convoy, demasiado lento para unirse al resto de los destructores.
Temiendo la amenaza de los torpedos de los destructores brit?nicos, el Hipper se retir? de nuevo, s?lo para caer bajo el rugiente fuego del Sheffield y el Jamaica, de r?pida aproximaci?n. Estos hablan localizado al Hipper a las 11,30 y hab?an abierto fuego con sus ca?ones de 6 pulg. de 13.500 m de alcance.
El Hipper, horquillado entre cuatro salvas y, por sorpresa, se vio alcanzado, debiendo reducir su velocidad a 27 nudos.



Artilleros navales
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Dibuj? un c?rculo y puso proa sudeste, buscando la seguridad, pero mientras hu?a el Sheffield hizo blanco dos veces m?s. Enfrentada a este repentino asalto, la fuerza alemana se retir?, perseguida por los cruceros. Otra desgracia cay? sobre los alemanes, pocos minutos despu?s, cuando los destructores Fiedrich Eckholtd y Richard Beitzen tomaron a los cruceros brit?nicos por alemanes ante la escasa visibilidad. Los cruceros brit?nicos abrieron fuego inmediatamente y el Sheffieid acribill? al Fiedrich Eckholdt, reduci?ndolo a ruinas incendiadas, aunque el otro destructor huy? ileso. Mientras el Admiral Hipper hu?a, el L?tzow entra en acci?n contra el convoy y abri? fuego, disparando salvas de proyectiles de 11 pulg. sobre los mercantes. Los destructores brit?nicos se lanzaron furiosamente, una vez m?s, contra el L?tzow, amenaz?ndolo con sus torpedos y despu?s de infligir leves da?os a un solitario mercante, el L?tzow se retir?.
Una vez m?s, la amenaza de los torpedos era suficiente para que los alemanes mantuvieran su distancia.
Para el convoy JW 51 B y su escolta todav?a no hab?a llegado al descanso. Tras una lucha valiente por salvar el barco, el Achates tuvo que ser abandonado, pudiendo ser rescatados 81 hombres de los 138 iniciales. A bordo del Onslow, los equipos de control de da?os revisaron las cubiertas y los compartimentos, verificando los mamparos apuntalados y reparando la luz y dem?s servicios esenciales, La herida de Sherbrooke era lo suficientemente seria como para que el doctor la considerase mortal, a primera vista. El dolor era tal que las inyecciones de morfina hac?an poqu?simo efecto. El patr?n supervis? el grupo de enterramientos, siguiendo el tradicional ritual de coser los cad?veres en sus hamacas antes del sepelio: 14 cuerpos fueron echados al mar por la borda.
El tiempo, cada vez peor, a?n infligi? m?s da?os al maltrecho destructor. Mediante un cuidadoso bombeo del agua, fue posible corregir la escora y se consigui? as? que el mayor de los orificios a estribor quedase por encima del mar.



HMS Onslow a su llegada a Inglaterra
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En esas circunstancias, el Onslow pod?a ya avanzar a 20 nudos, y despu?s dej? que el convoy hiciera su ruta directamente a Kola Inlet. El destructor lleg? a las 07:00 del d?a siguiente y amarr? en un muelle de Murmansk, no sin que antes muriesen otros tres marineros malheridos. En total, fueron enviados 26 heridos a tierra para que se recuperasen en el rudimentario hospital que los sovi?ticos ten?an disponible.
Sherbrooke volvi? a Gran Breta?a a comienzos de enero, todav?a con una astilla de proyectil en la cara, pues las condiciones m?dicas en Murmansk se consideraron demasiado primitivas para extirparla. El Onslow estaba listo de nuevo y zarp? el 29 de enero, llegando a Scapa Flow, en las Orcadas, el 4 de febrero. Las reparaciones duraron hasta mediados de mayo, en que volvi? a unirse a su flotilla como gu?a de escolta.
Los resultados a largo plazo de la batalla en el mar de Barents fueron mucho m?s importantes de lo que Sherbrooke y sus valientes hombres pod?an haber imaginado, Cuando las noticias sobre la poco brillante actuaci?n del Admiral Hipper y del L?tzow llegaron a Hitler, ?ste, en uno de sus peores ataques de ira, orden? la total recogida de la flota de superficie, el desmantelamiento de los ca?ones de los buques y su env?o a tierra para ser usados en las bater?as costeras.
Aunque la orden fue revocada despu?s, esto precipit? la renuncia del almirante Erich Raeder como comandante en jefe, dando paso al almirante Karl D?nitz. M?s tarde habr?a otra salida ?la ?ltima? del Scharnhorst, pero la batalla del mar de Barents marc? el fin de los intentos de los alemanes por detener a los convoyes brit?nicos en ruta al norte de la Uni?n Sovi?tica.

Jueves, 05 de abril de 2007

Por xicu41 @ 0:40



101st Airborne Division en Bastogne
Diciembre 1.944

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Ametralladora apoyada por un carro Sherman en los alrededores de Bastogne
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En la ma?ana del 22 de diciembre de 1944, una semana despu?s de que empezara la ofensiva de las Ardenas, los hombres de la Compa??a F del 2nd Battalion/ 327th Glider Infantry Rgt de la 101st Airborne Division, estaban ocupando posiciones defensivas en vanguardia alrededor de Remoifosse hacia el sur de Bastogne. Alrededor de las 11:30 horas quedaron sorprendidos al ver un peque?o grupo de alemanes (dos oficiales y dos soldados) aproxim?ndose bajo una bandera blanca de tregua e incluso m?s sorprendidos cuando su portavoz, el alf?rez Hellmuth Henke de la 130. Divisi?n Panzer Lehr, anunci? en ingl?s: ?somos parlamentarios?. R?pidamente se extendi? un rumor entre las l?neas americanas de que el enemigo estaba a punto de rendirse, pero de hecho la intenci?n de Henke era la de negociar algo totalmente opuesto. Tra?a un mensaje escrito a m?quina del general Heinrich von Luttwitz, jefe del Cuerpo de Ej?rcito Panzer XLVII, que solicitaba una rendici?n honorable de la ciudad sitiada de Bastogne para dentro de dos horas, de lo contrario fuerzas superiores alemanas aniquilar?an a las tropas americanas.
Henke y su compa?ero, el comandante Wagner, fueron conducidos con los ojos vendados al puesto de mando de la Compa??a F y el mensaje r?pidamente pasado a trav?s de la cadena de mando al cuartel general de la Divisi?n de Bastogne. Entregado por el coronel Joseph Harper, jefe del 327th Glider Infantry Rgt, fue considerado al principio como una broma por el jefe de la Divisi?n, el general de brigada Anthony McAuliffe. Su reacci?n fue meramente la de re?r y decir: ?Ah; ?narices!?, y cuando fue a redactar una respuesta escrita, ni a ?l ni a su Estado Mayor se le ocurri? nada m?s apropiado. Se le dio a Harper por tanto una hoja de papel sobre la que estaba escrito: ?Al jefe alem?n, narices (nuts)? ?El jefe americano? y dirigido para su entrega a los oficiales alemanes que estaban todav?a esperando en Remoifosse.



Generales Taylor y McAuliffe
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Sorprendentemente al recibir la respuesta a las 13:30 h. Henke no ten?a ni idea de lo que significaba y Harper tuvo que detall?rselo:
?Si Vd. no entiende lo que significa ?narices?, en palabras llanas es lo mismo que ?iros al infierno?.
Y yo quiero decirte algo m?s: si contin?as atac?ndonos vamos a cargarnos a todos los condenados alemanes que intenten entrar en esta ciudad. ?
En realidad McAuliffe estaba en una situaci?n poco envidiable. Durante las 24 horas anteriores las fuerzas bajo su mando hab?an quedado aisladas y sitiadas en Bastogne. Se enfrentaban a cuatro divisiones alemanes (la 2. Panzerdivision, la Panzer Lehr, la 26. Volksgrenadier y la 5. Fallschirmj?ger) y ya se hallaban mal de suministros.
El ataque de Hitler el 16 de diciembre hab?a pillado completamente por sorpresa a los aliados. El frente de 130 km estaba sostenido por las divisiones d?biles o inexpertas del cuerpo del VIII Ej?rcito del general Troy Middleton y, aunque las unidades individualmente resistieron m?s tiempo del que se esperaba, las formaciones iniciales del asalto alem?n lograron progresos significativos. Su objetivo era el de producir brechas en las defensas americanas preparatorias de una ofensiva que profundizar?a en las l?neas aliadas, cruzando el r?o Meuse y reconquistando Antwerp antes de que los jefes angloamericanos pudieran reaccionar. Pero para hacer esto, los panzers y sus unidades de apoyo ten?an que controlar las carreteras. Los nudos de comunicaciones tales como el de St. Vith en el norte y Bastogne al sur del saliente eran de gran importancia. Tal como result? despu?s, la defensa de St. Vith, que hab?a retardado a los alemanes en una semana, tuvo que ser abandonada el 23 de diciembre, y esto aumentaba la necesidad de los aliados de defender Bastogne. Con siete carreteras importantes saliendo de este centro en forma radial (a Hoffalize en el norte, a St. Vith en el noreste, a Wiltz en el sureste, a Arlon en el sur, Neufchat?au en el sureste y a Marche y La Roche en el noroeste) la ciudad representaba un serio obst?culo para el enemigo.



Aviones C-47 Dakota lanzan suminstros
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Prisioneros norteamericanos se cruzan con un K?nigstigerImagen



El comandante supremo, general Dwight Eisenhower, orden? a la l0th Armored Division que se trasladara r?pidamente al norte para reforzar la ciudad. Cuando el destacamento de combate B (CCB) de la l0th Armored lleg? el 18 de diciembre, fue enviado al este de la ciudad, estableci?ndose un arco de posiciones defensivas que se extend?a desde Noville (equipo Desobry), a trav?s de Longville (equipo Cherry), a Wardin (equipo O?Hara). Este movimiento coincidi? los ataques de tanteo por parte de la 2. Panzerdivision y la Panzer Lehr; para el fin del d?a los bloqueos de carreteras hab?an sido rebasados o aplastados y los equipos del CCB era todo lo que habla entre los alemanes y Bastogne.
Cuando comenz? la ofensiva alemana el 16 de diciembre, la ?nica reserva estrat?gica de Eisenhower era el XVIII Cuerpo Aerotransportado, mandado por el general Matthew Ridgway. Sus divisiones con base en Europa, la 82nd y la 101st, que descansaban cerca de Rheims despu?s de la operaci?n de Arnhem, fueron alertadas para su traslado a las Ardenas durante las ?ltimas horas del 17 de diciembre. El general James Gavin, jefe de la 82nd Airborne y comandante interino del Cuerpo de Ejercito mientras Ridgway estaba en Inglaterra, recibi? las ordenes a las 07:30 horas y despu?s de una noche de preparativos partieron en camiones, justo despu?s del alba del d?a 18, sin saber su destino exacto. La 101st que estaba temporalmente bajo el mando de McAuliffe, le sigui? a las 14:00 horas en cuyo momento Gavin hab?a recibido nuevas ?rdenes para concentrarse en los alrededores de Werbomont. McAuliffe esperaba unirse con ?l all?, pero, cuando todav?a estaba en la carretera, la 101 fue desviada a Bastogne. La circulaci?n, unos 380 camiones en la oscuridad sobre carreteras desconocidas, heladas y atestadas de tr?fico fue una pesadilla de confusi?n. La 101st hizo los 160 km del viaje en menos de 24 horas, no hubo tiempo para instrucciones detalladas o reconocimiento, pues la situaci?n al este de la ciudad era desesperada.
Durante la noche elementos de la 2. Panzerdivision hab?an capturado Allerborn y atacaron hacia Noville al noroeste.



Columna de Stug III
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Artilleros "luchando" contra el barro
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Mientras la Panzer Lehr se hab?a trasladado bajo la protecci?n de la niebla para abrir brecha entre los equipos Cherry y O?Hara, mas al sur.
El I/ 506th Parachute Infantry Rgt fue desplegado con urgencia para reforzar Desobry, llegando a las 12:00 horas del 19 de diciembre. Su reacci?n inicial fue la de montar un contraataque pero cuando este tuvo lugar dos horas mas tarde, choco con un asalto de los panzer que venia en la otra direcci?n. La lucha fue confusa, sin que ninguno de los contendientes cediese terreno. Las bater?as asentadas en los bordes de las colinas, dominando la aldea, bombardearon a los paracaidistas sin piedad y sus posiciones defensivas fueron repetidamente invadidas por la violenta embestida de los carros. Durante el prolongado combate de la artiller?a, su jefe, el teniente coronel James L. LaPrade, muri?. Lo peor vino cuando se reanudo el ataque a las 05:30 h. del d?a 20. Cay? Noville, obligando a los americanos a retirarse al interior de las l?neas establecidas por el 502nd Parachute Infantry Rgt hacia su retaguardia en Foy. Sin embargo, la resistencia hab?a disuadido a la 2. Panzerdivision de un asalto directo a Bastogne y decidi? presionar al este hacia el r?o Meuse.
En alg?n otro lugar hab?a empezado a producirse una situaci?n similar. El empuje de la Panzer Lehr, que hab?a aislado al destacamento Cherry en Longville, fue detenido por un decidido contraataque de los tres batallones del 501st Parachute Infantry Rgt en Bizory; esto no evit? la destrucci?n de la hoya de Longville. A las 13:00 h. del 19 de diciembre, la artiller?a alemana bombarde? la carretera entre Longville y Mageret, destruyendo m?s de 200 veh?culos americanos y dejando escapar a los restos del destacamento Cherry al interior de las l?neas mantenidas por el 501. Para entonces el destacamento O?Hara hab?a sido obligado a salir de Wardin hacia Marvie, al este de Bastogne, pero hab?a sido reforzado por el 2/ 327th Glider Infantry Rgt. Cuando esta fuerza combinada se enfrent? a las patrullas de reconocimiento de la Panzer Lehr en las primeras horas del d?a 20, ?sta tambi?n se desvi? hacia el este, tomando Lutrebois y cortando la carretera de Arlon.



Tropas del 501 P.I.R. en el este de Bastogne el 19 de diciembre
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Pzkpfw IV hecho pedazos
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24 horas m?s tarde, cuando elementos de la 5. Fallschirmj?ger se apoderaron de Sibret al este, Bastogne qued? efectivamente rodeado. Ya tarde, el 21 de diciembre, como empezara a nevar, se confi? a McAuliffe la responsabilidad para la defensa de la ciudad que pronto se llamar?a ?El ?lamo de Europa?. Los hombres de la 101st Airborne hab?an llegado mucho antes de que el asedio directo comenzara. Su presencia en Bastogne fue oportuna permitiendo a los americanos reforzar el d?bil anillo defensivo cuando m?s necesario era. Ahora depend?a de McAuliffe y sus tropas aerotransportadas el resistir inmovilizando a las unidades enemigas que deb?an encontrarse camino de Antwerp y dando a Eisenhower la oportunidad de organizar una defensa fuerte sobre las dos laderas de la colina ?Bulge? preparatoria de un eventual contraataque.
Mientras tanto los alemanes comenzaron a someter a Bastogne a una cortina de fuego incesante de la artiller?a y bombardeos nocturnos que convertir?an la ciudad en escombros. Los heridos enviados de las posiciones del frente yac?an sin atenci?n en medio de un infierno de explosiones, mientras el personal m?dico trabajaba fren?ticamente con unos suministros que disminu?an r?pidamente. Una bomba alcanz? un hospital del que s?lo sobrevivieron dos pacientes. La congelaci?n de pies y piernas era com?n, pues las tropas permanec?an interminables per?odos de tiempo en sus puestos. Si Bastogne iba a resistir, deber?a recibir suministros. Cuando el tiempo mejor?, McAuliffe solicit? abastecimientos por aire. A las 09:35 h. del 22 de diciembre ?dos horas antes de que los alemanes exigieran la rendici?n? un destacamento de exploraci?n se lanz? en paraca?das en las posiciones mantenidas por el 327th Glider Infantry Rgt y estableci? balizas de se?ales. Noventa minutos m?s tarde los hombres de la 101st pudieron ver los primeros C-47 (conocidos en USA como trenes a?reos) que llegaban sobre la zona de lanzamiento, hacia las 14:00 h., m?s de 240 aviones hab?an lanzado 144 toneladas de suministros, la mayor parte munici?n de artiller?a.



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Pero el tiempo todav?a pod?a cambiar a pesar de otro lanzamiento con ?xito el 24 de diciembre, el d?a de Navidad. Las bases de los C-47 en Inglaterra estaban envueltas en niebla obligando a los americanos a utilizar planeadores llegados en avi?n desde Inglaterra. El primer turno de planeadores se realiz? el 26 de diciembre y se encontr? con un recibimiento de fuego antia?reo alem?n; 11 planeadores consiguieron llegar a la 101st, ametrallados, llenos de agujeros pero conteniendo suministros de medicinas de urgente necesidad as? como equipos de cirug?a. Una segunda ronda al d?a siguiente fue menos afortunada, perdi?ndose 15 planeadores y 17 C-47 remolcadores.
A pesar de una relativa tregua el 22 de diciembre, el combate no hab?a acabado en absoluto. A las 17:25 h. del d?a 23, las posiciones mantenidas por el 2./ 327th Glider Infantry Rgt alrededor de Marvi fueron batidas por un intenso fuego de artiller?a y carros, seguido muy de cerca por una ola de veh?culos acorazados e infanter?a de apoyo.
Cuando entraron en acci?n los carros alemanes estaban a menos de 50 m del borde de la ciudad, y aunque la l?nea americana aguant? un segundo ataque alem?n aquella noche penetr? hasta posiciones dentro de Marvi. En aquellos momentos las carreteras y las campi?as circundantes estaban llenas de restos de veh?culos acorazados y de equipos aliados y alemanes; cuando la niebla levant? los P-47 aliados se dirigieron a atacar y bombardear en picado a la fuerza alemana. Posteriormente, el 3/327th Glider Infantry Rgt hab?a conseguido desbaratar un ataque en Flamierge, pero con el anillo defensivo ahora reducido a una circunferencia de menos de 25 km. Y con Bastogne sujeto a las incursiones nocturnas de bombardeo de la Luftwaffe, la situaci?n era insostenible.
El 23 de diciembre, sin embargo, las divisiones Panzer hab?an desviado hacia el este la mayor?a de sus fuerzas tratando desesperadamente de alcanzar el r?o Meuse y hab?an confiado al Generalmajor Heinz Kokott con la 26. Voldsgrenadier, la responsabilidad de tomar Bastogne. Esta unidad estaba reforzada por elementos de la 115. Panzergrenadier Division acabada de llegar al frente.



Pzkpfw VI Tiger II K?nigstiger
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El d?a de Nochebuena fue tranquilo puesto que Kokott se preparaba para lo que ?l esperaba ser?a el asalto final y McAuliffe tuvo la ocasi?n de reforzar sus defensas, colocando sus cuatro regimientos aerotransportados en el per?metro apoyados por las armas de todas las unidades disponibles. Fue una decisi?n inteligente.
El ataque comenz? el d?a de Navidad antes del alba cuando el capit?n Wallace Swanson, al mando de la Compa??a A del 1/502nd Parachute Infantry Rgt, inform? que los carros enemigos se aproximaban a sus posiciones al exterior de Champs en el borde noreste del per?metro. Se orden? a la Compa??a B acudir en su ayuda, aunque nada pudo evitar que los alemanes entraran en Champs, inici?ndose una feroz lucha casa por casa. Pero esta acci?n demostr? ser un ataque de diversi?n, pues pronto una fuerza de 18 carros y ca?ones de asalto, cada uno con panzergrenadiers pegados a su coraza, atacaron en un punto m?s lejos al sur, en direcci?n al boquete entre el primer batall?n del 502 y el tercer Batall?n del 327. A las 07:15 h. el puesto de mando del tercer Batall?n del 327 hab?a sido ocupado. Cuando los panzers dieron la vuelta para aproximarse a Champs por retaguardia, atravesaron posiciones guarnecidas por la Compa??a C de Allen y estos hombres lanzaron sobre la columna alemana todo el fuego de que dispon?an barriendo a los panzergrenadiers. Los cazadores de carros del Batall?n 705 se lanzaron hacia los carros enemigos y el total de los 18 veh?culos quedaron destruidos. El avance alem?n fue detenido.
Este fue el punto decisivo de la batalla de Bastogne. A las 16:50 h., el primer veh?culo de la 4? Armored Division del general Patton cruz? las l?neas de defensa del per?metro de la 101st. El panorama en Bastogne y aldeas circundantes indicaban a las claras una terrible historia de destrucci?n, sufrimiento y miseria. La guarnici?n ahora conocida como ?los maltratados bastardos del basti?n de Bastogne? hab?a defendido con tenacidad un punto clave contra fuerzas superiores.



Patton y McAuliffe
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Abandonando el cerco de Bastogne
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De derecha a izquierda: Unteroffizier Manfred Pernass, Grefeiter Wilhelm Schmidt y Oberfahnrich Gunther Billing. Fueron capturados el 17 de diciembre en Aywaille, cuando estos, no acertaron a dar un santo y se?a. Fueron juzgados en un consejo de guerra en Henri-Chapelle, sentenciados a muerte y fusilados la ma?ana del 23 de diciembre.
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Martes, 03 de abril de 2007

Por xicu41 @ 23:17


12. SS-Panzerdivision "Hitlerjugend"
Normandia 1.944

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El 5 de junio de 1944, la 12. SS-Panzerdivision "Hitlerjugend"
se habla desplegado en un área situada al oeste de Paris y al sur de Rouen y había establecido su estado mayor divisional en Acon. Los efectivos de la division estaban ligeramente por encima de lo establecido, con sus 20.540 soldados, aunque le faltaban 144 oficiales para el total autorizado de 664. La division comprendía un regimiento acorazado, compuesto de dos batallones de carros, uno equipado con Pzkpfw V “Panther” y otro con Pzkpfw IV, un batallón contracarro, dos regimientos de infantería mecanizada de tres batallones cada uno, un regimiento de artillería, un regimiento antiaéreo y varias unidades de apoyo. En el Día D, el regimiento acorazado estaba falto de 36 de sus 186 carros.
La juventud de esta formación quedó demostrada con el hecho de que en el I.Bataillon del 25.SS-Panzergrenadierregiment había como mínimo un 65 por ciento del personal que tenia menos de 18 años y únicamente un tres por ciento, casi todos oficiales y suboficiales, con más de 25 años. Aquellos jóvenes soldados adoraban a sus líderes, tan aguerridos y fascinantes para ellos como Kurt Meyer (conocido por «Parnzermeyer) y Max Wünsche. Los contingentes de reclutas que integraban la división habían sido educados para ser combatientes, y no soldados, y en ella se daba una gran importancia a la obediencia, a la dureza, a la camaradería y a la negación de la existencia de la palabra «imposible». Al igual que en otras divisiones de las Waffen SS, se cultivaba primordialmente la táctica del ataque y contraataque agresivos.
La mañana del 6 de junio, la División Hitlerjugend fue trasladada de la reserva del OKW a una situación en la que quedaba a disposición del Grupo de Ejércitos B de Rommel. Las órdenes que se le habían cursado consistían en concentrarse al este de Lisieux, donde el VII Ejército se encargaría de su despliegue. Como muchos de los contingentes alemanes de refuerzo que se trasladaron a la cabeza de playa aliada, la Hitlerjugend era incapaz de desplazarse al completo y debía dividirse para su transporte.



Entrenamiento
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Las primeras unidades que se pusieron en movimiento a las diez horas del 6 de junio fueron el I.Panzerabteilung del 12. SS-Panzerregiment, junto con el 26. SS-Panzergrenadierregiment.
A las 15,00 horas llegaban a la región de Lisieux algunos elementos de la Hitlerjugend, que recibieron la orden de reagruparse al oeste de Caen para participar en un contraataque sobre los canadienses. Las diferentes unidades de la División Hitlerjugend estuvieron en movimiento en el área de despliegue durante las 24 horas siguientes. Sin que pueda hablarse de cobertura aérea amiga de ningún tipo, las fuerzas alemanas congregadas se vieron sometidas a los furiosos ataques en rasante con cohetes y fuego de cañón por parte de los Hawker Typhoon de la RAF, que forzaron hasta el límite la férrea disciplina y el entrenamiento combativo de los jóvenes soldados. Era escasa la información fiable sobre los movimientos del enemigo y entre los batallones los rumores corrían como la pólvora, aun cuando la moral se mantenía alta. Las compañías de infantería mecanizada ocuparon rápidamente sus posiciones y sus hombres cavaron trincheras y pozos de tirador mientras los equipos contracarro ponían en batería sus armas pesadas. Todo ello se cubrió con redes de camuflaje y, finalmente, ya de madrugada, los soldados estuvieron en situación de concederse unas cuantas horas de sueño. El II.Panzerabteilung/ 12. SS-Panzerregiment no llegó hasta la mañana del 7 de junio, con únicamente 50 carros. Los Panther del I.Panzerabteilung estaban detenidos en la orilla este del río Orne debido a la falta de combustible. Así pues, el Grupo de Ejércitos B, en lugar de desplegar toda la División Hitlerjugend para montar un contraataque sólo pudo reunir un Kampfgruppe (grupo de batalla) bajo el mando de Panzermeyer. A pesar de las pérdidas habidas en hombres y material en el curso de los ataques aéreos, las unidades de la Hitlerjugend, junto con la 21.Panzerdivision, era la única fuerza capaz de hacerse cargo de un contraataque al oeste de Caen.



Juramento sobre un cañon Pak 75mm con Kurt Meyer al fondo
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Las órdenes destinadas a la División Hitlerjugend, cursadas la mañana del 7 de junio, especificaban que la unidad debía atacar al enemigo y devolverlo al mar, puesto que las playas eran el objetivo que se había fijado, De hecho, las órdenes de Panzermeyer eran mucho más realistas y parece que decidió tomar una posición de cobertura al objeto de proteger Caen hasta la llegada de refuerzos. Situó en línea tres batallones de infantería mecanizada, con dos compañías de carros detrás de cada flanco, y desplegó el apoyo artillero hacia retaguardia, preparando una emboscada a las fuerzas canadienses que hacían presión desde las cabezas de playa aliadas. Después Meyer se situó en la torre de la abadía de las Ardenas, al objeto de dominar toda la zona.
Subido al campanario de la abadía, Meyer calculaba el mejor momento de atacar. Los canadienses se abrieron paso a través del pueblecito de Franqueville y se dirigieron al aeródromo de Caen y, cuando no faltaban más que 80 m para que los primeros llegaran a su destino, dio la señal de avanzar. Los Pzkpfw IV y la infantería salieron de sus posiciones ocultas y se precipitaron sobre la pequeña loma, introduciéndose en el flanco canadiense, mientras a quemarropa, las piezas contracarro emboscadas disparaban mortíferas una y otra vez contra los carros Stuart que se aproximaban. Los jovencísimos soldados de las juventudes hitlerianas luchaban ferozmente y los canadienses se vieron obligados a replegarse ante la furia desatada de su ataque. A las pocas horas eran recapturadas las localidades de Authie y Franqueville. El ataque de la Hitlerjugend estuvo bien coordinada y en él cooperaron conjuntamente los carros, los “panzergrenadiese” y la artillería, lo que hacía muy difícil a los canadienses detener el avance de los carros Pzkpfw IV.
Aunque el contraataque de las juventudes hitlerianas no había conseguido llegar a la playa, había impedido que los canadienses alcanzasen el importante aeródromo de Carpiquet. Los canadienses sufrieron más de 300 bajas y perdieron casi 30 carros, mientras que la Hitlerjugend había perdido seis panzer y habían tenido unos 200 muertos.



Kurt Meyer, Fritz Witt y el Generalfeldmarschall Gerd von Rundstedt
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En su primera batalla, la División Hitlerjugend había combatido con una bravura y una decisión que causaron profunda impresión en los canadienses, pero también había sufrido cuantiosas bajas. Emil Werner, del 25. SS-Panzergrenadierregiment, describía de la siguiente manera el combate del 7 de junio:
«Hasta Cambes todo funcionó bien. En lo que a nosotros se refería, esa localidad parecía tranquila. Pero al llegar a las afueras caímos bajo el fuego de fusilería y el infierno se precipitó sobre nosotros. Atacamos una iglesia en la que se habían emboscado algunos tiradores. Fue allí donde vi caer la primera baja de nuestra compañía: era el granadero Ruehl, de la sección de plaza. Di la vuelta al cadáver. Le habían alcanzado en la cabeza. Era el segundo muerto de nuestra compañía. Habían muerto camaradas nuestros y todavía no habíamos visto ningún inglés. Entonces la situación se hizo crítica. El jefe de mi sección fue herido en un brazo y tuvo que pasar a la retaguardia. El granadero Grosse, de Hamburgo, pasó junto a mí y de un salto se lanzó detrás de unos arbustos, empuñando un subfusil y gritando: ¡Manos arriba! ¡Manos arriba! Salieron dos ingleses con los brazos en alto. Creo que esto valió a Grosse la Cruz de Hierro de segunda clase. «
El 8 de junio llegó por fin una compañía de carros Panther del I.Bataillon que, junto con unos cuantos panzergienadiese, realizó un ataque nocturno sobre la carretera de Caen-Bayeux. Los carros se movían en formación de cuña, con los infantes asidos detrás de las torres. Como era habitual, Panzermeyer dirigía el avance de la compañía de exploración montado en motocicleta. A medianoche llegaron al pueblo de Rots y, después de varias horas de lucha desordenada, en el curso de la cual la Hitlerjugend perdió seis carros, Meyer retiró sus fuerzas. Pese a que el ataque fue conducido con gran valor y decisión, parece que hubo escaso control táctico, y los observadores canadienses comentaron que las juventudes hitlerianas habían atacado de una manera fragmentaria y sin explotar la debilidad que evidenciaba la posición del contrincante.



Pzkpfw IV Ausf H
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Si bien los alemanes habían planeado llevar a cabo una ofensiva importante gracias a la cual pensaban llegar a la costa el 10 de junio y que en la misma tomase parte la División Hitlerjugend, de hecho nunca llegó a realizarse, debido a que los aliados tomaron la iniciativa por el flanco izquierdo contra la División Panzer Lehr. El 16 de junio, el estado mayor divisional de la Hitlerjugend, situado a unos 30 km al sudoeste de Caen, sufrió un duro y certero bombardeo naval aliado, y el Brigaderführer (general de división) Fritz Witt, que estaba al mando de la unidad, perdió la vida junto con otros varios oficiales. Fue sustituido por Panzermeyer. La División Hitlerjugend se había ido desplazando gradualmente hacia el norte y oeste de Caen y ya había sufrido importantes bajas. Por otra parte había escasez de combustible, municiones y pertrechos. Al norte de Caen, los carros de la Hitlerjugend prestaban apoyo a unidades tan debilitadas como la 16. División de Campaña de la Lutwaffe. El aeródromo de Carpiquet estaba ocupado por una batería de artillería antiaérea de la Hitlerjugend, elementos del I.Bataillon del 26. SS-Panzergrenadierregiment y unos 15 carros de combate. El 4 de julio los canadienses efectuaron un ataque con su 3ª División cuyo objetivo era capturar la aldea de Carpiquet y su aeródromo. Una barrera artillera alemana provocó importantes bajas en la primera oleada de ataques canadienses, aunque no evitó un violento choque entre dos batallones de infantería canadienses y unos 50 panzergrenadiese que defendían el pueblo de Carpiquet. Al llegar la noche los canadienses habían ocupado el pueblo y el extremo norte de la base aérea, pero los alemanes seguían conservando el extremo sur. Aunque los hombres de la Hitlerjugend estaban agotados, la falta de infantería fue el único obstáculo que impidió que se lanzasen a nuevos contraataques.
Entre el 4 y el 9 de julio la División Hitlerjugend se convirtió en una de las piedras angulares de la defensa alemana de Caen contra el ataque del I Cuerpo británico. Un importante ataque aéreo aliado sobre Caen causó relativamente pocas bajas alemanas, si bien para el soldado raso de la Hitlerjugend significó escasez de alimentos, municiones y combustible.



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Bajo el liderazgo personal de Panzermeyer, la División Hitlerjugend frenó el implacable avance británico. Panzermeyer trató de impedir a los canadienses la ocupación de la aldea de Buron, al norte de Caen, pero después de luchar contra ellos y llegar a un punto muerto con ayuda de unos pocos carros y la infantería mecanizada, se vio obligado a retirarse. El 9 de julio, los Aliados habían ocupado la mayor parte de Caen, si bien los suburbios del sur seguían en manos de los alemanes.
Después del 9 de julio la División Hitlerjugend era una sombra de lo que había sido. El contingente total de infantería de la división equivalía al de un sólo batallón y de los 150 carros que había tenido al principio no quedaban más que 65. Las bajas totales de la división desde el Día D habían reducido su fuerza originaria en un 60 por ciento, del cual había un 20 por ciento de muertos y un 40 por ciento de heridos. Los refuerzos fueron sólo de unos pocos centenares de hombres, pero aquellos escaladores del 6 de junio se habían convertido en curtidos veteranos.
La naturaleza de la lucha en Caen para la División Hitlerjugend queda de manifiesto en la exaltada prosa de un corresponsal de guerra de las SS, colaborador del periódico SS Leitheft:
“Miles de aviones, las barreras artilleras y los ataques masivos de los carros los martilleaban con sus bombas y proyectiles. La tierra se henchía y retumbaba. Se había desatado el infierno. Pero lo que sostenía su valor era sobre todo la fe. Manchados de sangre, cubiertos de polvo y jadeantes, pero luchando, obstinadamente atrincherados, aquellos muchachos detuvieron el paso de las tropas angloamericanas”.



Pzkpfw V “Panther”
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Más al oeste de Caen se había librado otra sangrienta y agotadora batalla entre los británicos y los alemanes por la ocupación de la posición clave de la Cota 112, conocida por los canadienses como la Colina del Calvario. Tomaron parte en la defensa de la Cota 112 algunos elementos de la Hitlerjugend. El soldado Zimmer, de infantería mecanizada, reseñaba en su diario cómo aquel ataque del 10 de julio los puso frente a frente con los británicos:
“Desde las 06:30 horas hasta las 8 de la mañana hemos soportado un pesado fuego de ametralladora. A continuación, ataques de los ingleses con grandes contingentes de infantería y muchos carros. Hemos luchado cuanto hemos podido, aunque veíamos que nos encontrábamos en posición de desventaja. Cuando los supervivientes intentábamos reagruparnos y desplegarnos, advertimos que estábamos rodeados”.
El 11 de julio la División Hitlerjugend fue retirada de la línea de fuego y enviada a Potigny, zona situada a 30 km al norte de Falaise, a fin de que pudiera tomarse un descanso y reequiparse. Pero el 18 de julio la división volvió a ser reclamada al frente para que contribuyera a impedir que la operación británica denominada «Goodwood» envolviese la posición alemana en Caen. La División Hitlerjugend estaba entonces dividida en dos grupos operativos, el Kampfgruppe Krause y el Kampfgruppe Waldmüller, con unos efectivos combinados de unos 50 vehículos blindados. Durante las tres semanas siguientes, la División Hitlerjugend siguió formando la columna vertebral de la posición alemana al sur de Caen.
Pese a todo y como resultado de los sucesivos ataques aliados, la situación de los alemanes en Normandia comenzaba a venirse abajo. El 25 de julio, el I Ejército norteamericano de Bradley lanzaba la Operación «Cobra» desde la base de Saint Ló contra el flanco izquierdo alemán, ataque que acabaría por arrollar la posición alemana en el oeste de Normandia. El 30 de julio, el II Ejército Británico del teniente general Sir Miles Dempsey atacaba al VII Ejército alemán en la Operación Bluecoat.



Contracarro Pak 75mm
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La División Hitlerjugend se encontraba desplegada al norte de Falaise cuando, el 7 de agosto, el I Ejército canadiense iniciaba la Operación Totalize cuyo objetivo era romper el frente alemán al sur de Caen. Participaron en este ataque un total de 600 carros contra los 50 vehículos blindados de diferentes tipos de las juventudes hitlerianas.
No hay duda que la tenacidad y capacidad combativa de los soldados de la División Hitlerjugend, unidas a la poderosa personalidad y al agresivo liderazgo de Panzermeyer fueron las causas de que los Aliados no consiguieran romper la posición alemana. La ofensiva canadiense estuvo precedida por un masivo ataque aéreo que minó la moral de las dos divisiones de infantería alemana que ayudaban a sostener el frente. Mientras realizaba una inspección por la inmediata retaguardia, Panzermeyer descubrió que: “Ante mí, avanzando por la carretera Caen-Falaise en desordenado tumulto, aparecieron los soldados de la 89. Infanteríedivisión, presa del pánico. Me di cuenta de que era preciso hacer algo para conseguir que volvieran a primera línea y pelearan. Encendí un puro, me planté de pie en medio de la carretera y, a voz en grito, les pregunté si iban a dejarme sólo para que me las arreglara con el enemigo. Al ver a un jefe de división dirigiéndose a ellos en aquellos términos, se detuvieron, vacilaron un momento y volvieron a sus posiciones”.
La obstinación de los soldados de la Hitlerjugend y el poder defensivo de las armas contracarro alemanas de 75 y 88 mm impidieron que los canadienses avanzasen más de 5 km durante las primeras 24 horas. Sin embargo, las bajas habidas en las filas de la Hitlerjugend eran de tal cuantía que no fue posible formar ni siquiera un Kampfgruppe ofensivo. Cuando los Aliados quisieron bombardear la División Hitlerjugend, que ya consideraban desecha, Panzermeyer se había anticipado a la acción y había retirado hombres y vehículos de sus posiciones defensivas en los pueblos antes de que se produjera el ataque. Por espacio de dos días, a partir del 14 de agosto, Panzermeyer retuvo la Cota 159, en el nordeste de Falaise, con sólo 500 hombres, contra las tropas de la 3ª División canadiense.



Granadero capturado por los canadienses
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A raíz de que la posición fuera objeto de continuos ataques y sufriera los bombardeos de la artillería y de la aviación de apoyo cercano, Panzermeyer se vio forzado a retirarse al otro lado del río Ante. Por entonces los efectivos de la División Hitlerjugend habían quedado reducidos a 15 carros y unos pocos centenares de hombres.
El 16 de agosto la 2ª Division Canadiense entraba en Falaise y libraba una batalla casa por casa contra un pequeño destacamento de la Hitlerjugend. De ésta quedaron únicamente 60 hombres, que se hicieron fuertes durante tres días en la école superieure y de los que tan sólo sobrevivieron cuatro, que fueron hechos prisioneros. Con la pérdida de Falaise, el espacio que separaba las fuerzas británicas de las norteamericanas había quedado reducido a 20 km. En aquella zona, que se había convertido en la bolsa Argentan-Falaise, estaban atrapadas unas 19 divisiones alemanas, sujetas al incesante bombardeo de los aviones y la artillería aliados. Los maltrechos restos de la División Hitlerjugend recibieron la orden de ayudar a mantener abierto el lado norte de la bolsa al objeto de que pudieran escapar por él el mayor número posible de unidades alemanas. Consiguieron zafarse menos de la mitad de las fuerzas alemanas atrapadas, pero las que lo lograron podían agradecérselo a los esfuerzos de la División Hitlerjugend, que resistió dos días en el flanco donde estaba apostada. Panzermeyer escapó cruzando el río Dives con 200 hombres la mañana del 20 de agosto después de haber “persuadido” a un campesino francés de que les sirviera de guía. El 22 de agosto, el Grupo de Ejércitos B informaba de que la 12. SS-Panzerdivision "Hitlerjugend" contaba con unos efectivos de 300 hombres, 10 carros y ninguna artillería. La División había sido aniquilada en Normandía.
Muchas de las características militares de la División Hitlerjugend eran comunes a otras unidades de las Waffen SS y del Ejército alemán que actuaron en Normandía en 1944. Divisiones como la Leibstandarte y la Panzer Lehr lucharon con el mismo ímpetu y sufrieron igual número de bajas. La Hitlerjugend, como división acorazada que era, no estaba mejor armada ni equipada que otras equivalentes y, en ciertos aspectos, estaba peor preparada.



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Al igual que muchas otras divisiones alemanas, durante la mayor parte de la campaña de Normandía luchó dividida en grupos de combate (Kampfgruppen), en los cuales los artilleros, escribientes, ingenieros y cocineros eran empleados como infantería mecanizada. La diferencia entre la División Hitlerjugend y otras unidades alemanas estribaba en la aceptación incondicional del propio sacrificio.
Dada la escasez de oficiales y el hecho de que durante la campaña de Normandia la División operase en pequeñas unidades, el liderazgo en los combates era ejercido por los suboficiales, quienes tenían un importante papel en el mantenimiento de un alto grado de cierto fanatismo entre los jóvenes soldados. Puede ser un ejemplo el Unterscharführer (cabo) Emil Durr, del 26. SS-Panzergrenadierregiment, a quien le fue concedida a título póstumo la Cruz de Caballero por sus dotes de mando y su bravura en las proximidades de Caen el 27 de junio de 1944. Pese a encontrarse gravemente herido, Durr atacó un carro lanzallamas canadiense que tenía inmovilizados a algunos de sus hombres. Después de tres intentos, consiguió destruir el carro, perdiendo la vida a cambio.
La tenacidad, la dureza de carácter y la voluntad de sacrificio daban también a veces como resultado una actuación brutal con los prisioneros y la población civil. En toda la campaña de Normandía son frecuentes los ejemplos de prisioneros ejecutados en uno y otro bando, si bien es preciso reconocer que la Hitlerjugend tenía bien ganada la temible fama de matar a sus prisioneros, sobre todo entre los soldados canadienses. Durante el período de 10 días que media entre el 7 y el 16 de junio, la División se hizo responsable de la muerte de 64 prisioneros entre británicos y canadienses. Una vez terminada la guerra, Panzermeyer y otros oficiales de las juventudes hitlerianas fueron juzgados por los británicos y canadienses por crímenes de guerra. Panzermeyer fue declarado culpable y sentenciado a muerte, condena que más tarde le fue conmutada por la de cadena perpetua y ésta por la libertad en 1954.



Soldados de la Hitlerjugend con uniforme de cuero. Este uniforme era mas propio de las tripulaciones de submarinos.
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Dos cosas hay que resaltar en todo estudio de la División Hitlerjugend en Normandía. La primera es el fanatismo absoluto de los muchachos que militaban en sus filas y su voluntad de sacrificar sus vidas, y la segunda la agresividad del liderazgo en los combates a cargo de sus oficiales, de manera especial de Panzermeyer. Un jefe de carro británico recordaba una ocasión en la que había visto abalanzarse sobre los carros aliados a los soldados de la Hitlerjugend: “parecían lobos y nos vimos obligados a matarlos contra nuestra voluntad”. Con todo, esta disposición para el sacrificio de la propia vida y esta capacidad para soportar el rigor de las agotadoras batallas por encima del nivel de resistencia de los soldados alemanes ordinarios convirtió la Hitlerjugend en una fuerza de élite. En palabras de Mas Hastings, en su libro Overlord: “No hubo ninguna formación que causara a los Aliados más dificultades hasta el final de la guerra en Normandia que la 12. SS-Panzerdivision "Hitlerjugend”.



Untersturmführer Herbert Walther
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El Untersturmführer (alférez) Herbert Walther formaba parte de las juventudes hitlerianas a los once años y al cumplir los dieciocho ingresó como voluntario en la Waffen SS. Estuvo con Panzermeyer en Caen, donde obtuvo la Cruz de Hierro de primera clase. Mientras se cerraba el cerco en torno a Falaise, Walther hizo su último
intento para escapar, pero:
«Mi conductor ardía como una tea. Una bala me había atravesado el brazo. Llegué a las vías del ferrocarril y eché a correr. Más abajo, desde un terraplén comenzaron a tirotearme. Una bala me alcanzó en la pierna. Recorrí 100 m y después fue como si me hubieran dado un martillazo en la nuca: me había entrado una bala por debajo de la oreja y había salido por la mejilla. La sangre me ahogaba. Vi a dos
americanos que me miraban y a dos soldados franceses que hablaban de rematarme». Sin embargo, un estadounidense le vendó la pierna y lo evacuó tumbado en el capó de un jeep. Más tarde, de su cuerpo se extrajeron 13 balas.



Herbert Walther, de pie, 4º por la derecha
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Fuente : Cuerpos de elite - Planeta de Agostini

Por xicu41 @ 14:41


Otto Carius
s.Pz.Abt 502

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Otto Carius nació el 27 de mayo de 1.922 en Zweibrucken (Renania-Palatinado). La guerra le cogio recién graduado en la escuela y se presento voluntario al 104th Infanterie-Plazierung Bataillon en mayo de 1.940 y tras su entrenamiento fue asignado al 21.Panzer Regiment. Su primera experiencia en combate fue como cargador de un Panzer 38(t) durante la Operación Barbarossa en junio de 1.941 y después de un año de experiencia en el frente del este, Carius fue aceptado en el Offizier-Bewerberkurs (creo que se traduce como “curso de candidato a oficial” ) y una vez terminado se le asigno al s.Pz.Abt 502 en abril de 1.943, equipado con los nuevos PzKpfw VI Tiger, dándole el mando de la 2. Kompanie. Durante el verano fueron desplegados en el área de Leningrado, participando en varias operaciones en ese área, hasta que el s.Pz.Abt 502 recibió la orden de reforzar a la 11. SS Freiwilligen Panzergrenadier Division "Nordland" en la cabeza de puente de Narva, donde en uno de los combates, Carius pudo destruir cuatro tanques rusos SU-85 sin sufrir ninguna perdida. En noviembre de 1943 otros 10 tanques T-34/76 cayeron bajo el fuego de Carius a distancias de 50 metros. En junio de 1.944 la compañía se traslado a Dunaburg (Letonia), donde se concentraba la ofensiva rusa de ese sector. En julio los soviéticos desbordaron las líneas defensivas alemanas por la carretera al oeste de Minsk y por la de Borissov a Vitebsk, las mismas que habían utilizado los alemanes en 1.941. Usando gran cantidad de blindados, los soviéticos pudieron dividir las fuerzas alemanas y tomar la ciudad portuaria de Riga. Esta ciudad esta situada en la desembocadura del río Dvina y por lo tanto la zona de Dunaburg era de gran importancia estratégica para soviéticos y alemanes. El 22 de julio de 1.944 Otto Carius con 8 PzKpfw VI Tiger avanzo hacia la aldea de Malinava, un suburbio al norte de Dunaburg, con la orden de detener el avance ruso. Carius y el Leutnant Albert Kerscher (uno de los mas condecorados comandantes del s.Pz.Abt 502) entran en la aldea para comprobar si esta ya ocupada por los rusos.


PzKpfw VI Tiger con camuflage de invierno
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Efectivamente los rusos ya la habían ocupado y Carius observo que eran tropas de avanzada esperando a la fuerza principal. Decidió atacar para recuperar la aldea antes de la llegada de los refuerzos rusos y retorno junto a su compañía para preparar el plan de ataque. Atacarían con dos de los Tiger (los de Carius y Kerscher), quedando los otros seis en reserva, ya que solo había un camino de entrada a la aldea y exponer a todos sus carros por el mismo camino podía ser peligroso. La velocidad de la acción era primordial para sorprender a los rusos sin darles tiempo a reaccionar e inmovilizar sus blindados. Cuando Carius con su Tigre nº217 estaba entrando en la aldea se encontró con dos T-34/85 girando sus torretas. Kerscher, con el Tigre nº213, que iba unos 150 metros detrás de Carius hizo fuego contra los dos blindados rusos. También fue esta la primera vez que Carius se encontraba con los nuevos modelos del IS-1 (posiblemente el IS-2) rusos. Su silueta es muy parecida al Panzerkampfwagen VI Ausf. B Königstiger y esto le hizo dudar un segundo pero disparo y el IS-2 estallo en llamas. Carius recuerda que la batalla no duro más de 20 minutos, en la que los Tiger de Carius y Kerscher dejaron fuera de combate a 17 tanques soviéticos, incluidos los nuevos IS-2. Aunque la sorpresa fue un factor importante en el resultado de la batalla, el reconocimiento rápido y exacto de la situación y la acertada táctica de Carius hacen de esta acción un logro comparable al de Wittmann en Villers-Bocage. En agosto de 1.944 es trasladado a Padeborn, al recién creado s.Panzerjager Abteilung 512 recibiendo el mando de la II. Kompanie. El sPzJagAbt 512 se equipo con el poderoso Jagdtiger, armado con un cañón Pak 44 L/55 de 128 mm. El 8 de marzo de 1.945 estaba en la frontera, cerca de Siegburg participando en la defensa a lo largo del Rhin, rindiéndose al fin a las tropas norteamericanas el 15 de abril de 1.945. Después de la guerra trabajo como farmacéutico llamando a su establecimiento Tiger Apotheke. Tiene publicado un libro titulado “Tigers in the mud” (Tigres en el barro) con sus experiencias en el combate con blindados.


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Jagdtiger


Junto con Knispel y Wittmann forman el trío de ases de los panzer. Knispel fue quien mas victorias obtuvo, Wittmann es quizá el mas famoso pero los historiadores suelen coincidir en que Carius era el mejor comandante y que de no ser por el tiempo que tardo en poner a punto el poderoso pero problemático Jagdtiger también seria el que mas victorias tendría. Así y todo Carius es el 2º del ranking con 150 tanques destruidos y, creo recordar, unos 160 cañones antitanque y otros vehículos.

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Condecoraciones

Cruz de hierro de 1ª y 2ª Clase
Cruz de Caballero con Hojas de Roble
Distintivo de herido (Categoría oro)
Distintivo de Asalto Panzer de Plata ( 100 victorias )


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Lunes, 02 de abril de 2007

Por xicu41 @ 14:33


Omaha Beach
8 Horas de infierno

Esta dividido en 5 partes de unos 10 minutos cada una.


I


II


III


IV


V

Por xicu41 @ 1:15


U-99 Atlántico Norte


Kapitänleutnant Otto Kretschmer


A las 08:06 horas del 8 de julio de 1940, el Kapitänleutenant Otto Kretschmer en aquella su primera patrulla merodeando por el Atlántico Norte, escribió en su diario:
«Ruidos de motor acercándose por estribor. Ordené ajustar la profundidad a 30 metros. Creo que mi tripulación va a recibir esta vez su bautismo con cargas de profundidad. Los escoltas se aproximan a la posición de ataque».
Minutos después, el submarino se vio sacudido con violencia por la explosión de las primeras cargas de profundidad. Fue el comienzo de una terrible prueba que duraría 20 horas. Completamente merced de sus atacantes, Kretschmer y su tripulación, pálidos y sin afeitar, débilmente iluminados por la luz eléctrica, sólo podían sentarse y esperar sudorosos y apretujados dentro de la estrecha nave. El radioperador jefe Jupp Kassel escuchaba con atención en el equipo de hidrófonos del submarino a las excitadas tripulaciones de los barcos de arriba. Cada vez que se daba su grito de «atacantes arriba, señor», sus hombres se abrazaban esperando lo peor. Y cada una de las veces, las cargas caían lejos del objetivo,
Tras lanzarse durante dos horas las cargas de profundidad, empezó a fallar la reserva de oxígeno del submarino. La tripulación se puso sus mascarillas —sujetas a purificadores de aire— y se quedó sentada en las literas para conservar el aire restante. Gradualmente se agotaban las baterías, que sólo podían recargarse en superficie. A medida que perdía corriente el submarino se hundía a más profundidad, incapaz de avanzar con la suficiente cantidad de movimiento para mantener el nivel. Si se hundiera el barco por debajo de una profundidad crítica, la presión del océano partiría las chapas del casco, condenando a la tripulación a una muerte segura.



Tripulacion del U-99 en Kiel



Como sabía que salir a la superficie a la vista de los escoltas británicos equivalía a rendirse, Kertschmer se atenía a su juego de espera descorazonadora, hasta el límite de resistencia de su tripulación. Hasta las 03:30 horas del 9 de julio, no se sintió seguro por fin en la superficie. La tripulación trepó por la torreta para salir del maloliente interior del submarino y respirar bocanadas de fresca brisa marina. Kretschmer escribió: «nos sentíamos como un pollo el día antes de Navidad». Esta experiencia de ser objeto pasivo de un ataque, el cazador cazado, no sería fácil de olvidar para el capitán.
Dos días después, el U-99 recibió la orden de poner fin a su primera patrulla que, aparte del incidente antes relatado, había sido un gran éxito: un total de siete barcos mercantes hundidos en una semana. Sin embargo, el U-99 no iba a volver a su base original en Kiel, en la costa Báltica. El almirante Karl Dónitz, cerebro alemán de la guerra submarina, había elegido un nuevo cuartel general para atacar
los convoyes en el Atlántico: Lorient, en la Francia ocupada por los alemanes.
Dónitz estaba convencido de que operando desde Lorient, sus submarinos U podrían hundir suficientes barcos como para poner de rodillas a los británicos. Su flota andaba escasa de submarinos, pero contaba con las extraordinarias cualidades de combate de sus oficiales y sus hombres para superar las deficiencias materiales. Los más sobresalientes de entre los ases de submarino: el bravucón Joachim Schepke, comandante del U-lOO; Günter Prien, un nazi convencido, ya famoso por el hundimiento del Royal Oack en Scapa Flow a principios de la guerra, y Kretschmer el más brillante e innovador capitán de submarinos.
El 24 de julio, el U-99 salió de Lorient en su segundo viaje atlántico. Curiosamente la tripulación llevaba uniformes ingleses, capturados durante la invasión de Francia por los alemanes en 1940. No había disponibles uniformes alemanes convenientes para reemplazar sus uniformes, irrecuperables tras la primera patrulla.






A las 11:00 horas del 31 de julio, Kassel detectó el sonido de motores de un convoy por los hidrófonos. Comenzó entonces un mortal juego al escondite entre el cazador solitario y el grupo de mercantes con sus escoltas vigilantes. A las 14:00 horas el U-99 se encontró en medio de la ruta del convoy, viéndose obligado a sumergirse a unos 100 metros de profundidad mientras sobre ellos pasaban los mercantes. Cuando Kretschmer hizo volver al submarino a la profundidad de periscopio, no pudo evitar escoger un lento carguero, el Jersey City, y el U-99 se vio a su vez sometido a un ataque con cargas de profundidad de una hora y media. Tras sobrevivir a este asalto, el U-99 volvió a la superficie a toda velocidad para capturar a su presa, y de nuevo se vio obligado a sumergirse apresurándose para evitar el bombardeo de un hidroavión Sunderland. Hacia las 21,00 horas cuando al fin pudo salir a superficie Kretschmer, se había perdido todo contacto con el convoy.
Pero la tripulación del U-99 tenía una capacidad magistral para rastrear a los mercantes en el Atlántico. Durante toda la noche hizo avanzar Kretschmer el submarino, en superficie y a toda velocidad, en la dirección estimada del convoy. Justo al amanecer, se sumergió momentáneamente para permitirle a Kassel que examinara con los hidrófonos las señales enemigas; y luego, de nuevo en superficie, continuó su persecución. Pronto sus vigías, con fama de ser los mejores de la flota de submarinos U, atisbaron los penachos de humo.
Les llevó el resto del día maniobrar para ponerse por delante del convoy. Cuando cayó la noche, la nave estaba en perfecta posición de ataque, pero Kretschmer esperó aún. A medianoche, se retiró la escolta para proteger otro convoy, quizás más vulnerable.
Había llegado para Kretschmer el momento ideal de experimentar nuevas tácticas de ataque. Para asombro de su tripulación ordenó navegar directamente al centro del convoy y en superficie. El U-99 avanzó casi rozando las proas de 20 mercantes en la oscuridad, con altas probabilidades de colisionar. Kretschmer estaba decidido a acercarse a los blancos para obtener el máximo de impactos.






Cuando el primer torpedo hundió la popa de un buque tanque, los otros mercantes maniobraron furiosamente para evitar el ataque. Fue en vano, en 30 minutos, se hundieron en llamas otros dos tanques, otros dos habían colisionado en la confusión general. El avance de un destructor británico a toda velocidad forzó la retirada del U-99 pero Kretschemer consideró un éxito su experimento.
Cuando el U-99 volvió a Lorient el 8 de agosto, los hombres fueron recibidos como héroes. Habían hundido, en una sola misión, más tonelaje de barcos que ningún otro submarino. Todavía con uniformes británicos, formaron ante el nuevo comandante en jefe de la Marina alemana, almirante Raeder, que felicitó a la tripulación y condecoró a Kretschmer con la Cruz de Caballero.
La senda victoriosa del U-99 continuó en Septiembre y la tripulación salió a su cuarta patrulla plenamente confiada el 14 de octubre. Hacia el 18, nueve submarinos atacaban con sigilo el convoy SC7, intercambiando señales y manteniéndose en estrecho contacto, aunque perdiéndolo a veces. Entre los submarinos estaba el U-lOO con Schepke al mando. El convoy estaba bien defendido, con una escolta notable de destructores, así que a la “manada de lobos” le llevó su tiempo. Finalmente, al atardecer del 19 de octubre, comenzó el asalto. Fue una de las clásicas incursiones de superficie de Kretschmer.
Mientras otros submarinos lanzaban sus torpedos desde fuera del convoy, el U-99 se deslizó hacia la escolta británica. Se veía con claridad contra la luna la silueta de dos destructores británicos, uno a la cabeza del convoy y otro a estribor. Kretschmer se dirigió con rapidez hacia el espacio que los separaba, rezando para que ningún vigía avistase su baja cubierta, En cuestión de minutos, el U-99 se metió en el grueso del convoy. Kretschmer dirigió las operaciones desde la torre de mando, mientras veían barcos saliendo de la oscuridad, a su alrededor. Primero, el teniente Bargsten introdujo los datos de objetivo en el dispositivo automático de puntería. Entonces, mientras el U-99 se lanzaba al ataque a toda velocidad, comenzaron a hundirse los barcos. El carguero Sedgepool, alcanzado en proa por un torpedo, se hundió en vertical como una gigantesca ballena. Otro barco, partido en dos, se hundió casi inmediatamente.



HMS Walker



Un tercer barco explotó de forma espectacular, convirtiéndose en una bola de fuego y humo. Muchas veces parecía fallar el mecanismo automático, fallando blancos muy próximos. Entonces Kretschmer ordenaba un disparo con apunte manual y casi adivinando el objetivo. Sin embargo, la tasa de aciertos era de casi el 100%. En un momento dado, Kretschmer ordenó a gritos al timonel un giro brusco y, a la vez, el disparo de uno de los torpedos de popa. A unos 200 metros por detrás del submarino, explotó en el centro de un carguero que comenzó a hundirse.
Los barcos escolta británicos concentraron su atención en los submarinos que atacaban desde el exterior, La tripulación del U-99 podía ver las bengalas luminosas y escuchar las explosiones de las cargas de profundidad a medida que los destructores salían a defender el convoy. Nada hacía esperar a la Royal Navy un atacante desde el interior de su pantalla protectora. Kretschmer sabía que, sin embargo, el enemigo acabaría dándose cuenta de los que pasaba y hacia la 01:30 horas del 20 de octubre redujo la velocidad, dejando que el convoy pasara por encima de él y desapareciera: una forma sencilla y elegante de abandonar la acción. Un pequeño carguero rezagado fue víctima del último torpedo del U-99 y el submarino fijó rumbo al puerto. De los 17 barcos británicos hundidos esa noche, el U-99 podía adjudicarse al menos nueve.
Por aquel entonces Kretschmer ya era famoso. En noviembre, después de otra patrulla en que el U-99 hundió dos cruceros mercantes armados, voló a Berlín para recibir la condecoración del propio Hitler. De vuelta en Lorient, Prien, Schepke y Kretschmer celebraron su victoria en un restaurante haciendo frívolas apuestas sobre quién llegaría primero a hundir 260.000 toneladas de barcos.
Pero al caer el invierno en el Atlántico Norte, se ensombreció su optimismo. Patrullando de nuevo el 27 de noviembre, el U-99 tuvo que luchar con un tiempo infernal. Durante muchos días, los oficiales y vigías en la torre de mando tenían que encadenarse al barco para evitar que los arrastrasen las olas. Casi era más importante sobrevivir al océano que buscar al enemigo. Sin embargo, a pesar de las condiciones climatológicas el U-99 consiguió hundir casi 35.000 toneladas de barcos durante esta patrulla, no sin bordear la catástrofe.



Placa de los Unterseeboot, concedida tras dos patrullas o un ataque con exito


El 8 de diciembre se vio sorprendido por los barcos escoltas ingleses, obligándole a sumergirse apresuradamente. El mal tiempo había inutilizado el periscopio principal de Kretschmer, así que, bajo el agua estaba ciego. Al no oír nada por los hidrófonos, corrió el riesgo y salió a la superficie, para encontrarse con dos barcos británicos esperándole a menos de 1,5 km con los motores parados. El U-99 se sumergió de nuevo, pero ya le habían detectado y le atacaron con cargas de profundidad, saliendo vivo gracias a su buena suerte.
Dónitz era muy consciente de las increíbles tensiones impuestas a las tripulaciones y comandantes de submarino en sus constantes patrullas atlánticas. Cuando regresó a Lorient el U-99, el almirante intentó persuadir a Kretschmer para que aceptase un nombramiento en la costa. Kretschmer rehusó aceptando sin embargo para él y sus hombres descanso de sus fatigas bélicas. Fue un descanso bien recibido y cuando la tripulación se volvió a reunir a finales de enero de 1941, eran visibles los positivos efectos de las vacaciones. Schepke y Prien estaban allí para recibir a Kretschmer y para pagarle: había ganado la apuesta de las 250.000 tm. Como había muchos puros y brandy, al volver de nuevo a la acción era muy alta la moral de la tripulación del U-99 y de su comandante. El 22 de febrero salió de Lorient el U-99 saludado por los sones de una banda militar, que tocaba la «Marcha Kretschmer>, compuesta especialmente para el caso.
Iba a ser su último viaje. Desde el momento de la partida, períodos de niebla y galernas dificultaron la tarea de los marinos del U-99. Además, las fuerzas antisubmarinas británicas crecían cada vez más, y estaban alerta. El 7 de marzo, el U-99 sobrevivió de nuevo por muy poco a un ataque con cargas de profundidad; el U-47 de Prien no tuvo tan buena suerte, lo hundieron los escoltas del mismo convoy. Al pasar los días sin contacto por radio con Prien, Kretschmer comprendió el trágico destino de su compañero.
Hacia el 15 de marzo, el U-99 se acercaba al final de un patrullaje relativamente infructuoso, cuando recibió un mensaje informándole de un convoy avistado al sur de Islandia. A la mañana siguiente estaban Kretschmer y Schepke en la flotilla de submarinos que merodeaba en torno al convoy, estorbados por los ataques de los Sunderland y los destructores de la escolta.



Capitan D. MacIntyre (HMS Walker)



Debido a un mal trabajo de un vigía, cosa inusual, el U-99 perdió el contacto con el convoy por la tarde, pero poco después de anochecer, volvió sobre la pista de su presa y atacó inmediatamente.
Kretschmer torpedeó un barco tanque, que inmediatamente explotó y ardió en una llamarada. Temeroso de que pudieran descubrirle a la luz de las llamas, Kretschmer se sumergió momentáneamente en la oscuridad tras el convoy, pero comenzó en ese momento un devastador recorrido en su avance a través de la formación, hundiendo otros dos buques tanque y dos cargueros. Al U-99 sólo le
quedaba un torpedo. Kretschmer eligió un buque en la cola del convoy y lo partió en dos, con un impacto de torpedo en el centro. Al U-99 sólo le quedaba darse media vuelta, abandonando el barco naufragando y en llamas, y volverse a Lorient.
Sin saberlo, al alejarse del convoy se estaba acercando al U-lOO de Shepke, que estaba en dificultades. Schepke subió a la superficie para inspeccionar los daños del ataque con cargas de profundidad que le había hecho el HMS Walker. A pesar de la luna llena, no esperaba que le descubriese. Pero por una vez, el primitivo radar de los escoltas británicos, por lo normal inútil a la hora de detectar un submarino, descubrió un blanco. Guiado por su operador de radar, el destructor HMS Vanoc se lanzó sobre el U-lOO a toda velocidad. El submarino no tenía tiempo para evitar el ataque, y recibió el golpe de la proa del destructor directamente sobre la torre de mando. El impacto alcanzó a Schepke, arrancándote las piernas. El U-lOO se hundió, mientras el HMS Walker se acercaba para unirse al HMS Vanoc.
En ese momento y desconociendo la dramática situación, el teniente segundo Petersen, vio los dos destructores apenas a 700 metros y ordenó de inmediato sumergirse apresuradamente.
El HMS Walker reveló la presencia del submarino, y el destructor se lanzó al ataque con cargas de profundidad.
Las primeras explosiones sacudieron violentamente al U-99. El segundo ataque fue todavía más preciso. Entró agua y aceite en el barco al romperse tanques y tuberías. Las arrolladoras ondas de agua rompieron instrumentos, informando el ingeniero de que se habían parado los motores.


Prisioneros del U-99 a su llegada a Liverpool



Sin energía, Kretschmer se enfrentaba a una dura elección, llenar de aire los tanques de flotación y salir a la superficie o hundirse hasta el fondo del océano. Eligió la superficie y la rendición inevitable.
Afortunadamente para la tripulación el U-99 emergió bastante lejos del HMS Walker, estando los hombres a cubierto del fuego el tiempo suficiente para emitir la señal de rendición. Kretschmer fue subido al destructor con toda su tripulación salvo 3 de sus hombres.
Tres días después el HMS Walker ancló en Liverpool. La tripulación del U-99 se vio obligada a marchar por las calles de la ciudad, increpada por una multitud que los consideraba asesinos. A Kretschmer le retiraron para interrogarle. Ninguno de ellos pudo participar de nuevo en la guerra, Kretschmer y sus hombres con su dedicación y sus técnicas de combate, habían hecho estragos en los convoyes que cubrían la ruta entre América y Gran Bretaña.



MacIntyre devuelve a Kretschmer sus prismaticos en una reunion en Londres en 1.955




OTTO KRETSCHMER
En 1936, a la edad de 24 años, Otto Kretschmer se presentó voluntario al entrenamiento de dotaciones de submarinos U. Frío, confiado y dedicado por entero a su carrera, Kretschmer ascendió rápidamente a comandante de submarino (el U-23), una nave de 250 toneladas dedicada a ataques costeros. Desde los inicios de la II Guerra Mundial, se vio envuelto en operaciones en el Mar del Norte, y en torno a las islas Shetlands y Orkneyss, consiguiendo algunos triunfos notables, en particular al hundir en febrero de 1940, el destructor britamco Daring. En abril de 1940 asumió el mando de un nuevo submarino destinado al Atlántico, el U-99. Sus éxitos
en el Atlántico, en los años siguientes, le hicieron famoso. A Krestchmer no le gustaba el estilo algo indisciplinado y comportamiento relajado que adoptaron algunos comandantes de
submarinos U, manteniendo a sus hombres vestidos estrictamente de uniforme, y con un comportamiento disciplinado, siempre que
fuera posible. Su única autoconcesión era su pasión por los puros:
fumaba como un poseso en la torre de mando durante las operaciones en superficie. En esa época su carrera llegó al fin, al ser
capturado en marzo de 1941, y se le reconoce el hundimiento de unas 350.000 toneladas en naves británicas, lo que posiblemente le convierte en el mayor as alemán de la guerra.

Por xicu41 @ 0:23


Soldatenfriedhof Huisnes-sur-mer

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El mausoleo de Huisnes-sur-mer se levanta sobre una colina de unos 30 metros cerca de Mont Saint Michel. Este osario contiene los restos de 11.956 soldados alemanes, trasladados aqu? despu?s de ser exhumados en 1.961, y consiste en una construccion circular con 68 criptas, cada una de las cuales alberga los restos de 180 cuerpos.






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